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domingo, 13 de abril de 2014

CELOS QUE MATAN




"Adoraba a este hombre. Lo tenía todo, bueno, cariñoso, trabajador, detallista. A veces pensaba que era el hombre de mi vida y el padre de mis futuros hijos. Tenía edad de sentar ya la cabeza, a mis 34 años ya va siendo hora de que comience a pensar en formar una familia, y él...podía ser el hombre que tanto deseé. Después de montones de relaciones fallidas quizás por fin había encontrado a la pareja ideal.

Nos conocimos una noche de juerga. Coincidimos tomando unas copas y comenzamos a hablar y hablar...parecía que nos conocíamos de toda la vida, había filin, algo que se notaba en el ambiente. Esa noche fue una noche especial. Quedamos de vernos al día siguiente y llevamos ya 7 meses juntos. Se llamaba Adrian, estudió Marketing y tenía un buen trabajo. Le gustaba hacer deporte y le gustaban los animales, el cine y leer, pasear y el mar...la informática y el futbol...coincidíamos en todo o...se hacía por coincidir....

A los ocho meses hablamos de irnos a vivir juntos y así lo hicimos. Yo cada día estaba más enamorada de él e intentaba por todos los medios hacerlo feliz. El tenía una perra, Bimba, era una carlina muy maja. Aunque yo ya comenzaba a sacarle peros a la dichosa perra. Roncaba demasiado y Adri estaba todo el día pendiente de ella. Llegaba a casa y nada más entrar, Bimba estaba en la puerta saludándolo y dándole lametazos. Adri sentía adoración por ella. Comenzaba a ser un problema y tendría que solucionarlo. Una noche en la que él dormía, le metí un poco de detergente en una loncha de pavo. Al día siguiente la perra no fue a recibirlo ya que estaba tirada en su cama y parecía no encontrarse bien. Fue peor el remedio que la enfermedad, ya que Adrian se pasó todo el día pegado a ella dándole mimos y atenciones. Esa no había sido la solución. Tendría que comenzar a buscar soluciones para remediar el problema. Y la solución fue rápida y fácil. Le puse veneno en la comida y llamé a Adrian angustiada al trabajo diciéndole que había sacado a Bimba a pasear y que debía de haber comido algo porque estaba muy mal. Adrian vino corriendo y esa misma noche Bimba se murió. ¡Qué pena por Dios! Fueron unos días tremendos en los que Adrian se apoyó mucho en mí y necesito de mis mimos y mis caricias. Problema solucionado. Disfruté mucho complaciéndolo y dándole ánimos. Pronto tendríamos nosotros nuestros propios hijos y se le pasaría el berrinche de la dichosa Bimba.

Pero mi tranquilidad duró bien poco. Entró a trabajar en su empresa una nueva compañera, Tamara. Y él hablaba mucho de ella. Era una chica separada y con un hijo. Lo llamaba constantemente a casa para temas relacionados con el trabajo. Yo me encargaba de escuchar siempre la conversación. Su voz era melosa y parecía que quería conquistarlo. Tendría que buscar la solución. ¡Que vida más complicada la mía! Comencé  mi trabajo de investigación Adrian-Tamara. Todos los días miraba su correo y si la dichosa Tamara le había escrito un correo, lo borraba. A veces ella lo llamaba y le decía que le había mandado tal correo o tal otro mandándole los datos de tal cosa...y él se enfadaba porque decía que no había ningún correo en su bandeja de entrada. Le revisé también su teléfono móvil, y vi que la tenía añadida al Wassap. Las conversaciones eran escuetas pero yo creía intuir algo en ellas. Miré su facebook y en él también estaba ella. Comenzaba a ser una pesadilla de mujer y un grave problema. Una noche en la que estaba revisando su ordenador, descubrí carpetas ocultas, en las que guardaba películas porno. ¡Vaya cerdo! No se conformaba con mirarme a mí solo. Unos celos tremendos comenzaron a corroerme las entrañas. Y lo remató la conversación que le encontré en el facebook con la Tamara esa de las narices. Hablaban de que el fin de semana seguramente haría buen tiempo y serían unos días geniales para hacer deporte. Los muy idiotas seguro que habían quedado en la oficina para ir a hacer footing juntos....

Esto ya no tenía solución. Siempre había tenido muy mala suerte con los hombres. Eran todos iguales, unos cabezas locas, que se les pone una falda delante y se enamoran de ella enseguida. Y parecía que Adrian era igual que los demás. Nunca iba a encontrar al hombre de mi vida...todos eran cortados por el mismo patrón...pero me las iba a pagar, eso sí que lo tenía bien claro.

