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viernes, 1 de mayo de 2020

LA CAMARERA. ( II PARTE DEL PIANISTA )

Se miró  en el espejo y sacó  de su bolso una vieja barra de labios roja. Tenso sus finos labios  y fue depositando a toquecitos el color nacarado de su labial. Se puso unos toques en las mejillas y lo extendió  con sus dedos. Quería dar color a su rostro. Hoy se encontraba cansado pero hermoso. El había logrado que sus ojos tuvieran algo de luz y que su corazón volviera a palpitar. Anhelaba cuándo el abría la puerta y le clavaba la mirada, una mirada triste y sin vida...sin brillo...sin esperanza. Ella solía agachar la cabeza con una triste sonrisa y él se iba a la barra y se servía una copa mientras la observaba. Sus pensamientos siempre iban en la misma dirección, " esa mujer tenía algo especial, esa mirada apagada...quizás él podría devolverle el brillo." quería rescatarla de su vida triste y anodina. Pero se daba cuenta de que a su lado sería una pobre infeliz. No tenía nada que ofrecerle, tan solo problemas. Quería a esa mujer, la quería de verdad. Y quería verla feliz, su felicidad era la de él. La noche anterior, ella estaba radiante, pletórica. Era sabedor de que su corazón había recobrado parte de su ritmo ya olvidado.

La mujer lo observaba de reojo. ¡¡Ese hombre era especial!! Callado y delicado, dulce y tierno. Pensaba que ella jamás podría hacerlo feliz. Su pasado y su presente estaban ligados a una mala vida. La suya no había sido fácil y desde muy joven alternaba su trabajo de prostituta con el del café. Con la ganancia de uno solo de los trabajos no podría subsistir. No era grato, ni le gustaba. Era un trabajo como otro cualquiera. Y él...se merecía otro tipo de mujer. A ella le gustaría hacerlo feliz, verlo radiante, pisando fuerte, demostrando que quería comerse el mundo. Su talento se apagaba en la penumbra del café. Solo lo escuchaban personas que no sabían apreciar su talento, a pesar de los múltiples aplausos. El merecía muchas cosas que ella no podía darle. Y...realmente...ella amaba a ese hombre.

El café ya estaba lleno de humo y de copas, de risas y de conversaciones cómplices. Era el momento en el que él se sentaba, con su gim tonic y su pitillo, y comenzaba a tocar. Ella lo observaba y notaba ese amor, él la observaba de reojo y pensaba... ¡¡como quiero a esa mujer!! Y las conversaciones siguieron siendo cómplices las parejas bailaban agarradas, mientras  ellos con sus miradas escalaban peldaños al cielo. Y él le ofreció su mano de nuevo, y volvió a susurrarle al oído..."canta". Y sabía que sería feliz. Era su peculiar forma de conseguir  que su corazón se acelerara. Y cantaron Tea For Two, de Blossom Dearie, a dúo, ella dulce, tierna y sensual él...embelesado y feliz. Se estaban ofreciendo  un amor puro y limpio, el amor que imaginaban que debían de entregar. Y el café estaba envuelto en una nube de humo y alcohol. Las parejas se susurraban al oído mientras ellos dos cantaban mirándose a los ojos. El tocaba para ella y cantaba bajito…ella entonaba la canción con aires melosos…dulces. Ella cantaba para él.

Y es que el amor no necesita ser entendido, simplemente necesita ser demostrado. -Paulo Coelho

