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lunes, 25 de enero de 2016

PARANOIA



El silencio reinaba en toda la casa, y el orden y la pulcritud eran las notas dominantes en ella. Cada cosa estaba en su sitio, y no se apreciaba ningún cerco de polvo. Ana, abarcó con su mirada todo el recinto. Vio  las fotos de sus padres, en marcos de plata encima del mueble del salón, también podía ver las fotos de  sus tíos y primos. Y encima de la chimenea estaba un marco donde aparecía Ana y su hermano. Era la casa de sus abuelos y estaba entrando en ella como si fuera una delincuente. Entraba a escondidas y a oscuras.

Acarició al perro de sus abuelos, Popi, y silenciosamente entró en el despacho de su abuelo. Venía con intención de encontrar algo que sabía que podía hacerle mucho daño. Se sentó en la silla de su abuelo y comenzó a abrir los cajones. Sabía que ellos hoy no llegarían hasta tarde. Era el día de la partida de su abuelo y la abuela se reunía con sus amigas. Tenía toda la tarde para buscar lo que quería.

La idea comenzó a rondarle poco a poco...como quién no quiere la cosa...y había llegado un punto en el que tenía que averiguar la verdad. El pasado de los abuelos era algo de lo que nunca se hablaba en casa. Ni sus padres ni sus tíos comentaban nada de su niñez, ni de los abuelos de jóvenes. Pero lo peor eran las miradas de soslayo. Las recordaba desde muy pequeña. Eran miradas asustadizas y huidizas, miradas cargadas de nerviosismo. Algo extraño pasaba en su familia y estaba dispuesta a averiguarlo.

Rebuscó en todos los cajones...miró todas las fotografias.No había nada extraño. Los abuelos tenían fotos con sus hijos como cualquier otra pareja. Siguió buscando. Se metió en la habitación de los abuelos y comenzó a mirar por todos los cajones. No podía ser. Ella estaba segura de que algo escondían, sin embargo todo parecía normal. Abrió las mesillas y nada extraño parecía haber en ellas. Las gafas de los abuelos, el inhalador, la pipa...el cenicero. Nada. Tenía que seguir buscando y apurar. El tiempo comenzaba a echarse encima. Miró en la coqueta, debajo de los armarios...encima...por detrás...nada. Se sentó exhausta mientras Popi la contemplaba acurrucado en la alfombra.

"Soy una tonta. Veo cosas donde no las hay. Mis abuelos son personas normales. Mis presentimientos son erróneos. No puedo hacer tanto caso a mis presentimientos."

Comenzó a ordenar lo poco que había desordenado pues sabía de la pulcritud de sus abuelos. Eran extremadamente ordenados, limpios y rectos. Cualquier cosa que dejara fuera de su sitio podría ponerlos en alerta. Revisó todo una y otra vez y decidió que todo estaba en su sitio y que tenía que dejar esa paranoia suya de que los abuelos escondían un secreto.

Esa misma noche sonó el teléfono en casa y su padre lo cogió. Habló con el abuelo unos instantes. Yo lo miraba y le preguntaba si pasaba algo y él hacía ademán con la mano de que me callara. Mi corazón comenzó a acelerarse pensando en si algún vecino me habría visto entrar y se lo habían dicho. Tenía que guardar la calma y templar mis nervios. Papá seguía hablando.

Al otro lado del teléfono, un anciano de mirada dura hablaba con su hijo. En su mano sostenía una gorra de las S.S. El había sido la mano derecha del Führer. Había logrado ocultar su pasado a todo el mundo, pero sus planes no podía aniquilarlos la mocosa de su nieta. El era un hombre inteligente y listo. Y tenía cámaras por todas las estancias de la casa. Había visto a su nieta husmeando por todas las habitaciones. Sus planes de crear el Partido de nuevo no podían venirse abajo. Ya estaba toda la maquinaria en marcha. Solo faltaban unos coletazos de última hora, y el mundo, volvería a hacer reverencias al führer.

Colgó el teléfono diciéndole a su hijo que o mantenía a su hija a la raya o la mantendría él. Nadie ni nada tirarían sus planes abajo.




martes, 10 de noviembre de 2015

ELLA CREE

Ella cree que eres tú....esa estrella que parpadea y brilla diferente
Yo creo que tú  solo eres un recuerdo...eres nuestras vivencias...

Ella cree que eres tú...esa hoja que se cuela por una ventanilla del coche casi cerrada...
Yo creo que tu solo eres nuestro recuerdo...nuestras vivencias....

Ella cree que eres tú...cuándo hablamos de tú hijo preferido y la luz se apaga...
Yo creo que tú eres solo un recuerdo y vivencias...

Ella cree que eres tú cuando mira tú mesa y te ve sentado...
Yo creo que tu solo eres nuestro recuerdo y nuestras vivencias...

Ella cree que estas en el cielo...observando...protegiendo...
Yo creo que solo eres recuerdos y vivencias...

Ella cree que eres tú...quién nos va a esperar... que existe otra vida
Yo no me creo nada...solo que te fuiste y no volverás.

Dedicado a tú nieta, mi hija, que sufre cada minuto del día y cree verte en todas partes. Midala

domingo, 8 de noviembre de 2015

PAPA DESCANSA EN PAZ. TE QUIERO.

Esto no es un relato...es real por desgracia. Ocurre todos los días....a todas horas....a gente joven....a niños...pero esto me ocurrió a mi..a mi padre.

Esa noche había llovido y yo no había dormido bien. Teníamos médico contigo a las 10.Yo dormía y el teléfono sonó a las 7 de la mañana. Eso no presagiaba nada bueno papá...y así  fue .No te podían despertar. Tus ojos nunca mas se abrieron y te fuiste durmiendo, al lado de mamá, la persona que mas querías en el mundo, por encima de todas las cosas. Fuisteis felices juntos, vuestro amor estaba por encima de todas las cosas y las personas. Muchas  veces resultaba hasta difícil poder entender tanto amor y tanta devoción , hasta nos resultaba extraño, esa unión férrea, fuerte, absorbente para los demás.