Era sábado por la mañana y cuándo él se levantó yo ya estaba limpiando los cristales. El me dijo que estaba loca que los dejara, que hacía un día buenísimo y que nos iríamos de paseo. Pero yo insistí en que quería terminar y él se brindó a ayudarme. ¡Dios mío que difícil es a veces limpiar los cristales...sobre todo la parte de arriba! Adri se sentó en el alfeizar de la ventana y estiró su brazo para poder llegarle, y a la par...yo estiré el mío para empujarle. Adiós Adriiiiiiiii, buen viaje amor. La vida a veces es muy complicada. Y todo por limpiar unos cristales...vaya por Dios, que desgracias ocurren. Pero este....este por lo menos no volvería a reírse de mí. Merecía un escarmiento y yo se lo había dado. Que mala suerte tengo Jesús. No doy con el hombre perfecto. Todos me son infieles y a todos los tengo que terminar castigando."

El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.
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Jacinto Benavente (1866-1954) Dramaturgo español.

domingo, 6 de abril de 2014

MADRE NO HAY MÁS QUE UNA

Dios mío....cuanta paciencia y amor te había entregado...y a cambio solo recibía tu  indiferencia. Esa indiferencia que siempre  te había acompañado,  tus ojos fríos que nunca se fijaban en mí, tus manos que nunca me acariciaban. Yo era para ti un fantasma, alguien invisible  que pululaba alrededor tuya pero que tú no veías. Desesperadamente quería llamar tu atención...quería que supieras que era tu hijo, quería que me vieras, recibir u n beso o una caricia. Pero tú solo veías tus botellas de vino o de vodka. Tus días transcurrían en un estado de inconsciencia. Tu cara era como un cuadro a medio pintar, le faltaba la expresión, y le sobraban las babas que siempre te caían por la comisura de los labios, te sobraban ese olor fuerte a orines que impregnaba cada rincón de la casa. Mama...no eras capaz de levantarte al baño a hacer tus necesidades. Era yo quien las tenía que limpiar y era yo quien te tenía que limpiar a ti. Ese rostro marchito y arrugado con, el pelo enmarañado con olor a alcohol y a vómitos  lograban que tú olor fuera nauseabundo... Tus manos arrugadas temblaban contantemente, y tus uñas estaban ennegrecidas de porquería. Pero todo eso no era lo peor, lo peor fue siempre tú indiferencia hacia mí, tu indiferencia sin preguntarte nunca si sufría o si comía, si tenía frio o si era infeliz. Nunca te preocupaste de nada, tan solo de beber a todas horas.

La vida fue transcurriendo y yo encontré trabajo de botones en un banco. Poco tiempo después me fui a vivir solo y te dejé. Nunca volvería a saber de ti. Jamás viniste por el banco, jamás quisiste saber de mí. Era tú único hijo, quién te había cuidado desde que tenía uso de razón. Las cosas que tiene la vida, en vez de cuidarme tú a mí, te cuidaba yo a ti.

Y hoy, después de 40 años, de nuevo apareces en mi vida. Yo me casé y no viniste a mi boda. Tengo dos hijos a los cuales ni conoces. Y hoy...apareces de nuevo. Creí ver un fantasma o un espectro, estabas delante de mí, en mi trabajo. Ibas desaliñada y despeinada. Apestabas a alcohol de kilómetros de distancia. Te faltaban los dientes y tú delgadez era extrema. Tan solo me miraste y me dijiste:

- Me muero.

Y saliste de la oficina. Yo corrí detrás de ti. Ibas tambaleándote, por no variar, lo increíble es que no te hubieras muerto antes. Te seguí, iba detrás de ti para saber que hacías. Te agarré del brazo y te pregunté qué es eso de que te mueres. Y me contestaste que tú médico te había dado dos meses de vida. Tenías una cirrosis. Lo anormal sería lo contrario. Te pregunté porque habías venido a decírmelo si hacía 40 años que no nos veíamos y...tú respuesta fue como un dardo que se clava en el corazón.

-Me tienes que cuidar hasta el fin de mis días. Para eso te traje al mundo.

Y el mundo se me paró. Tú, que nunca te habías ocupado de mí, tú que decías llamarte mi madre, tú que no me querías, ahora que te tocaba irte al otro mundo...me decías que tenía que volver a cuidarte porque me habías parido. Y de nuevo comenzó mi calvario particular, mis remordimientos internos y mis luchas personales. ¿Qué hacer? ¿Dejar mi vida aparcada dos meses o más y cuidarla o dejarla morir sola...ella que nunca se había preocupado de mí...?. Fueron días muy duros en los que los ángeles y los demonios luchaban por ganar la batalla. Y al final, mi parte buena o mi parte tonta, mi parte humana o mi parte débil, hicieron que pidiera una excedencia para cuidarte. Me mudé contigo, a tú casa. El tiempo se había detenido, todo estaba igual. La suciedad impregnaba todas las habitaciones y el olor era nauseabundo. Las botellas eran puros adornos en el suelo de cualquier habitación...todo seguía igual...orines...y desorden...suciedad. Tendría que armarme de paciencia. Yo no era como ella. Había elegido ser lo opuesto a como ella era.