miércoles, 29 de abril de 2020

EL PIANISTA

Encendió un cigarro con sus manos temblorosas y dedos amarillentos, Su piel estaba marchita y ajada, fruto de sus dos cajetillas y medias que se fumaba cada día, su gran vicio... aspiraba el humo de cada pitillo como si fuera el último que iba a fumar. Su barba blanca, tenía un cerco amarillo-ocre y su aliento destilaba nicotina y alcohol. Pero como cada noche, estaba allí, tocando el piano para deleite de su público. Veinticinco años llevaba tocando en el mismo local, Armstrong, donde habían conseguido que se sintiera como en su propia casa.  A un lado del piano un cenicero y en el otro un gin tonic de ginebra Tanqueray. Sus dedos comenzaron a recorrer el piano ágilmente y su mente comenzaba a despejarse. Era como un chute de adrenalina que de pronto hacia posible esa magia.  Tocaba el piano y el mundo se paraba para escucharlo. Se sumergía en el mundo de las notas y acordes. Sus manos volaban...casi no tocaban las teclas, su espalda relajada pero firme y su presencia, su sola presencia llenaba el escenario. Entre una obra y otra pegaba unas caladas al pitillo y unos sorbos al gin tonic y volvía a reanudar sus noches mágicas cargadas de emoción y placer, y la miró...como todas las noches...la miró. A pesar de los años que ella llevaba allí trabajando a él le seguía impactando su belleza...su talante serio y su aire misterioso le embelesaba. Su pelo siempre recogido en un moño deshecho, aunque a primera hora de la tarde estaba impoluto. A veces se apoyaba en la barra y sencillamente lo escuchaba, era el pequeño placer diario. Escuchar las notas de su piano que él sabía magistralmente hacer que fueran un deleite para cada una de las personas que allí estaban. Comenzó a toca Deed I Do, de Blossom Dearie, y le guiñó un ojo. Se levantó y fue a buscarla. Con una delicadeza inusual, le dio el micrófono y al oído le susurró que cantara. Era su canción preferida. El se la había oído cantar muchas veces mientras él tocaba. Hoy, quería que ella le acompañara. Sus manos agarraron el micrófono de forma sensual y comenzó a cantar. Los dos iban en sintonía y ella estaba disfrutando, sus miradas eran cómplices y denotaban cercanía y placer. Placer de cantar juntos, placer de compartír.Sus miradas se cruzaban y él movía lentamente su cabeza al ritmo de la canción. Se sentía orgulloso de ese momento. Ella disfrutaba del momento, con movimientos delicados y lentos, se movía al ritmo de la canción.  El público aplaudió reiteradamente, él se levantó e hizo una reverencia ante ella. Era su canción, era su público, era su momento. Ella dio las gracias ruborizada, agradeció los aplausos y a él lo beso en la mejilla por la oportunidad que le había brindado. Se atusó el pelo y se acercó a la barra. Cogió la bandeja y siguió con su tarea de atender las mesas.

 Pero ella a partir de ese momento fue distinta. Ese misterio seguía habitando en su ser, pero había una alegría oculta, una frescura que antes estaba aparcada. Cada noche, esperaba ansiosa, a que él le ofreciera su mano y la llevara de nuevo al lado de su piano, al lado de él, y entonar juntos, cómplices, Deed I do. Sus miradas se encontrarían de nuevo y la pasión oculta y la complicidad lograrían que esos momentos mágicos volvieran a llenar su corazón de alegría.

Triste puedo estar solo, para alegre, necesito compañía. Elbert Hubbart


lunes, 23 de marzo de 2020

CORONAVIRUS.¡¡¡ POR TI...POR MI....POR LOS DEMÁS!!!

Llevo días pensando si en vez de un Relato Corto como hago normalmente o hago una reflexión en alto. Y...creo que la voy a hacer.

Estamos inmersos en una gran pandemia a nivel mundial. Un virus nos logró paralizar...logró modificarnos la vida y que tengamos que hacer cosas distintas a las que hacíamos antes, muchas de ellas difíciles de entender. Por ejemplo...no relacionarnos. Somos una sociedad abierta, en la que las reuniones se realizan por doquier cada instante. Generalmente nos gusta estar rodeados de gente, ya sean familiares...amigos...colegas del trabajo. Y ahora...nos piden soledad...quietud...parar las máquinas y sencillamente quedarnos en casa. Es la mejor forma para evitar contagiarnos y contagiar, que en mi caso...me parece lo más importante. Por encima de mi...está mi hija...mi nieto...mi marido...mi madre. Son los más cercanos a los que podría contagiar. Sin embargo...no veo a mucha de mi gente... Decidimos meternos en casa como nos dicen, y llevar este tema muy a raja tabla. Por ti...por mí...por los demás!!Como decía el juego de la pilla al que jugábamos de pequeños!!! Es momento de sacar nuestras mejores armas y cuidar de los nuestros. Una llamada...una video conferencia...horas de charla al teléfono...con la tía que vive sola...con tú amiga que vive abajo pero...no tiene a nadie...con tus vecinos...con tú madre y tú padre.¡¡ Es hora de seducir con nuestros encantos!! Vamos a tranquilizarlos... a animarlos...a mimarlos sin tocarlos que...¡¡ ya es difícil!! A preocuparnos por ellos. Es hora de agradecer lo que tantísimas personas están haciendo por nosotros. Están arriesgando sus vidas ¿os dais cuenta? No tenemos mascarillas...ni guantes....ni gafas...!!La gente se juega la vida por nosotros!! Seamos agradecidos por favor, no cuesta nada...es muy simple. Quédate en casa. Juega con tus hijos. Llama a tus padres. Interésate por tus amistades. Pregunta por la gente que está sola...cuida de tus vecinos. Tenemos un montón de herramientas que nos hacen la vida más sencilla. Es una guerra sin cuartel que tenemos que ganar, y no es solo en nuestro país. Estamos todos afectados. El mundo entero. Pongamos todo lo que tenemos de nuestra parte para hacer esto más fácil y llevadero. Solo tenemos que quedarnos en casa y extremar las normas de limpieza diaria.

