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jueves, 24 de noviembre de 2022

PEQUEÑAS HISTORIAS

Cuenta la leyenda, que no se conocían. Eran personas con gustos afines, les gustaba el arte y las cosas bien realizadas. Ellos eran un matrimonio joven, al principio de sus vidas. Recién casados y mucha lucha por delante. Don Edgar y Doña Ana. La persona a la que le gustaba ver sus trabajos, duplicaba la edad de ellos, era madre, esposa y abuela. Los veía por las redes sociales y siempre aplaudía sus trabajos. Eran luchadores y emprendedores. Don Edgar era un artista de los pies a la cabeza. Le daba igual trabajar el papel, que la madera que el metal. De ahí salían piezas únicas e irrepetibles. Cuándo tocaba empapelar, la mujer mayor, sacaba una gran sonrisa. Sabía que el trabajo sería espectacular!

Un día la pareja joven, se compró un yate, que hacía las delicias de la mujer mayor, ya que paseo que daban en yate...ella se sentaba a verlo en el ordenador. Era maravilloso ver ese mar tan perfecto y hermoso, gente joven que había llegado al comienzo de sus vidas a poder poseer un yate con su esfuerzo. Eran ratos fabulosos. Un día, la mujer le dijo "Edgar, el día que te jubiles...te vas a hacer tú tu propio yate, ya lo verás. Y serás la envidia de todo el mundo y te saldrá más trabajo del que jamás podrías imaginar, y ya estarás jubilado y no tendrás tiempo para disfrutar del tuyo. Pero....no te olvides de que esto es un presagio...será algo que va a pasar...y yo no estaré para verlo. Pero cuéntame todo en una carta y tírala en una botella. Llegará a su destino y yo sabré que la vida te fue bonito".

Y pasaron los años y Don Edgar seguía trabajando duro, y su mujer su gran apoyo. Hacían la pareja perfecta. Irradiaban alegría por todas partes. Era una unión indivisible. Y la mujer ya más mayor...los seguía mirando y aplaudiendo sus logros. Hasta que un día...dejó de poner comentarios y de ver sus videos. Ellos intuyeron que algo malo había pasado. Y así era. Nunca llegaron a conocerse, nada más que cuatro palabras hermosas dándoles animos, pero sabían que ya había pasado lo peor. La cuenta de la mujer se cerró pero ellos no olvidarían la promesa.

Los años fueron pasando y tuvieron dos hijos, y después cuatro nietos. Don Edgar se jubiló, y por supuesto quiso construir su pequeño yate con sus manos. Todas las mañanas acudía puntualmente a realizar su más hermoso trabajo. Y la gente entraba y le preguntaba porque no hacía yates para ellos. Y don Edgar...recordó aquella historia de hacía mil años, cuando el solo tenía 20 y tantos y ahora ya era un hombre jubilado. Y recordó a la señora que estaba detrás de la pantalla siempre admirando sus obras de arte. Y cumplió su promesa. Acabó su yate y preparó con vidrio la botella más bonita jamás preparada. Y le contó que se había jubilado, y que había realizado su trabajo más impresionante y magistral. Su yate. Y como ella le había dicho...le llovería trabajo. Y como había prometido, cogió si yate y salió a navegar. Mar adentró tiró la botella. Ella le había dicho que la botella llegaría a su destino.

Y así fue...la historia está escrita. Un buen día, la hija de la señora estaba por la playa con sus perros. Era un día de mucha lluvia y viento pero ella bajaba siempre a la playa para estar con su madre. A lo lejos vio brillar algo y se acercó. ¡¡Nunca había visto nada tan bonito!! Era una botella con un mensaje dentro!!!!!No se lo podía creer. Apuró el paso y se acercó a casa de su vecino. Estaba en su taller haciendo una lámpara de metal para uno de sus nietos. La señora le enseñó la botella y le dijo "Nos sentamos a leer lo que pone?". El señor Edgar palideció. No podía ser que la botella volviera a sus manos. La abrieron....él en silencio...ella leía... y a la par decía que esa historia le sonaba...le sonaba que su madre seguía en las redes a un matrimonio en aquel momento muy joven...El pálido, le contó la historia, ella...más pálida le dijo "Yo soy su hija".Mi madre se llamaba Laura y admiraba su trabajo Don Edgar. Hemos sido vecinos casi toda la vida, sin saber nada de nuestras vidas anteriores. Ahora tenemos la misma edad que tenía mi madre cuándo se fue, pero estoy segura de que ahora, la amistad será aún más fuerte

 

Si amas lo que haces, nunca será un trabajo.

 

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