Y fueron pasando los días mientras yo limpiaba y ella bebía. Nunca hablabas conmigo, ni una palabra de agradecimiento o de cariño, pero daba igual, yo estaba allí, a tú lado, esperando que llegara tú hora y que no te fueras estando sola. Delirabas la mayor parte del día, y me insultabas y despreciabas. Me decías que era como mi padre, un baboso de mierda. Yo hacía caso omiso a tus palabras y sencillamente me sentaba en la silla a tú lado. Los días pasaban y tú seguías igual. Parecía que no empeorabas, y yo ya llevaba en tú casa 45  largos días. No es que quisiera que te murieras, pero yo me iba preparando para cuándo llegara ese momento. Un día en el que estabas especialmente excitada por lo mucho que habías bebido, me dijiste entre grandes risotadas si yo pensaba que ella se iba a morir. Te miré incrédulo y te dije que el médico te había dado de plazo dos meses. Te reíste. Escupías saliva y te revolcabas por el sillón. Me insultaste. Nada nuevo. Y me llamaste imbécil, me dijiste que tú nunca habías ido al médico y que jamás irías.

El tiempo volvió a detenerse. El corazón me dio un vuelco y creí perder la consciencia. La rabia y el odio comían mi corazón y mis entrañas. Quería matarla allí mismo. El odio dio paso a los instintos más primitivos del hombre. Le día un puñetazo en la cara, y a la pared, y tiré la mesa y grité. La odiaba. Lloré de asco y de pena, mientras ella me contemplaba con grandes risotadas entre trago y trago.

Yo no era como ella. Silenciosamente, recogí mis cosas y me marche a mi casa, con los míos, con mi gente, con mi familia.

» Wystan Hugh Auden  (1907-1973) Poeta y ensayista británico


viernes, 28 de marzo de 2014

UN PASEO POR LA VIDA

Rodrigo mira atentamente por la ventana y observa como la nieve cae lentamente. Su cara refleja una mezcla de tristeza y cansancio, aunque por momentos, su rostro, absorto en sus pensamientos, denota un deje de alegría lejana y marchita y vuelve a reflejarse en su cara un relajamiento de sus músculos y parece que esos surcos marcados y esas ojeras profundas, dan  paso a la placidez. Mira la nieve  y recuerda su niñez, a sus padres y hermanos. Sus padres murieron muy jóvenes dejando a sus 5 hijos. Unos vivieron con unas tías y otros quedaron al cargo de una vecina. Así era la vida en aquellos tiempos. A él le toco vivir con las tías. Era peor que vivir solo. Eran dos hermanas de su padre, dos mujeres solteronas que nunca habían tenido relación con ellos y de repente se vieron al cargo de tres niños, con los que no sabían qué hacer. A veces, sin motivo los encerraban en un cuarto oscuro que había al lado de la cocina y los podían dejar encerrados muchas horas sin comer ni orinar. Superaban su miedo y angustia animándose unos a otros. Permanecían unidos y de la mano para que el miedo y el frío no pudiera penetrar en ellos. La unión de los tres parecía que les hacía más fuertes, y unos por otros iban superando las horas de angustia, mirando por debajo de la puerta a ver en qué momento la luz de la cocina se encendía y daba paso a sus dos tías. Quizás cuándo entraran los dejarían salir e ir al retrete...y quizás con un poco de suerte les darían algo de comer. Pero las tías parecía que no tenían corazón. A veces...eran días encerrados, pero se tenían los unos a los otros, aunque no tenían a quién contarle su problema. Con 15 años y Rodrigo siendo el mayor decidieron escaparse de casa. Las tías nunca los buscaron. Hoy...rememorando aquella época de su vida, se da cuenta de que sus dos tías, en realidad no sabían qué hacer con tres niños y optaron por lo que a ellas les hicieron.

Con sus hermanos siempre permaneció muy unido. El trabajaba para poder sacarlos adelante y vivían en donde podían. Sus otros dos hermanos habían tenido más suerte con la vecina, las vida les trataba bien y él no quería que supieran de su sufrimiento por eso rompió todo lazo con ellos. Fueron años muy duros, en los que los tres trabajaban en lo que podían desde muy pequeños. Pepe, el pequeño, se murió de una pulmonía con 12 años. Y eso los desgarró. La vida no los estaba tratando bien y cada mañana era más dura que la anterior, ya que tenían que cargar con demasiadas penas para su edad. Los años fueron pasando y Rodrigo tenía un puesto de zapatero en una de las mejores zonas de la ciudad. Era cuidadoso y limpio, atento y delicado. Mimaba sus zapatos como si en sus manos brillaran diamantes y eso la clientela lo apreciaba. Pronto se casó con una de sus clientas, Adela, y alquilaron un piso enfrente de la zapatería. Con ellos vivía su hermano, Ricardo, al que nunca hubiera dejado solo. Pero Ricardo también contrajo matrimonio y se fue de casa. Rodrigo y Adela vivían el uno para el otro y eran felices, aunque ansiaban la llegada de sus hijos. Dos inviernos tuvieron que pasar para que Adela se quedara embarazada y eran la pareja más feliz de la ciudad. El trabajo iba muy bien. Rodrigo había montado una zapatería muy grande, en donde trabajaba su hermano de zapatero y el repasaba todo lo que hacía, pero su trabajo era vender zapatos a gente pudiente.