Yo os cuento mí día a día. Me levanto y lo primero bajo a mis perros por la calle sus 10 minutos para sus necesidades. Cuándo vuelvo con ellos es siempre la misma rutina...hocico...y patitas...lavarlas con agua y jabón y secarlas. Fregar el ascensor ya que lo usé yo con los perros y desinfectarlo a fondo. Esto cada vez que lo utilizo. Después fregar el descansillo y fregar toda mi casa con lejía. Después me toca a mí. Ducharme y alcohol en manos. Y crema. Cada día intento hacer limpieza a fondo de una habitación, unas veces lo consigo...¡¡¡y otras no!! Mis llamadas por wuasap son muchísimas y los mensajes igual. Hablo con todos mis vecinos casi a diario, con mis tías y primos, con mis hermanos, y sobre todo...con mi hija y mi nieto. Estamos mucho rato hablando y contándonos lo que haremos cuando nos veamos. Nuestros planes son...infinitos!!! Y después de comer...ya tengo toda la tarde para planear que hacer al día siguiente...los menús...los ejercicios que hago en casa...mi rato de ordenador...mi lectura y mi música. Las horas me pasan volando!!Y vuelta con las llamadas. Parón a las 8 de la tarde para salir a la ventana a aplaudir a todos los que nos están haciendo estos momentos más fáciles, a quienes arriesgan la vida por nosotros a diario.
Y a las 10 pongo alguna serie y...se acabó el día. Al principio escuchaba noticias a las 3 y a las 9. Ahora no. Escucho música...la música clásica me encanta...la opera...la música sacra...Jazz..¡¡¡.toda la música me apasiona!! La mente tiene que estar tranquila y debemos de buscar distracciones...Que el miedo no nos paralice...Por las noches pongo algún video de mindfulness para dormir relajada. Y ese es mí día a día.

¿Me contáis como estáis y como lo lleváis....??¿ Me contáis desde donde me leéis y que hacéis para paliar tantas horas de angustia??

Yo desde aquí, desde Galicia, donde la lluvia es arte y la morriña la llevamos en la mochila... os mando mucho ánimo y muchos besos.

Por ti...por mí y por los demás!!!!