 Hasta ahora.Todo se terminó para vosotros. Ahora nos toca a los demás hacer ese trabajo agotador que tu hacías con ella en los últimos años...esos últimos años en los que yo se que ya no érais felíces. En los que tu decías lo cansado que estabas, que la enfermad de mamá te dejaba sin fuerzas.. Y ahí se terminó vuestra felicidad. La vida se os hacía pesada u dura. Por las mañanas cuándo te llamaba y te preguntaba "papaiño que tal como estás, como pasasteis la noche"---ultimaménte siempre era lo mismo "como vamos a estar...como ayer...igual".Pero tú voz ya era agotada, triste,desesperada.

 Pero...queda el consuelo de que te fuiste durmiendo. Doy fé de que dormías tranquilo y no sufriste en ese momento. Tu rostro estaba descansado.

Yo no quiero pensar...solo hago y actúo. No puedo pararme en el dolor. Aquí están todas tus cosas, tu vida...tu ordenador...tú sillón...tu periódico sigue llegando a casa cada día y las niñas lo ponen donde a ti te gustába, en tu mesa de estudio. Hoy todo son recuerdos y dolor,tú música...Reloj no marques las horas...hoy la escuchamos con dolor...papá...no quiero pensar porque duele tú marcha.

La conclusión qué saco...es que te quiero papá . No creí quererte tanto. Yo también estaba cansada como tú, y saltaba ...igual que tú....pero de diferente forma. La enfermedad de mamá se hace dura. Ayer no sabía quién eras tú...ni tus hijos...hoy sí...es un parlotear continuo y agotador.

Vosotros me habéis enseñado mucho más de lo que os podéis imaginar . He sacado una enseñanza de toda vuestra vida .Aprendí mucho más de lo que os podríais imaginar...cosas buenas que imitaré...cosas que no haré, pero de todas las vidas se saca una conclusión y un aprendizaje, que cada uno la interpretaremos a nuestra manera y actuaremos en consecuencia con lo aprendido.

Yo seguiré mi camino y mi sendero con vuestras enseñanzas, y mientras pueda...al lado de mamá. Como tú querrías.

Te quiero papaiño.

Midala.  26/10/2015.

lunes, 12 de octubre de 2015

LAGRIMAS EN EL CIELO




Contemplo con ansiedad como se van resolviendo las cosas...como se habla de nosotros sin ningún pudor. Necesito justicia para poder seguir mi camino. Estoy anclada entre dos aguas, entre dos mundos...imposible de tocar ninguno de los dos. Solo veo tinieblas...oscuridad...pido ayuda pero nadie parece oírme... ¿en qué parte me encuentro que nadie escucha?

Mi inteligencia siempre fue superior a la de las demás personas. No presumo de ello. Sencillamente lo expongo. Y quizás por ello sabía que algo estaba ocurriendo, pero la verdad era tan terrible que era imposible de asimilar. Éramos una familia como cualquier otra. Papá trabajaba en una zapatería y mamá era ama de casa. Éramos tres hermanos conmigo. La pequeña murió poco después de nacer. Mamá siempre decía que de complicaciones del parto. Yo no la recuerdo. A veces quiero ver su carita pero no soy capaz. Las imágenes se distorsionan y no alcanzo a ver nada más que a papá y mamá entrando en casa con un serón. Mi siguiente hermano, enfermó un día de fuertes dolores de estómago. Papá y mamá acudían al médico, pero después de múltiples pruebas nunca sabían lo que le ocurría a mi hermanito. Papá y mamá estaban desesperados sin encontrar una solución para él. Pasaban los meses y mi hermanito en vez de mejorar empeoraba. Hasta que un día nos dejó. Y quedé yo sola con papá y mamá.

Yo temía que a mí me ocurriera lo mismo...tenía miedo de que me pasara lo mismo que a mis hermanos. La gente del pueblo decía que teníamos una maldición encima. Yo sin embargo comenzaba a pensar que algo muy malo estaba ocurriendo en mi casa. 

Fue pasando el tiempo y me convertí en una niña asustada. Sabía que la maldición caería también sobre mí y no sabía cómo evitarla. El día que me comenzó a doler el estómago me sentí llena de ira y rabia por no haber sabido luchar contra el maleficio. Pasaban los días y no mejoraba, todo lo contrario, al igual que mi hermanito...empeoraba.
Me llevaban al médico y ocurría lo mismo que con mi hermano. Por más que me miraban, no sabían lo que tenía.

Yo ya me encontraba muy mal. Estaba todo el día acostada en cama y no acudía al colegio. Los dolores eran terribles e imposibles de curar. Sabía que me quedaba poco tiempo para irme con mis hermanos. Una de esas tardes de primavera en la que hacía un calor tremendo y oía el canto de los pájaros con los ojos entornados...vi a mamá como me preparaba un vaso de agua en la que introducía unos polvos. Siempre insistía en que tomara el vaso de agua a esas horas. Le dije que no tenía sed y me ordenó tomarla. Le dije que la tomaría después, que la dejara ahí que no me olvidaría. Me quedé dormida, y cuándo me desperté, papá estaba a mi lado, dándome la mano. Se había bebido mi vaso de agua. Lo miré con ojos despavoridos. Creía que todas las piezas del puzle comenzaban a encajar.

Al día siguiente papá comenzó a encontrarse también mal. Mamá nos cuidaba a los dos con plena dedicación y abnegación. La gente del pueblo la ayudaba en todo lo que podían y la compadecían a todas horas. Ella decía que era el castigo divino que Dios les había mandado. Un día que mamá nos dejó solos en casa, fui hasta la habitación de papá y le dije que nunca bebiera el agua que le daba mamá a media tarde. Papá me miro asombrado y me llevó a mi cama. Al día siguiente le oí decir a papá que no quería beber, que no tenía sed. Y oí a mamá enfurecerse. Creo que fue lo último que yo oí. Dejé este mundo sabiendo lo que estaba ocurriendo y habiendo avisado a papá.