Pronto llegó el día en el que Adela daría luz a la niña más hermosa que jamás había visto. Sus manos rechonchitas y sus dedos pequeños se agarraban a su mano, mientras la vida de su mujer se iba a grandes bocanadas. Fue un parto difícil y complicado y Adela perdió mucha sangre. No pudo superarlo y los dejó a los dos solos. Rodrigo no tenía tiempo ni de llorar...se acordaba de sus tías y él no quería hacer lo mismo que ellas. El aprendería a cuidar a su hija con ternura y amor, no habría cuartos oscuros y no habría castigos.

Nunca faltó a su palabra y su hija se crió a su lado en la zapatería. Era una niña dulce y bien educada, era la alegría de su padre y de la tienda. Pronto comenzó su época escolar y la zapatería perdió parte de su encanto, ese ir y venir a carreras...esas risas a todas horas...pero el negocio cada día crecía más y Rodrigo no podía pensar en sus penas, solo podía pensar en seguir adelante con sus vidas. Por fin parecía que la vida le sonreía. Su negocio crecía y crecía y ya tenía tres tiendas de zapatos, con mucha clientela. El seguía queriendo mantener su zapatería inicial, donde él comenzó trabajando de zapatero, y ese negocio lo seguía teniendo. Ahora estaba a cargo de él, Gustavo, un trabajador de su confianza. Su hermano estaba al cargo de una de las zapaterías y él llevaba las otras dos. Con el tiempo, su adorada niña Adelita, se haría cargo de las tres zapaterías. Pero la vida es una caja de sorpresas, y la vida le deparaba a Rodrigo más asaltos que librar.

Hacía un día esplendido y Ricardo al ver a su hermano hablando con un cliente, se brindó él a ir a buscar a la niña al colegio. Era la alegría de las dos casas. Ricardo no había tenido hijos y Adelita era como una hija para él. Adelita salió del colegio alegre y dicharachera como era ella, y al ver a su tío se tiró a sus brazos. Iban juntos de la mano a la zapatería y la mala fortuna se cruzó en sus caminos. Un camión reventó una rueda y después de varios volantazos, montó la acera, que era por donde iban el tío y la niña.

Y Rodrigo se hundió. Y su negocio también. Nunca más volvió a ser el mismo, nunca más la sonrisa se dibujó en su cara. La vida no lo había tratado bien...o sí...depende de cómo lo mirase. Había momentos en los que pensaba que la vida había sido muy corta para él, ya que había tenido el privilegio de tener en su familia a personas inigualables. Buenas, bondadosas, alegres, trabajadoras...pero lo más importante era el amor que se tenían. El supo lo que era amar a su mujer, y a su hija...y a su hermano. El conoció el amor incondicional, el amor sin reproches. Tuvo el privilegio de tener una familia única, la cual amó con locura. A veces...pensaba que la vida lo había tratado bien...su familia le había dado todo. Otros días pensaba que la vida lo había tratado mal, que había sido cruel, le había ido robando a su familia demasiado pronto. No le había dado tiempo a disfrutar de elveía caer la nieve. Presentía que le quedaba muy poco tiempo para reunirse con los suyos. Las arrugas de la cara se alisaron y dejaron paso a una sonrisa.

Rodrigo miraba como caia la nieve...

Los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma.
Albert Schwaitzer
(1875-1965) Médico francés.

miércoles, 12 de marzo de 2014

ACOSO LABORAL

 La primera bofetada me la llevé cuándo me dijeron que tenía que esperar a por el uniforme, ya que tenían que hacérmelo a medida. Fue mi primer golpe, ya que me estaban diciendo que la talla que yo uso no era la normal. Uso una talla 44. No me parece que sea necesario usar una talla 38 para ser una buena secretaria.

Yo seguí ejerciendo mi labor sin prestarle mucha atención al tema del uniforme, pero me era imposible. A todas horas tenía a mis compañeros delante de mi mesa preguntándome por mi uniforme. E incomprensiblemente, tenía a mi jefe por lo menos un día a la semana paseándose por delante de mí diciéndome que ya me traerían el uniforme, que era cuestión de tallas. Todo esto me parecía algo de locos y no acababa de comprender que le pasaba a esta gente, pero yo seguía a mis cosas, como si nada me afectara. Quería cumplir con mi trabajo y hacerlo bien, pero me estaba costando mucho.