lunes, 2 de marzo de 2020

FOBIAS, VIRUS Y DEMAS GÉRMENES

Hay un exceso de población, eso es evidente. Ahora vendría la frasecita de mi padre "demasiada gente en el planeta, ahora estallará una guerra. Es la forma de eliminar gente". Pero...ahora ya no hace falta llegar a eso. Ahora está la propagación de los virus., bacterias y productos químicos imposibles de controlar en contacto con el aire para la población. Y en esas nos encontramos ahora. Con un famoso virus pululando por la población mundial. A ese tema vamos... de pronto, me vi inmerso en un mundo lleno de virus y bacterias, a los que yo era completamente "alérgico". Tengo misofobia, o sea...fobia a la suciedad. También padezco bacteriofobia, fobia a las bacterias. Soy perfecto para vivir en un mundo lleno de contaminación. Me encanta todo lo terminado en fobia, parece algo creado para mí. Poseo todo tipo de fobias amen de las ya nombradas. Mi vida se reduce a mi casa, no salgo a la calle. Nunca. A esa...se la llama agorafobia. No tengo animales. Ni uno. A esta, zoofobia. acluofobia fobia a la oscuridad. Mi casa siempre está con luz, durante el día y durante la noche. Y podría seguir enumerando unas cuantas más pero al final me resulta hasta aburrido el tema y...tengo miedo a tener fobia a...las fobias!!
Yo vivo y trabajo desde mi casa. Aquí solo estoy yo y no entra nadie más. La comida me la dejan en la puerta. Yo no tengo relación con nadie, y las personas que entran (mis padres, hermanos y sobrinos) tienen que cumplir un "protocolo" si quieren entrar. Todo lo tenía controlado y todo estaba en orden. Sabía que estábamos teniendo problemas con un nuevo virus, y mi miedo y fobia se acrecentaban a la hora de que entraran mis familiares en casa, ya que los "protocolos" para entrar ahora serían distintos y más complejos. Pero las cosas iban por donde yo quería o eso pensaba. Un día me llamó mi sobrino, que venía a verme. Perfecto. Llamó a la puerta y le di las instrucciones para poder entrar. Igual suena extraño pero nosotros ya estábamos habituados a esto. Adriano pasó y cuándo iba a cerrar la puerta, entró una romería de gente. Así como suena. Aquello era una romería. Entraron unas 5 o 6 personas y yo entré en pánico. Nadie tenía puestas mascarillas y seguramente no utilizaron el desinféctante que había dejado en la puerta. Y para colmo venían con un perro, fue lo último que vi ya que comencé a respirar agitadamente. Entré en crisis y me desmayé. Cuándo me recuperé, estaba acostado en el sillón y tenía un montón de ojos jóvenes mirándome. Eran los amigos de mi sobrino. Todos tenían sus ojos puestos en mi cara, me respiraban encima y me clavaban su mirada. ¡¡Incluso uno me tocaba el brazo!! Y el perro estaba a los pies del sillón, mirándome también como si fuera un payaso de circo. Las luces estaban apagadas y las persianas bajadas. Querían realizar un experimento y ver que le ocurría a ese ermitaño cuándo le ponía las cosas difíciles. Volví a entrar en pánico y a gritar que se fueran, pero esas miradas juveniles y llenas de picardía y curiosidad me observaban. Volví a repetir la jugada y me desmayé de nuevo. Al volver en sí, el perro ya había cogido confianza y estaba encima de mi barriga observándome. Diré a su favor que no pesaba, era un perro mini o como se les llame. Empuje al perro y me senté en el sillón gritando de nuevo. Los jóvenes me miraban como el que mira algo que jamás vio. Y claro...jamás habían estado en contacto con nadie con tantas fobias como yo. Yo miraba sus manos...sus ropas...solo veía gérmenes y bacterias por todas partes.¡¡ El perro se había subido a mi sillón y a mi ropa!! Terrible. Mi sobrino pedía perdón desde una esquina y con ojos llorosos me decía que eran sus amigos y que no sabía que iban a entrar. Me habían pillado infraganti, con la guardia bajada por completo. Y de pronto recordé las palabras de mis psicólogos. Las fobias se curan con una exposición al problema. Era cierto que quizás esta segunda crisis no había sido tan fuerte como la anterior. Y ahora...me estaba permitiendo el lujo de contemplar a esa pandilla de imberbes que me miraban con ojos desorbitados, entre risas y codazos.

Tengo que decir a mi favor que mi esfuerzo fue brutal. Pero...después de un transcurridos unos instantes para que pudiera hacer mis ejercicios de relajación, los mandé sentarse a todos y pedí una explicación.¡¡ La cara de mi sobrino era un cuadro!! Debió de pensar que me los iba a comer con patatas a todos. Lejos de eso...haciendo un brutal esfuerzo, seguí en el salón con todos escuchando. Solo querían ver al tío raro de Adriano. ¡¡Querían comprobar cómo era!! Manda narices. Querían saber si tenía algo extraño. Nunca habían visto a un ermitaño, me dijeron. Me puse detrás del sillón alejándome un poco de la contaminación ambiental, y les mostré como soy. No tenía nada de extraño, era igual que ellos pero con una enfermedad que me limitaba. Con este rollo quiero decir...me había expuesto a mis fobias. Todas a la par. Perdón, no me había expuesto. Me habían expuesto que era lo más gracioso. Y ahí estaba yo...en mi casa, con todo cerrado y a oscuras, con un perro asquerosamente sucio, y un montón de jóvenes atolondrados, llenos de virus y gérmenes. Y mi mente no paraba de gritar que lo estaba controlando. Que siguiera así. Y...quise irme a mi habitación y gritarles de nuevo que salieran, quise comérmelos como si de un lobo habláramos...pero seguí allí sentado..."dándole la vuelta a la tortilla"...intentando sacar provecho de la situación en la que me veía inmerso. Y...me complace decirles...que mis fobias están superadas. Que agradezco a Dios que aquel día los amigos de mi sobrino quisieran ver a su tío el raro...el ermitaño metido en su cueva de Aladino. Gracias a ellos...mis fobias se superaron. Y le debo a esos "imberbes" mi salto a una nueva vida, mi salto a la vida.

¡¡Ah!! Y...me olvidaba de contarles. Tengo un perro en mi casa.

Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo.

domingo, 16 de febrero de 2020

EL MAL

El mal eres tú.... Tú eras una persona inquietante, malvada, perversa. No tenías  sentimientos ni empatía y te regías por la ley del más fuerte. Tú fortaleza residía en tú cuerpo, en tú mente...tú maldad te daba energía. Siempre pensabas en cómo superarte y como seguir provocando más daño a los demás. Hacías daño gratuitamente, sin importarte los sentimientos de los demás. Cuándo me enamoré de ti no sabía todo lo que podías llegar a hacer. Me parecías...alguien inquietante, me descolocabas muchas veces con tus actos y tú forma de hablar, a mí y a los demás. Eso lo vi a las pocas semanas. Ahí tenía que haberme marchado. Ahí tenía que haberte dejado. Pero tenía cierta dosis de enganche contigo. Precisamente tú me habías ofrecido todo tipo de sustancias que jamás en la vida pensaría en probar. Pero tú insistencia...terminé por sucumbir una noche fría de invierno, en la que estábamos en la cama y tú insistías e insistías. Como yo me seguía negando, te levantaste y me agarraste por el brazo, me tiraste de la cama y me diste patadas por todas partes...me arrancaste un mechón de pelo. Me agazapé en un rincón mientras tú seguías y cuándo quedaste agotada...me lo ofreciste de nuevo. Lo agarré sin saber muy bien qué hacer con eso. Pero tú risa histérica y esos ojos desencajados me hicieron espabilar e imitarte en lo que tú hacías. Hice lo mismo que tú y pedí perdón a todos mis seres queridos por lo que iba a hacer, pero no tenía escapatoria. Ahí estaba ella, histérica, con un su bidón de sabe Dios qué, saltando y bailando por la habitación . Era un baile mandito, era el baile del demonio. Ya no recuerdo más de esa noche. Pero si de los días siguientes. Primero me quise escapar, pero tú me vigilabas a todas horas y decías que ya por fin era tuyo. Esa era tú intención. Tenerme a expensas tuya. Ser mi dueña, mi ama. Y finalmente acabé haciendo lo que tú querías. Decías que me amabas, que no podías vivir sin mí y así ya me tenías a tú lado. Tú eras mi suministradora de drogas. Con el tiempo me di cuenta que no podía marcharme de tú lado, eras quién me daba lo que necesitaba, lo habías convertido en una necesidad. Perdí a mi familia, mi trabajo, mis amigos y mi dignidad. A cambio tú me dabas todo lo que yo necesitaba, y cuánto más necesitase, mejor...sabías que de tú lado no podía irme. Eras mi proveedora. Nuestra vida era un caos y yo maldecía constantemente el momento en que te conocí. No sabía cómo alejarme de ti y te necesitaba. Éramos dos despojos humanos. Tú me encerrabas en casa cuándo salías a "comprar". Yo me quedaba tirado, en cualquier sitio, daba igual, la casa era un basurero...vómitos...heces...restos de comida..botellas de vino barato...todo mezclado...como nuestra vida de mierda. Tenía la esperanza de que alguna vez hicieras cosas que no debías y te detuvieran. Sabía que lo hacías. A veces llegabas a casa manchada de sangre y nerviosa. Lavabas tú ropa y te metías en el baño y cerrabas la puerta. Yo intuía lo que habías hecho, pero por desgracia, en nuestro mundo nadie nos busca ni nadie nos echa de menos, somos una carga y un problema, somos escoria.

Y esa noche que llegaste llena de sangre y gritando lo vi claro. Solo había una forma. No quería ser partícipe de tus maldades, no quería esta vida en la que me había metido por miedo a ti. Sabía que si intentaba escapar, tendría el mismo destino que habían tenido algunos de tus colegas. Tú serías mi ejecutora. Esa noche estabas excitada de más. Me contantes lo que había pasado. Siempre decías lo mismo..."no me quedó más remedio". Tus manos ensangrentadas, tú pelo...habías vuelto a matar por la puñetera droga. Y seguían sin cogerte...Fui a por mí dosis, no merecíamos vivir, yo era tan culpable como tú. Me acosté y cerré los ojos. Vi las cara de mis padres y recordé mi niñez. Los besos de mi madre, y los abrazos de mi padre, los días en los que íbamos al río a bañarnos y poco a poco la vida se me iba escapando. Me sentía feliz y en paz. Cuándo te diste cuenta ya era tarde para todo. Gritaste enfurecida y me pegaste llena de ira. Ya me daba igual, la vida se escapaba por segundos, pero sí me dio tiempo a ver que en tú desesperación...hacías lo mismo que yo. Y fue una liberación. El demonio, también se iría a la tumba conmigo. Cerré los ojos y...me fui.

La malicia de los unos nace siempre de la estupidez de los otros. (Hugues-Bernard Maret)