El se encargó de buscar justicia para nosotros. Papá dejó de beber el agua y comenzó a mejorar pero con secuelas importantes. Dijeron que mamá tenía una enfermedad, que no es que fuera una persona mala, sencillamente enferma. La ingresaron en un hospital psiquiátrico sin posibilidad de salir nunca.

Yo, hoy, continúo mi camino hacia donde están mis hermanos. Papá encontró la paz que yo necesitaba para seguir mi camino.



La crueldad, como cualquier otro vicio, no requiere ningún motivo para ser practicada, apenas oportunidad.
George Eliot (1819-1880) Seudónimo de Mary Anne Evans. Novelista británica.


martes, 29 de septiembre de 2015

AUSENCIAS

Sus manos arrugadas y la piel que colgaba de su cuello eran los delatores de su edad. Todos le llaman abuela cariñosamente, aunque su nombre era Carmela. Mujer sábia y culta, había tenido una vida muy intensa y  dura. Desde muy pequeña su máxima aspiración había sido ser maestra. Y lo consiguió, a pesar de la época en la que le tocó vivir. Fue una mujer moderna para sus tiempos, dio clases en un colegio y crió a sus hijos. Se casó con su primer novio, Manuel, y tuvieron dos hijos, Carmen y Manuel. Era un matrimonio ejemplar, el vecindario los quería mucho ya que intentaban siempre ayudar a todo el mundo. Don Manuel, hombre tierno y cariñoso, dedicado de lleno a su familia, era un hombre justo y ecuánime, dedicado a las leyes. Los niños eran dos soles, rubios como su madre, charlatanes y dicharacheros, alegres y risueños. Eran la familia perfecta que Carmela y Manuel habían construido a imagen y semejanza.

Un día lluvioso y gris, la tragedia se cernió sobre la familia de Carmela. Manuel había ido ese día a buscar a sus hijos al colegio en el coche. Un coche que venía de frente, derrapó en una de las curvas y el coche chocó con el de Manuel. Nadie salió vivo de esa tragedia. Manuela se enfrentó con dignidad y aplomo a los avatares de la vida. Pero en soledad la tristeza y el llanto la embargaban hasta la mismísima locura. Fueron años muy duros en los que pensaba enloquecer. Nada le daba consuelo ni nadie conseguía mitigar su pena. Se dedicó de lleno a su trabajo y a ayudar a sus alumnos en todo lo que podía y más. Pasaba las horas en la escuela deseando que la noche no llegara nunca para no tener que volver a su casa, vacía y llena de ausencias.

Pero el tiempo fue el único que fue capaz de aflojar ese llanto permanente. Se quedó seca de tanto llorar y decidió continuar con la vida que Dios le había marcado, aunque sus deseos eran juntarse de nuevo con ellos, esperaría pacientemente ese día.

Y ese día parecía que se alargaba más de lo previsto. Carmela tenía ya 92 años y seguía siendo una mujer activa en todos los sentidos. Cuándo se jubiló, decidió que ahora era el momento de poder enseñar a los hijos de sus vecinos que se vieran necesitados. Y así comenzó su labor, comenzó dando clases a los niños y terminó enseñando a los mayores a leer y escribir. Era una mujer admirada y respetada por todo el mundo, había vivido toda su vida suspirando por sus ausencias, por su familia, por los suyos, con una entereza y elegancia digna de una gran mujer. Siempre decía que la muerte se había cebado con ellos pero que nadie tenía la culpa de lo que a ella le había acontecido, debía de respetar las alegrías de los demás y no hacerles participes de sus penas.

Murió como vivió. Con elegancia y respeto hacia los demás. Dando sus clases nadie se percató de que doña Carmela se había ido a sentar a su sillón, al sillón de su amado marido y abrió entre sus manos arrugadas El libro del buen amor, del Arcipreste de Hita. El libro preferido de su marido. Apoyó la cabeza y se dio cuenta de que había llegado su momento, el momento de reunirse con los suyos. Mientras...las risas de sus alumnos inundaban el salón de su casa.

La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla.

Jorge Santayana (1863-1952) Filósofo y escritor español.

jueves, 3 de septiembre de 2015

LA MUERTE TIENE ROSTRO

"Era un día de verano y el calor era intenso. Los árboles agitaban levemente sus hojas y se oía como un ligero chasquido muy suave...khas...khas...las hojas mecían los árboles y parecían entonar una nana. Era un sonido envolvente y delicado. Yo estaba sentada en la hierba mirando hacia la nada y el todo, contemplando la vida. Mas allá del ruido de los árboles se oía a los pájaros cantar y a los grillos entonar su canto celestial...cri...cri...que unido al khas...khas...componían una de las mejores composiciones musicales jamás escuchada. Era un día perfecto lleno de tranquilidad y sosiego, un día campestre como hacia años que no tenía. Había ido al pueblo de vacaciones, a reponerme de la muerte de mi marido .Había muerto ese invierno y mi desasosiego e intranquilidad eran a veces alarmantes, ya que alteraban todo mi ser. Eduardo había caído por las escaleras y se había dado un mal golpe en la cabeza, falleciendo unos días después .El día que lo enterré me parecía verlo por la casa, dando vueltas, con su pitillo en la boca y con las zapatillas haciendo ese ruido tan particular que hacía él arrastrando los pies .A los dos días ya me había acostumbrado a estar sola...a la paz y a la quietud del hogar, al silencio y a la tranquilidad pero sobre todo....me iba acostumbrando a no tener miedo .El era un hombre rudo y vasto, mediocre, y parecía que jamás había aprendido modales. Así empecé a darme cuenta de quien era mi marido. Pero poco a poco llegaron los empujones y los golpes, la sangre y los arañazos, el ocultarme y el silencio. Esperaba cada paliza con miedoso me creía merecedora de ese trato ni mucho menos me canse de palizas y de abusos. Y un noche que intento forzarme lo empujé por las escaleras, con tan buena suerte para mi que se desnucó. Fue mi salvación y mi renacer.