El acoso comenzó a hacerse más patente cuando comencé a intuir que me vigilaban. Todos teníamos unas cámaras detrás de nuestra mesa de trabajo, no es algo legal, pero es así. Y había veces en las que de pronto aparecía mi jefe como un energúmeno chillando, diciéndome que porque iba al baño otra vez si ya había ido a las 11 de la mañana y solo habían pasado dos horas. Ahí fue cuando me di cuenta de que mis compañeros estaban diciéndole a mi jefe cada movimiento, cada desplazamiento que hacía al baño. Yo me tenía que desplazar a la impresora, a la fotocopiadora, y esos movimientos eran los que provocaban ataques de ira en mi jefe. Yo trataba de explicarle que era parte de mi trabajo el ir a la fotocopiadora pero él gritaba cada vez más y me era imposible hablar. Mi desesperación era inmensa, necesitaba el trabajo pero me lo estaban poniendo muy difícil y lo peor es que no sabía el por qué.

Ir al trabajo se convirtió en una tortura. Sin ningún motivo aparente era el blanco de las iras de mi jefe y la mofa de mis compañeros. Se convirtieron en mis peores enemigos. Mi única intención siempre había sido la de trabajar y hacerlo lo mejor posible. Pero entre todos estaban logrando que mi vida se convirtiera en un infierno.

Decidí no denunciarlo a los sindicatos, esperando que en algún momento este acoso se terminara. Pero nunca se terminó. Ellos terminaron conmigo. Consiguieron que me echaran de la empresa. Sin comerlo ni beberlo, un día fui a trabajar y me dijeron que al día siguiente no fuera, que prescindían de mis servicios. Mi jefe me dijo que el día anterior me había ausentado de mi puesto de trabajo 8 veces. Miré hacia mis compañeros y sonrieron. Recogí mis cosas y salí. Me consideraba una persona muy fuerte mentalmente pero me habían aniquilado entre todos, habían hecho una piña para conseguir su objetivo y ahora gracias a ellos era una mujer agotada mentalmente.

Hoy me arrepiento de no haberlos denunciado. La gente me dice que muchas veces el acoso laboral es sin motivo alguno. Yo con el tiempo me enteré de que mis compañeros querían que yo me fuera y en mi lugar viniera otra señorita. Y lo lograron. Cada movimiento que yo hacía era controlado por ellos en la cámara y se lo iban a decir al jefe. Las cámaras estaban en una habitación controladas por otros compañeros que aparte de controlarnos...hacían otras cosas, pero parece ser que lo más importante era dar información al jefe de la gente que a ellos les convenía. Lograron su propósito. Hoy estoy en el paro gracias a esa gente.

Cuando las arañas unen sus telas pueden matar a un león (Proverbio etíope) 



miércoles, 26 de febrero de 2014

TE LO CUENTO EN INTERNET

Michael, abrió su ordenador como tenía por costumbre todas las madrugadas. Miró sus correos y sus cuentas

Leyó en el periódico una noticia que le llamó poderosamente la atención:

- La Empresa Farmacéutica  Andrix donará el 2% de las ventas de uno de sus fármacos más vendidos para los países pobres.

- Donareis todos los medicamentos que estén caducados, haréis limpieza en el almacén.-

Michael metía mucha caña a la industria farmacéutica en las redes sociales, por lo que ya era conocido. Era colaborador sanitario en una ONG. Una vez al año, en sus vacaciones, se desplazaba a donde lo mandaban. El año anterior, le había tocado ir a un país del tercer mundo. La miseria y la pobreza le habían calado muy hondo, aunque ya estaba acostumbrado a ello. La gente se moría de enfermedades que con vacunas era impensable una muerte. El problema radicaba en que  las vacunas eran inexistentes y toda ayuda era poca. Los medicamentos escaseaban y los pocos que había a veces daban reacciones extrañas. Cierto día, este mismo verano, se había metido en el almacén para recoger unas vendas. Normalmente el almacén permanece cerrado, en todos los campos de refugiados en donde el había estado. Se comentaba...se decía...que todas las medicinas que mandaban a los países del tercer mundo, eran medicamentos caducados. Pero él estaba dispuesto a comprobarlo y denunciarlo. Ese día de verano caluroso y de tormenta, se le brindo la oportunidad. La puerta  estaba abierta. Entró y comprobó las fechas. Todo los que le dio tiempo a mirar, eran medicamentos caducados. Sacó fotos con su móvil. Por lo menos unas 15 fotos. En ellas se veía el medicamento y la fecha de caducidad. Con ello estaba dispuesto a demostrar que no había buenos samaritanos...que todo lo que mandaban a países tercermundistas, eran productos caducados. Incluso la comida se decía que era caducada. Y él iba a demostrar que todo era cierto. Aunque tardara años en tener las pruebas. "Ellos" se encargaban de que nadie pudiera ver las fechas, de que nadie entrara donde no debía. Muchas de los medicamentos ya venían sin envases, y nadie lo había denunciado nunca. El iba a desatar la verdad de todo este asunto. La mierda iba para la gente desfavorecida, para quién no tenía ni voz ni voto, para quién una protesta era impensable...para quién solo tenía palabras y gestos de agradecimiento. Estaban comprando el silencio de los puestos superiores. Esto lo tenían que saber las ONG y los médicos. Si él lo había descubierto, ellos lo tenían que saber  también, pero todo el mundo callaba.

