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domingo, 14 de febrero de 2021

ERAS TÚ

Era un día muy movido y ajetreado, las tareas se me acumulaban y parecía que no me llegarían las horas del día para hacer todo lo que tenía pendiente para ese día. Tenía varias casas a las que acudir para realizar la limpieza y a media mañana tendría que ir al banco a hacer el ingreso de lo que cobraría. Teníamos una vida muy achuchada económicamente. Éramos cinco bocas a comer en casa y aunque Paco trabajaba en un taller mecánico y yo de casa en casa corriendo siempre, no nos daba el sueldo para tantos. Colegios, libros, ropa y comida. Cinco bocas para comer tres veces al día...hay que trabajar mucho para lograr que las cosas en casa funcionen para que todo vaya bien.

 

A mitad de la mañana salí de la casa donde acababa de realizar las tareas domésticas. Dejé la casa como me gusta dejarla. Impoluta. Realizo mi trabajo de forma impecable, creo que por eso nunca me faltan casas. Una persona llama a otra y la otra a la otra....y se corre la bola...Y yo voy teniendo trabajo que es lo importante. Llegué al banco sudorosa pues tenía 10 minutos para entrar en la siguiente casa. Conté el dinero antes de entrar en el banco. No era demasiado pero este mes era muy apretado económicamente.

 

Entré ya con el dinero en la mano y me apresuré a acercarme a donde estaba la señorita que siempre me atiende, sin percatarme de lo que allí estaba ocurriendo. Cuándo le di el dinero fue cuándo me fije en su cara de terror y miré a mí alrededor. Había 3 hombres con unas pistolas y una especie de verdugos en la cabeza. Seguí mirando y la gente estaba tirada en el suelo, obedeciendo lo que les decían. Metí disimuladamente el dinero en el bolsillo del abrigo y me tiré al suelo. Uno de ellos empezó a gritar que abrieran la caja y que dejáramos todo lo que llevábamos en los bolsillos y bolsos encima de la mesa. La gente fue obedeciendo y fue dejando sus cosas. Yo me levanté y me acerqué. Uno de los hombres...me daba escalofríos. Su mirada me era conocida. Estaba como paralizado mirándome. ¡Dios mío no! Nos miramos y yo grité tu nombre, "Paco que haces". Mi gritó retumbó en toda la oficina bancaria. Uno de los hombres se giró y sin pensarlo dos veces, me disparó.

 

¡¡Ella no tenía que estar allí!!¿Qué está haciendo aquí? Me va a reconocer...me está mirando fijamente. De pronto comenzó a gritar y a llamarme por mi nombre. Sabía perfectamente que el Fani, no iba a dejarla con vida una vez que me conociera. Me giré automáticamente hacía él, pero él fue mas rápido. Le disparó, la vi caer y chocar su cabeza contra el suelo, mientras ellos gritaban. Apunté mi revolver hacía donde estaba el Fani y le disparé. Corrí hacia donde estaba mi mujer, quería pedirle perdón, explicarle...no quería verla trabajar tanto, quería que fuera feliz, que no le faltara de nada. Pero ella permanecía con los ojos muy abiertos mirándome.. De pronto se oyó otro disparo y caí al lado de ella.


  • El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos. (Francisco de Quevedo)

1 comentario:

  1. Hola Midala!! Un relato muy intenso y triste a la vez. Pobre señora, tan saturada con el trabajo, con el dinero, y pensando continuamente en su familia, para al final acabar asesinada en un atraco en el cual participaba su marido. Al final resulta que es verdad eso que dicen de que el dinero no da la felicidad, y tanto que no la da, un marido intentando que su mujer fuera feliz y se despreocupase con el dinero...y acaban sin vida los dos.
    Me ha gustado mucho. Es un relato que da mucho que pensar, y sobretodo, te enseña a valorar lo realmente importante.
    Un abrazo enorme y cuidate amiga!!

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