Hasta que ese día de verano...que gozaba yo de la tranquilidad campestre, algo calló sobre mí .No vi lo que caía, solo se que vi a Eduardo. Se reía escupiéndome, con sus dientes ennegrecidos y su piel mal oliente. Se reía a carcajadas y me miraba con ojos  inyectados en sangre .Extendió sus manos callosas para agarrar mi cuello y abrí los ojos asustada. Unos crios que jugaban a tirarse piedras me habían dado con una en la cabeza y habían salido asustados gritando. Cuando abrí los ojos estaba gente a mi alrededor, pero yo buscaba a Eduardo desesperadamente con la mirada.Me fui tranquilizando cuándo vi que no estaba, que me había desmayado y había creído ver a Eduardo.

A partir de ese día, mi marido se presentaba en mis sueños todas las noches. Yo lo había matado y la muerte tenía su rostro y me lo mostraba todas las noches, para demostrarme que el que la hace la paga. No pensaba dejarme en paz nunca. No me dejaría vivir. Eduardo había machacado mi vida mientras vivía, y una vez muerto pensaba llevarme a la tumba con él. Estaba convencida de ello."

Maria contemplo a Carmen, postrada en la cama. No había noche en la que sus gritos desgarradores rompieran la calma y la paz del asilo. La anciana la miraba con ojos asustados y sudorosa le decía que la muerte tenía un rostro, el de Eduardo
.


El remordimiento es el único dolor del alma, que el tiempo y la reflexión, no logran calmar jamás.
Madame Stael.

martes, 9 de junio de 2015

UNA BUENA HIJA

Ana contempla a su madre con ojos llenos de tristeza. Su madre es una mujerona, fuerte, grande y hermosa. Una mujer enérgica que desprendía vitalidad por todos los costados. A veces...demasiada vitalidad. Ana recordaba sus años de juventud, cuándo su madre sacaba adelante la casa, con sus cinco hermanos, y los abuelos, que vivían con ellos. Amalia parecía una mujer incansable, tenía la casa como los chorros del loro y a sus hijos siempre impecables. Los mandilones del colegio siempre eran los más relucientes. Cuidaba mucho la limpieza tanto de los niños como de la casa. Era querida por todo el vecindario pero tenía un gran secreto.  A veces...se sumía en un estado de letargo en el que le molestaba todo el mundo. Ahí era cuándo salía la verdadera Amalia. La que nadie conocía, la gran desconocida para los extraños y la madre cruel para sus hijos. Amalia tenía ese punto de crueldad que a veces es imposible percatarse de él. En esas temporadas, todos teníamos que andar con pies de plomo por casa. Una palabra más alta que otra...cualquier discusión entre hermanos...era motivo de un cambio brusco de humor. Primero salían volando sus zapatillas, a quién le dieran bien dado estaba. Pero después nos encerraba en el cuarto de la despensa. Nos podía dejar ahí el tiempo que le diera la gana. Los abuelos ni veían ni oían. Como las figuras de los monos del salón. Ni ver...ni oír...ni hablar. Ese parecía el lema de mi casa. Cuándo papá llegaba a casa, todo estaba ya en calma y parecíamos una familia más. Mamá nos tiene dejado sin comer un día entero, nos pegaba con el cinturón de papá y nos escupía. Las bofetadas eran continuas, pero estos episodios no eran continuos ni todos los días. Eran por rachas. Hoy...creo saber qué enfermedad tenía mamá, independientemente de que era una mujer mala mamá tenía una enfermedad mental. Episodios de depresión y noches sin dormir...irritabilidad constante en esas temporadas...Mamá era una mujer enferma. Ahora era todo blanco...y al momento todo negro. Papá no la entendía pero nunca pensaba que nos pusiera una mano encima. El era distinto. Era un hombre bueno y bondadoso. Trabajador incansable trabajo hasta su muerte. Un día en la mina en la que trabajaba, hubo un desprendimiento y ese fue el final de papá. Era la única alegría que teníamos. Cuándo él llegaba a casa. En esas épocas malas...la llegada de papá era ver el cielo. Después de tantas horas de trabajo, aún venía con ganas de jugar con nosotros y de repartir caricias. Si mamá estaba en un día  bueno jugábamos todos juntos, hacíamos puzles, que era algo que nos gustaba a todos. En esos momentos se puede decir que éramos felices. Eran momentos inolvidables...rodeados de paz y tranquilidad. No teníamos esa tensión continua que nos atormentaba ese no saber si hacíamos algo mal y desencadenábamos el enorme enfado de mamá.

Hoy mamá se muere, y se muere sola, solamente estoy yo a su lado. Los demás hijos no quieren estar con ella, ni cuidarla...ni visitarla. A medida que íbamos creciendo nos fuimos marchando de casa. Los abuelos se murieron y mamá quedó completamente sola. Con un gato callejero que un día subió a casa y presiento que llevaba la misma vida que nosotros. Hoy mamá se va y se lleva de este mundo el desprecio de sus hijos y el odio que ella misma fue creando en todos. Pero yo...sigo pensando que mamá es una enferma, que debería de haber pasado su vida en un hospital, que los abuelos debieron de haberle explicado a papá lo que pasaba en casa y las cosas quizás hubieran sido de otra manera. Yo le doy la vuelta a la tortilla y no la culpo a ella de todo lo que nos ocurrió, quizás más culpa tuvieron los abuelos. Era mejor no enfrentarse a ella no fuera que los echara de casa...era mejor que nos pegara y que fuera poniendo en nosotros la semilla del odio.

Ana contempla como los ojos de su madre se iban cerrando...se acercó y le dio un beso en la frente de despedida. La madre abrió los ojos y la miró con ojos de desprecio. Para Ana no pasó desapercibida esa mirada, pero pensó que su madre era una persona enferma. Le apretó la mano y le dijo que descansara tranquila. Su madre gruñó unas palabras ininteligibles y cerró los ojos.

Ana salió de la habitación y cogió al gato en los brazos. Lo acarició y lo besó, quizás estaba también falto de cariño.