Esa noche, se le ocurrió al entrar en sus redes sociales, hacer un post, diciendo que el tiempo de las mentiras había terminado. Tenía suficiente material para demostrar lo que nadie quería mostrar al mundo. Apagó su ordenador. Sabía que tenía trabajo que hacer. Tenía que ordenar grabaciones...documentos escritos...las fotos...Iba a tener unos días de arduo trabajo. Iba a hablar con un amigo suyo periodista, para decirle que necesitaba de su ayuda para sacar toda esta porquería a la luz. Tenía varios amigos dedicados al periodismo ósea que tendría que hablar con el adecuado.

Fueron pasando los días y él ya casi tenía su trabajo terminado para presentarlo y él mentalmente también estaba preparado para lo que se le iba a venir encima. Al llegar a casa, se duchó y se arrodilló delante de los papeles que tenía en el suelo. Estaban todos esparcidos por el salón. Las fotos y las grabaciones...los documentos gráficos...todo estaba allí. Hoy lo metería ya en carpetas y llamaría sin falta a Eduardo. El sacaría a la luz estos documentos. Sabía que podía confiar en él. Era un buen periodista y no tendría miedo al revuelo. Le pareció escuchar un ruido y prestó atención. Silencio. Solo se oía el silencio de la noche en la casa. Siguió organizando, pensando en que mañana era el día en el que llamaría a su amigo y ya comenzaría la vorágine y el ajetreo de la noticia. Iban a rodar muchas cabezas y empresas muy altas estaban tocadas y muy tocadas por este tema.

Michael estaba ensimismado en su tarea y no se percató de que alguien había entrado en su casa. Casi sin darse cuenta, notó un pinchazo en el cuello y mientras iba cayendo hacía el suelo vio la cara de un hombre, mirándolo fijamente, esperaba su muerte.

Dos días después, como Michael no se presentaba al trabajo llamaron a su hermano y le explicaron lo que pasaba. Carlos, acudió a casa de Michael pensando que estaría enfermo. Como tenía llaves de su casa entró y lo encontró en el salón de la casa, muerto.La muerte le había sorprendido después de cenar, seguramente cuándo iba a ver la televisión, por eso estaba tirado en el suelo del salón. A su lado no había nada. 

La autopsia decía que Michael había muerto de un infarto. 


El pez grande siempre se come al pez pequeño.


lunes, 17 de febrero de 2014

CAZA DE BRUJAS




    Enero. Siglo XIV

    Yrinis recogía sus pocas pertenencias apresuradamente. Desde hacía unos meses era una mujer marcada por su sabiduría, heredada de sus abuelos y bisabuelos. Con las hierbas podía hacer ungüentos para las heridas e incluso pócimas bebibles para curar ciertas enfermedades. En esos tiempos, los médicos solo asistían a los señores feudales y les estaba prohibido revisar a una mujer, por lo que eran las comadronas o improvisadas parteras las que ayudaban en el alumbramiento y proveían de hierbas para evitar nuevos embarazos. Su afán de ayudar a sus vecinos la había hecho muy conocida en su pueblo. Hasta hacía poco era una mujer muy querida por todo el mundo y le estaban muy agradecidos por las numerosas veces que había curado heridas o  tratados sus fiebres. Ella salía al campo y sabía que encontraría el remedio para muchos males. Sus abuelos le habían enseñado que el campo está lleno medicinas, solo hay que ir detrás de las que realmente hacen falta para cada situación.

    Hacía unos días, había acudido a la puerta de su casa, a altas horas de la madrugada, uno de los monjes que habitaban en el monasterio. Venía con un joven que tenía en la pierna una infección. La fuerte fiebre era la que había obligado al monje a acudir con ella a casa de Yrinis, la cual le había dado un brebaje de hierbas calientes y le había hecho un corte para que saliera la infección. La joven, se quedó en casa de Yrinis unos días mientras la curaba y así se enteró de que era la hija del monje. Pero ella era una mujer prudente y no iba a decir nada de lo que la joven había contado en sus delirios con la fiebre. Pero su problema acababa de comenzar. El monje, conocedor de la noticia por su hija, decidió acusarla de brujería, cosa que en esos tiempos no era muy difícil. 

    Krammer, que era como se llamaba el monje, había tenido a su hija fruto de su unión con una mujer que les ayudaba en las tareas del monasterio. Una noche, la había forzado a mantener relaciones con él y fruto de esa unión, había nacido esa niña, a la que tenía también acogida en su morada. Pero nadie sabía nada de lo ocurrido, tan solo la madre y la criatura y si alguien se enteraba, su carrera se vería en peligro, por lo que decidió ir en contra de Yrinis y acusarla de brujería.

    Yrinis fue encarcelada y a base de torturas llegó a confesar lo que no era, una bruja. La acusaron de pactar con el diablo, y decían que al concluir el pacto, el Diablo marcaba el cuerpo de la bruja y en una inspección detenida se podía permitir la identificación de las hechiceras. Mediante el pacto, Yrinis, se comprometió a rendir culto al diablo a cambio de la adquisición de poderes naturales. Se le acusó de poder volar, sobre palos, animales y demonios con ayuda de ungüentos e incluso se llego a acusarla de transformarse en un lobo. Según Krammer, Yrinis acudía en fechas determinadas a reuniones nocturnas denominadas aquelarres, en donde las orgías sexuales estaban muy presentes y el canibalismo infantil era una práctica que Yrinis realizaba cada vez que acudía a un aquelarre.

    Pasó de ser una mujer querida y apreciada a ser odiada. Su casa fue pasto de las llamas una mañana  fría de invierno, donde sus vecinos se juntaron y decidieron tomarse la justicia por su mano. Le prendieron fuego a todas las pertenencias de Yrinis, en un acto de odio y rabia y después prendieron fuego a su casa. Mientras tanto Yrinis era torturada a diario para que firmara su culpabilidad, cosa que después de varios días torturándola no le costó mucho. Su escasa familia tuvo que huir del pueblo porque si no harían lo mismo con ellos e Yrinis estaba desolada. La iban a matar porque había descubierto los trapos sucios del monje, la estaban acusando de cosas que nunca en su vida había realizado y todo a base de torturas.

    Yrinis permaneció en la cárcel durante un año, pasando todo tipo de vejaciones y humillaciones. Un 24 de junio, salió de la cárcel metida en un carro con barrotes. La llevaban a la plaza del pueblo. Cuándo se iba acercando a su destino, Yrinis comenzó a rezar en voz alta y la gente que se agolpaba a su alrededor le gritaba y tiraba piedras enfurecida. La mujer ensangrentada seguía rezando, y eso aumentaba el griterío de las personas que estaban a su alrededor, entre ellos vecinos a los que había ayudado e incluso Krammer, se encontraba allí, con otros monjes, y unos pasos detrás de él, su hija con su madre.

    La gente se había reunido en la plaza para celebrar la muerte de una bruja y se habían puesto sus mejores galas para la ocasión. Estaban exaltados y pletóricos de alegría. Gritaban y festejaban con grandes espavientos la caída del demonio. Ayer, reclamaban su presencia en sus casas, y hoy la iban a asesinar.

    Yrinis fue bajada del carro y la ataron a un palo que estaba rodeado de paja. Lo último que vio antes de que le prendieran fuego, fue la mirada llorosa de la niña a la que había curado.


    IEl cobarde sólo amenaza cuando está a salvo.
    Enviar frase
    Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592) Escritor y filósofo francés.

sábado, 8 de febrero de 2014

REDES SOCIALES...INTERNET...@@@@@@


"Mi nombre es Vanesa y tengo 16 años. Soy alta, guapa y delgada.". Esa es mi descripción en las redes sociales. Siempre presumí de ser muy guapa, mis ojos son como las avellanas dice mi madre, y mi padre dice que son verdes como el mar. No se ponen ni en eso de acuerdo. Me encanta sacarme fotos y subirlas a las redes sociales. Por supuesto que mis padres no saben que tengo esas cuentas abiertas. Si ven las fotos que tengo les daría algo. Tengo colgadas unas 1.500 fotos, en unas estoy sola y las saco delante del espejo y en otras con mis amigas. Tengo un montón de amigos agregados, gente conocida y gente desconocida. El otro día comenzó a hablarme un niño que no sé muy bien quién es. Llevamos hablando varios días y me parece que me empieza a gustar. Me pregunto... ¿.como me puede gustar si no lo conozco?, Esta es una forma de ligar como otra cualquiera. Más cómoda. Estoy en casa y paso horas hablando con él. La pena es que se le estropeo la web Cam y no podemos vernos. Pero él  me dice que mejor...que así mantenemos la intriga. Hasta en eso es original, lo primero que te dice un desconocido es pon la web Cam, pero él nunca insiste, y eso me gusta. Hablamos de todo, desde música hasta surf, ya que a mi me encanta y a él parece que también ya que comenzó a surfear hace unos años pero lo dejó porque se hizo daño en un brazo. Tenemos varias cosas en común. El como yo es hijo único y pasamos mucho tiempo solos en casa, ya que nuestros respectivos padres trabajan. Nos hubiese gustado a los dos tener hermanos pero parece que nuestros padres tenían bastante con un hijo. Me estoy planteando quedar un día de estos con él y bajar al botellón el viernes por la noche...Voy a esperar unos días más y se lo propongo.

Ayer me llevé una sorpresa. Alex dijo algo que me desconcertó. Sabía donde vivía yo, sabía mi dirección. Le pregunté cómo sabía eso si yo nunca se lo había dicho y no me contestó. Creo que merezco una explicación. Hasta ahora habíamos sido sinceros en todo, o...eso creo yo.