“Haz bien y no mires a quién.”
Midala

domingo, 24 de mayo de 2015

BONDAD Y AMOR

Pablo o Pablito como lo llamaban muchas veces, era un crack. Parecía un pulpo con 100 brazos. Tenía su horario estipulado desde muy pequeño. Sabía ya a su temprana edad, que la vida para nada es fácil, y él , la tenía más complicada. Su madre estaba en cama desde que él tenía uso de razón. Y su padre había decidido que esta vida era demasiado complicada para él, que no valía la pena seguír peleando. Una mujer enferma y un niño pequeño se le hicieron demasiado trabajo. Pablito no pensaba, no juzgaba. Solo le llevaba flores los domingos al cementerio y le contaba como había pasado la semana. También le contaba que le hubiera gustado tenerlo a su lado y compartir algunos momentos buenos que tenían, y que lo echaba mucho de menos.El se había acostumbrado a ser el hombrecito de la casa. Vivían en una aldea remota de un pais perdido en el mundo, donde Pablito practicamente ni existía. El se levantaba a las 8 de la mañana y le daba de comer a los cerdos y a las gallinas. Tampoco es que tuvieran un ciento. Eran seis gallinas y dos cerdos. Pero él había visto a su padre como lo hacía y había aprendido. Limpiaba la cuadra...y a veces...¡jugaba con las gallinas a cogerlas!. Despues aseaba a su madre, la vestía y le daba el desayuno. Le hablaba y le contaba cosas. Ella lo miraba con ojos perdidos y a veces parecía comprenderlo y lloraba, pero él creía que su madre estaba en otro mundo. Em el mismo mundo que su padre, solo que aún no se había ido. Se había quedado así cuándo descubrió a papá colgado del cuello en el gallinero. Nunca más volvió a ser ella y él asumió el mando de toda la casa a pesar de su corta edad.

A media mañana iba en su bicicleta al pueblo y siempre había alguna vecina que le ayudaba a quedarse con mamá mientras él hacía la compra. La realidad, es que él iba a la tienda y siempre tenía allí su bolsa preparada. Solidaridad del pueblo le dijeron al principio, cosa que él no entendió. Ahora creía que comenzaba a entender lo que eso quería decír. Allí tenían comida para toda la semana. Verduras, carne, pescado y fruta. El sabía que algún día...con su esfuerzo, podría pagarles a todos sus vecinos lo que estaban haciendo por él y su madre. Su vida era demasiado dura para sus 6 años, pero también era muy maduro para entender muchas cosas que otros niños ni con 20 lo entenderían.

Los años fueron pasando y Pablito se preocupaba de tener su rato para estudiar y aprender. Cuándo su madre dormía él procuraba ir a la escuela e intentaba hacer lo que los demás niños hacían en una semana él lo hacía en dos días. Era muy espabilado y tenaz. Tenía las ideas muy claras.Sabía muy bien lo que quería. Quería poder ayudar a su madre y al pueblo entero agradecerle sus años de dedicación y ayuda. Quería ser médico. Y con la ayuda de todos Pablo lo consiguió.Tenacidad y tesón, pero sobre todo, ganas de ser util a su madre y a sus amigos, ganas de devolver tantos años de ayudas desinteresadas.

Pablo se hizo médico. Y fue uno de los mejores médicos que los lugareños recuerdan. Atendió a la gente del pueblo sin cobrar en ningún momento nada. Las vecinas le llevaban huevos, o tortas de pan, pero el ya no admitía nada. Decía que ya habían echo demasiado por él.Era paciente, bueno y cariñoso. Jamás puso una mala cara aunque tuviera que salir a altas horas de la madrugada, con frio y nieve. El montaba en su caballo y siempre llegaba con la sonrisa en los labios. Había conseguido lo que se había propuesto. Agradecer lo que tanto había echo por él. Y había conseguido curar a su madre. Su madre tenía una depresión desde que vió morir a su marido. Y Pablo, pacientemente y con medicinas, había logrado recuperarla. Ahora era la mujer más felíz del mundo viendo a su hijo, la bondad que le salía por todos los poros de cuerpo, y esa alegría que contagiaba hasta a las mismisimas gallinas.Su hijo la había sacado de un letargo de muchos años, de los cuales ella se culpabilizaba. Pablo era el mejor hijo que podría haber deseado. Y sú marido se lo había dado. Algo muy bueno le había dejado antes de poner fín a su vida, y en eso le tenía que estar muy agradecida.

Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir.
Gregorio Marañón (1887-1960) Médico y escritor español.

domingo, 3 de mayo de 2015

FELÍZ DÍA MAMA

"Siempre me encantó esa frase tan popular. Claro. Una madre es una madre pero para lo bueno y lo malo. Decir que una madre siempre es buena y que busca lo mejor para su hijo... es un tópico. Existen madres y madres. Las hay buenas y trabajadoras, cariñosas y dadivosas, preocupadas de sus hijos, de su enseñanza y de inculcarles valores fundamentales, pero...también existen muchas madres, más de las que uno se puede imaginar...que sus hijos nada les importan. Madres que no saben lo que significa el sacrificio, ni saben lo que es la ternura ni el cariño. Mi madre es una de esas madres a las que parir le fue muy fácil y aguantarnos también, ya que nos dejaba a nuestro libre albedrío. Nunca nos faltó de nada. Tenemos en exceso de todo. Y mamá cuando se quedaba embarazada no era ningún problema. El problema lo tenía si estábamos nosotros cerca. Pero eso tampoco era problema ya que cada uno de nosotros tenía una cuidadora, una nani como nosotros les llamamos. Y ellas conocían ya muy bien el percal y estaban muy atentas de que no permaneciéramos ni unos segundos a su lado. Mamá se pasaba el día en la piscina, con su vaso de vodka o ginebra, daba igual, y allí pasaba muchas horas del día. Tirada tomando el sol. Nosotros correteábamos por la zona más boscosa con las chicas, ya que nuestra casa era inmensa y no teníamos ni porque tropezar con ella. Cuándo nos queríamos bañar en la piscina, una de las chicas se acercaba a ella y bajito se lo decía. Ella tambaleándose iba con su vaso en la mano hacia otra parte de la casa.

Decir y generalizar que todas las madres son buenas es una aberración. Mi madre es preciosa por fuera y horrible por dentro. Así-es mi madre. Si nos encuentra por alguna parte de la casa nos saluda con un "¿Todo está bien?”, un saludo impersonal y frío. Nada estaba bien. Somos tres hermanos. Yo, que tengo ahora 15 años, Carlos que tiene 17 y Jaime 18. Ninguno de nosotros tiene una vida fácil. Papá nunca está en casa. Se pasa los meses fuera y creo que están juntos ¡por el interés te quiero Andrés! Jaime tiene su habitación habilitada con platos de música. Dice que quiere ser músico. El mismo día que lo dijo, mamá llamó a los obreros y le habilitaron una habitación en una parte alejada de la casa. La insonorizaron y se la llenaron de todos los artilugios necesarios para que Jaime se callara una buena temporada. A lo mejor mamá creía que así éramos felices...Carlos está todo el día con la tabla de surf. Dice que va a ir a surfear las olas más grandes en los países más exóticos del mundo. Y yo...me voy a dedicar a pintar. Mi gran afición y espero que mi futuro. Mamá está encantada de que busquemos profesiones que nos lleven por el mundo adelante, yo creo que así no tendrá contacto con nosotros y será más feliz.


Hace dos días, mamá estaba como siempre, en la piscina con su botella a su lado y el móvil pegado a la oreja. Yo pasé a su lado y ni me miró. A sus ojos era invisible. Ni percibía nuestra presencia. Me fui a mi habitación y al llegar allí pensé en la vida tan miserable que llevábamos. Era increíble lo pequeños que nos podíamos llegar a sentir. Miré por la ventana y...llamé a mis hermanos gritando. Mis hermanos acudieron raudos y los tres nos quedamos juntos mirando atentamente. Mamá se había caído en la piscina y de la borrachera tan grande que tenía era incapaz de salir del agua.

Nosotros no éramos como ella. Si nos había enseñado que ella era una persona sin sentimientos, y nosotros elegimos que no queríamos ser como ella. Fue su legado. Reaccionamos a tiempo y la sacamos. Mamá pasó unos meses en el hospital y salió con problemas neurológicos. Mamá ahora está encamada, nos mira con ojos de no entendernos y no puede hablar. Eso no nos asusta. Antes tampoco lo hacía. Ahora...los tres pensamos que tenemos una madre que por lo menos...cuándo le damos la mano...no nos la aparta. Sencillamente no la mueve."

Este relato no es real. Si en algo se parece a alguna historia es porque la vida es muy compleja.

El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre.

Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. Emperador francés.

viernes, 1 de mayo de 2015

ELUCUBRACIONES DE UN PARADO



"Me llamo Fernándo y tengo 32 años. Muy mayor y demasiado joven. Tengo dos carreras y estoy en el paro. Mi vida comienza a las siete de la mañana, cuándo seguro que la de muchos políticos aún no a comenzado. Me ducho y me siento delante del ordenador. Me repaso todas las páginas que ofertan empleo. Mando currículos. Después me dedico a recorrer las calles dejando mi currículo  en todo sitio cuánto veo. Mi madre fue ama de casa toda la vida y  mi padre trabaja en un taller de coches. Pagarme la carrera les costó mucho esfuerzo, toda una vida ahorrando, sin vacaciones y sin lujos de ningún tipo. La palabra ahorrar era un imperativo en casa. Había que ahorrar para que Fernando conociera otra vida.

Y...yo me preguntó... ¿Porque no tengo trabajo si estoy preparado? No tengo experiencia. Cierto. Nadie me dio la oportunidad de mostrarles mis habilidades y sapiencias. Y sin experiencia me dicen que no valgo. Como si fuera un trapo que tienen que tirar. Valgo lo mismo, porque para eso estudié y me preparé. Y lo hice a conciencia. Para que les conste a todos los que me rechazaron. Soy una persona inteligente y con ansias de trabajar. ¿Porque nadie me da la oportunidad? ¿Qué pretenden que hagamos? Ahora usan una palabra para decirnos muy sutilmente que nos dediquemos a otras cosas: reinventarse. ¿Ellos lo hacen? Eso me pregunto yo todos los días. No veo a nuestros políticos de jardineros, o de camareros. Ellos no se reinventan.

Mi historia es como la de muchos de vosotros, no existen muchas diferencias. Somos muchas personas las que engrosamos las listas de parados, y muchas las que queremos demostrar que podemos trabajar, que tenemos conocimientos y ganas. Pero no nos dejan. Mientras cada día salen más y más noticias de políticos que llenan sus bolsillos y no limpiamente.

Y....yo me pregunto...yo sé tres idiomas... ¿Cuántos idiomas saben los políticos que nos gobiernan? Me resulta vergonzoso ver como idiomas básicos tienen que ser traducidos, ya que nuestros representantes parece que lo de los idiomas no va con ellos.

Y...yo me pregunto... ¿que va a ser de nuestra vida? Al final nos vamos a tener que reinventar y a mi no me da la gana.

Y...yo me pregunto... ¿cuándo voy a poder tener mi casa...mi familia...mis hijos? Creo que nunca podré formar una familia, y tener hijos ya lo veo como algo lejano que no me toca ni de cerca. Mamá... lo siento por tú...tú querías nietos...querías niños siempre en casa. Pero nuestro país nos impide realizarnos y nos impide llevar una vida normal.

Soy un parado igual que tú que terminaré haciendo cualquier otra cosa que no sea lo que yo estudié. Terminaré ejerciendo de camarero o dependiente. Y eso no quiere decir que no me guste ejercer esos oficios. Significa que no quiero reinventarme porque me lo impongan. Significa que estudié mucho y muy duro para que ahora no tenga trabajo. Significa que voy a comenzar a mandar mi currículo al extranjero y allí comenzaré una nueva vida, lejos de mis padres. Esto es lo que quieren. Pues tómenlo. Yo comienzo a buscar trabajo fuera del que hasta hoy....llamé mi país."