Sigo hablando diariamente con Alex, pero algo cambió a raíz de decirme que sabía donde vivía. Yo estoy más prudente con él. Ayer me dijo si me pasaba algo y volví a decirle que quería saber porque sabía mi dirección a lo que contesto que un amigo suyo era un conocido mío y por eso lo sabía, que no fuera paranoica. Eso me tranquilizó, aunque quizás sea porque tengo otras cosas en la cabeza por lo que estoy paranoica. Últimamente, en mi teléfono tengo llamadas en las que nadie me responde y eso me tiene preocupada. Se lo comenté a él y dijo que sería alguien de clase que está enamorado de mí. Pues no me hace gracia...me llaman a todas horas y al otro lado solo se oye silencio.

Pasó mucho tiempo desde mi último entrada en mi diario...y han pasado muchas cosas. Quizás guarde este diario o lo quemare, pero necesito contar lo que me ocurrió e intentar olvidarlo.

Una de las tardes que hablaba con Alex, me dijo si quedábamos para vernos, ya que llevábamos mucho tiempo hablando, ya era hora de conocernos. Le dije que bueno y comencé a arreglarme. A los 10 minutos llamaron a la puerta, y yo creí que sería Susana, la vecina del 9º, ya que somos amigas. Pero al abrir la puerta, me encontré con un señor de unos 35 años. No lo conocía y le pregunté que quería. Me dijo que era Alex, y ante mi desconcierto...primero por su edad...y después por venir a mi casa sin invitarlo...aprovecho la ocasión para empujarme y entrar en mi casa. Yo grité y él me tapó la boca. Me llamó niñata y me dijo que sabía todo de mí...que gracias a mis fotos sabía mi dirección y muchas cosas más. Yo había contado mis costumbres...mis horarios... los de mis padres...había sido muy fácil contactar conmigo. El era mi amigo virtual, yo lo había aceptado. Y él había leído todo lo que poco a poco iba yo contando, y lo que no...Se lo conté yo después. El resto...me resulta muy doloroso. Me violó. Dos veces. Me amenazó con matar a mis padres si decía algo, y se marchó como si no hubiera pasado nada. Mi vida a partir de ese momento cambió. Cerré todas mis cuentas y no volví a tocar el ordenador. Demasiado tarde. Avisaban por todas partes de lo que nos podía ocurrir, pero nunca piensas que te va a pasar a ti. Me volví una persona consumida por la ansiedad, triste y miedosa. Pensé en decírselo a mis padres, sé que hice mal en no hacerlo, las cosas no serían como son... pero aún sigo recibiendo llamadas de él, recordándome que sigue ahí...y que puede cumplir su promesa.

Esta vez sí que es la última entrada en mi diario. Pasó algo muy importante y quiero plasmarlo aquí. Mis padres se dieron cuenta de mi cambio de vida. Mis notas bajaron, procuraba quedarme a todas horas en casa, silenciosa...miedosa...ansiosa...Había dejado de comer y de dormir. Adelgace 10 kilos. Un día papá se sentó en mi cama. Yo estaba acostada, tapada...sin querer escuchar al mundo...sin querer escucharme hasta a mi misma. Mis propios pensamientos me producían dolor y pánico. Los recuerdos eran como puñales clavados mil veces en el corazón. Papá me dio la mano y me dijo que ya era hora de que le contara que estaba pasando. Me abrazó y me dijo que no tuviera miedo a nada. Las palabras surgieron de mi boca como torrentes desbordados y mis ojos derramaban chorros de lágrimas amargas. Mi padre miraba como aturdido...su mandíbula estaba en tensión y de cuándo en cuándo se secaba las lagrimas que brotaban de sus ojos. Su mirada me inspiraba protección y cariño. Y así fue como le conté toda la historia. Cuando termine de hacerlo, agotada y rendida me quedé dormida de la mano de papá, mientras él lloraba como un niño.

Cuándo me desperté estaba aquí la policía...mamá...encogida en el sillón y llorando...el abuelo con papá. Nos sentamos y hablamos. Sabía que venían a hablar conmigo. Les dije como había ocurrido todo. Se llevaron mi ordenador a la comisaria y así fue como destapamos a Alex. Era un violador conocido, éramos muchas niñas las que estábamos en la misma situación, aterradas...muertas en vida. El se encargaba de amenazarnos y nos seguía recordando que se acordaba de nosotras. Hicimos una denuncia colectiva. A Bruno, alias Alex, le cayeron 20 años de prisión. En total éramos 11 niñas las que estábamos siendo chantajeadas por él. Estamos todas en tratamiento psicológico. Una vez a la semana nos reunimos para hablar de nuestros miedos y ansiedades. La vida de todas cambió, pero por lo menos sabemos que él...no volverá a hacer daño por...ahora y eso hace que durmamos tranquilas. Hice lo que tenía que hacer. >Destape a un violador y muchas de nosotras vamos encauzando nuestras vidas, con días más tranquilos y otros tormentosos, pero con la conciencia tranquila de haber hecho lo que teníamos que hacer".



¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios.
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Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.