1 De Mayo, día del trabajador. Elucubraciones de un parado como pueden ser las de cualquiera. Esta historia no es real pero bien podría serlo. Suerte a todos los parados, entre ellos mi familia. Nunca decaigáis. Eso sería darles un caramelo en la boca. Animo

martes, 21 de abril de 2015

SOLEDAD EN LA VEJEZ


"No escogí esta soledad que me embarga a diario. Es como una nebuloso que te envuelve y te va quitando la vida poco a poco. Sé que mis ojos denotan tristeza y cansancio. El cansancio que conlleva vivir...el cansancio de una vida con 85 años...sus achaques...sus vivencias...sus alegrías y tristeza. Cada surco de mi cara es una experiencia. Me presento. Soy Roberto y quiero compartir mi experiencia con la vejez.

Estoy contento de cumplir años...estoy contento de llegar hasta donde llegue. Viví con mi mujer una vida larga y plena. Pero también la vi partir. Y con ella partió parte de mi ser y de mi yo. No tuvimos la suerte o la desgracia de tener hijos, por lo que vivimos nuestra vida solos en amor y compañía. Cuándo ella se fue el esquema de la vida se me rompió y de pronto me vi sin saber qué hacer en este mundo. No tenía nada por lo que estar aquí. Mil pensamientos me abordaron y la lucha fue constante y continua durante muchos meses. La suerte estaba de mi parte. Una noche de tormenta y frío, asomado en la ventana, vi como alguien dejaba al lado del contenedor de la basura, un bulto. Me extraño que no lo metiera dentro pero esa persona echo a correr y mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que el bulto se movía. Decidí bajar a ver qué era lo que esa persona allí había dejado, con miedo y recelo. Había una manta de cuadros en el suelo, empapada de la lluvia. La fui abriendo con mucho cuidado y vi una carita que me miraba desde el frio y la soledad. Era un perrito. Lo cogí en mis brazos y lo subí a casa. Lo sequé con toallas y con el secador. No sabía qué hacer con él ni cómo empezar a cuidarlo. Le día un plato de leche y lo tomó. Y unos trozos de pan... El perro se quedó acurrucado a mi lado en el sillón mientras yo veía los deportes, mientras yo le hacía caricias y pensaba que iba a hacer con él.

Por la noche le puse una manta en el suelo de la habitación y durmió allí toda la noche. No se despertó  a pesar de que yo encendía la luz para saber si estaba bien. Era una perrita y comencé a llamarla Sole, de Soledad. Estaba sola como yo. Pronto Sole comenzó a hacerse con la casa y  era una alegría constante. Era como un cascabel serpenteando por las habitaciones, con pequeños ladridos. Allí donde iba yo venía Sole. Y decidí quedármela. Y aprender a cuidarla. La vejez tiene un grado, y es que ya no tenemos miedo.

Aprendí a cuidar a Sole y fue un revulsivo para mí. Fue como un cañonazo de vida, optimismo y alegría. Dependía de mí para todo y yo era su cuidador. La bajo todos los días de paseo y estamos los dos ya muy integrados. Es un aliciente enorme y la vejez me enseñó que tenemos que agarrarnos a cualquier salvavidas que nos ayude a vivir esta época mejor y de forma más agradable. Sole cuándo me ve enfermo no se separa de mi lado y sus lametazos son agradables de sentir. Pero yo por ella me levanto todos los días y la paseo...me relaciono con gente y la vida es más agradable.

La vejez es dura de vivirla, muy dura, y más en soledad. Mis años de soledad fueron forzosos, yo no deseaba que mi mujer se fuera antes que yo, mi deseo, como sueño, era irnos juntos, pero la vida sorprende cada día, unas veces para bien y otras para mal. Nunca debemos dejarnos ir...nuestra obligación es pelear contra los problemas, hacerles frente y luchar. A mi me vino muy fácil con Sole, tengo que reconocerlo. Quizás....fue mi mujer que influyo en algo para que la dejaran allí....quizás....."


El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza. André Maurois

jueves, 26 de marzo de 2015

DEP....GRAN TRAGEDIA EN LA AVIACION

Hoy, el mundo entero llora...lågrimas negras...

Mi mås sentido pésame a todos los familiares, amigos....

No tengo palabras....DEP

jueves, 12 de marzo de 2015

ESCALERAS AL CIELO

El pequeño miró asustado como bajaba la escalera. Era del color del arco iris y se fundía con el color de la hierba y el olor de las flores. Jaco, pensó que no era real lo que estaba viendo, pero la escalera seguía bajando hasta que lentamente se apoyó en el suelo. El miró para ambos lados. Sus padres estaban ocupados en casa trabajando y él había ido al río solo. Nadie lo veía. Se acercó lentamente a la escalera y la tocó. Estaba caliente por el sol que caía a plomo sobre el campo. La miró y vio que llegaba hasta el infinito, el último escalón se perdía entre las nubes. Llamaba su atención poderosamente esos colores tan hermosos que muchas veces había visto con su padre cuándo llovía y el sol parecía que quería hacerse un hueco entre las nubes y la lluvia. Era entonces cuando aparecía ese arco lleno de colorido. El rojo predominaba sobre todos los colores. Miró de nuevo a la escalera y decidió subir para saber a dónde le llevaba. A lo mejor...con un poco de suerte, podrían llevarlo a ver a su hermano. Un día de verano, como hoy, Jaco estaba con su hermano en el río. Estaban jugando a la pelota y Jaco le dio una patada y fue a parar al agua. Su hermano se adentró en el agua y Jaco solo recuerda llantos y gritos. Papá y mamá desde aquella siempre le dicen que mire al cielo, que su hermano está allí arriba, contemplándolos a ellos y dándoles ánimos para superar su pérdida. Sus padres le dicen que seguro que está bien, que estará jugando con los demás niños al balón, y cuándo los eche mucho de menos, los mirará haciéndose un hueco entre las nubes. Por eso Jaco siempre se imagina a su hermano feliz, pero no entiende porque sus padres están siempre tan tristes si su hermanito está tan feliz. El a veces, piensa que si no hubiese tirado la pelota su hermano seguiría con él. Y sabe que sus padres también lo piensan porque un día se lo oyó decir a su madre. Ese pensamiento fue el que le dio fuerza para comenzar a subir la escalera. Quería preguntarle a su hermano si era feliz, si en esa casa nueva donde vivía ahora lo cuidaban y lo querían tanto como lo querían en la suya. Subía peldaño a peldaño y los colores iban cambiando...rojo...amarillo....y de pronto...alguien comenzó a tirar suavemente de la escalera y Jaco fue subiendo lentamente....contemplaba el prado y podía ver a sus padres trabajando...las casas de sus vecinos...hasta que ya no pudo ver nada. Veía solo las nubes. Y de pronto...sus ojos se habituaron a la enorme claridad que se veía allí. Y vio como su hermano estaba jugando al futbol con un montón de amigos. Todo el mundo parecía estar alegre y contento. Había muchas mamás y papás. Jaco llamó a su hermano y él acudió corriendo a darle un abrazo. Lloraron rieron y jugaron. Su hermano le dijo que no se preocupara por nada, que él era muy feliz y que las cosas cuándo pasan siempre es por algo. Los niños pasaron una tarde muy feliz hasta que la escalera volvió a ponerse en medio de las nubes. Jaco sabía que era por él y miró a su hermano feliz como jugaba al balón con sus amigos. Comenzó a bajarla mirándolo hasta que lo perdió de vista.

Jaco abrió los ojos y sus padres lo estaban contemplando sonriendo. Le acariciaron el pelo y le dieron abrazos. Tenían algo importante que decirle...un hermanito nuevo venía en camino. El niño miraba a sus padres con los ojos muy abiertos y recordó la frase de su hermano: todo ocurre por algo. Se acercó a la ventana y miró a la lejanía pero no vio la escalera. Daba igual, él iba a estar siempre pendiente de la escalera. Se quitó el pijama mientras sus padres por primera vez en mucho tiempo sonreían y él estaba completamente feliz.

Friedrich von Schiller 

miércoles, 18 de febrero de 2015

UN DÍA CUALQUIERA EN SU VIDA.

"Aquel día era como otro cualquiera, el cabreo permanente de Emilio siempre estaba ahí. Era el hombre del rictus enfadado. Cualquier excusa era buena para poner mala cara y que se apoderara de él un cabreo que le invadía desde lo más profundo de su ser, avanzando desde las palpitaciones aceleradas de su corazón, pasando por su garganta con un gruñido y terminando en su boca con todo tipo de palabrotas y gruñidos, pasando después al estado de enfado continuo. Y no es que la vida le tratara mal. Tenía dos hijos pequeños preciosos y llenos de salud y una mujer maravillosa, con una sonrisa permanente en sus labios. El refrán de que los polos opuestos se atraen en el caso de la vida de Emilio era cierto. Sabía que era un hombre agraciado en todos los sentidos, pero por más que intentaba quitar de su alma ese sentimiento de amargura no lograba arrancarlo de su ser. Su mujer siempre le decía que nunca le había ocurrido nada demasiado grave y por eso estaba siempre enfadado, ese enfado con el mundo era por no saber apreciar su vida lo suficiente. Quizás fuera cierto o no, pero le cabreaba mucho esa frase. Y... ¿es que había algo que no le cabreara?

Ese día había cogido el coche y tenía que acercarse a hacer unos papeleos en el banco. Ya le iba invadiendo ese enfado característico en él, y todo porque le parecía escaso el horario que tenía el banco para él poder arreglar sus finanzas. Quiso aparcar y no había sitio. El parquin estaba lleno. Por lo que comenzó el periplo de dar vueltas en redondo hasta encontrar un aparcamiento. Se metió por una calle de un carril y a lo lejos vio que salía un coche. De pronto se dio cuenta de que detrás venia una ambulancia y parecía que tenía prisa porque lo estaba dejando sordo. Pero Emilio se tomó las cosas a su manera, siempre con gritos y gruñidos.  Discutió con un anciano que estaba cruzando por un paso de peatones y no iba lo demasiado rápido que él deseaba, y no es que la ambulancia fuera con las luces encendidas y haciendo señales de desesperación. Eso se le daba exactamente igual. Los conductores de las ambulancias siempre tienen prisa. Siempre llevan las luces encendidas para molestar al personal. El conductor de la ambulancia le gritó por la ventanilla. La sirena pululaba y parecía hasta gritar, pero Emilio seguía discutiendo con el anciano a pesar de las protestas de los viandantes. El conductor se bajo angustiado y le grito que sacara su coche, que llevaba a un niño muy grave. El siguió discutiendo con el anciano hasta que consideró que ya había expulsado su ira. Miró al hombre y retrocedieron unos pasos hasta entrar en su coche, mientras el conductor le gritaba que habían perdido un tiempo que era vital. Aparcó su coche y la ambulancia pasó. La sirena era ensordecedora y el conductor iba haciendo gestos de desesperación cuándo pasó a su lado, mientras Emilio miraba con indiferencia y desagrado. Si total el hospital ya estaba a dos manzanas, no sería para tanto.

Entró en el banco y sonó su móvil. Escuchó el mensaje y comenzó a palidecer. Sus piernas flojearon y fue resbalando hasta caer de rodillas en el suelo, gimiendo y retorciéndose de dolor. El anciano que momentos antes había discutido con él entraba en ese momento en el banco y se acercó a ayudarlo. Acto seguido se fue acercando la gente. Gemía en el suelo y se agarraba la cabeza con desesperación. El anciano se acercó a su oído y le preguntó con dulzura qué era lo que le dolía, a lo que él le respondió que le dolía el alma, porque acababa de matar a su hijo. Iba en la ambulancia que él no dejó pasar."

El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas, y los sentimientos los caballos.
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Platón (427 AC-347 AC) Filósofo griego.