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miércoles, 12 de junio de 2019

INTUICION FEMENINA


Aquel día iba yo había cogido el metro. Mi coche la noche anterior se había quedado sin batería, y tendría que llevarlo al taller en cuanto el trabajo me dejara un rato libre. No solía coger el metro, no es algo habitual, ya que al tener mi coche siempre me desplazaba en él. Había llovido mucho por la noche y estaba el cielo gris, no era un día bonito pero era un día más y siempre son bien recibidos, con agua o con sol. Esa era mi filosofía de vida. Aquel día iba a ser largo ya que tenía mucho trabajo atrasado e iba a tener que alargar mucho el día si quería conseguir sacar todo adelante. Las tareas de la oficina suelen ser latosas y aburridas pero era mi trabajo y ese día me tocaba estar allí sentada al pie del cañón con los números y las llamadas.

La gente se agolpaba en el metro, unos iban leyendo, otros estudiando y otros sencillamente mirando para el personal! Yo era de las últimas, iba mirando a todo el mundo e imaginando sus vidas. ¿Ustedes nunca lo hicieron? es realmente divertido, una forma de pasar el tiempo y de no saber nunca si se acierta o no...Si las suposiciones son verdaderas o falsas. Casi enfrente había un hombre y una mujer, el era joven, tenía pinta de banquero, con su gomina en el pelo y su corbata. Ella era mayor que él, por lo menos...20 años. Me llamó la atención su bolso de mano. Espectacular. De esos que podían costar  4 nóminas mías. Nunca podría yo tener esa clase de bolsos. ¡Yo para mí que tenían un rollo! No se hablaban pero cuando coincidían sus miradas salían chispas. Vaya imaginación la mía. Los observé largo rato y cada vez estaba más convencida. Seguí observando al resto de la gente y montándome mis películas. Cuándo los volví a mirar la mujer tenía la mano apoyada en el asiento y el hombre le rozaba la mano con los dedos. Ahí está sí señor, tenían un rollo fijo!! Llegaba ya mi parada por lo que me puse en pie y cual será mi sorpresa que ellos dos también se levantan. Genial!! Nos bajamos bastante gente en esa parada y yo emprendí el camino hacía mi empresa. Los llevaba delante, por lo que podía observarlos. Iban hablando muy disimuladamente.  Ella era una mujer mayor, pero con mucha elegancia y belleza. Llevaba un abrigo largo negro, y unos taconazos que... ¡¡ya los quisiera poder llevar yo y no andar como una cigüeña mareada!!! En su mano llevaba un bolso de marca. Si señor, una mujer muy hermosa. Y el joven...no se quedaba atrás. Esbelto y de gimnasio, vaya, de estos que se machacan para tener ese cuerpazo! La pareja perfecta. Pero eran amantes. Se les notaba o yo se lo notaba vaya! El se paró a hablar por el móvil, y cuándo pase a su lado escuche parte de la conversación. Llegaría tarde, tenía que ir a ver a unos clientes. ¡¡Vaya que cosas!! Comencé a andar más despacio para que ellos me pasaran y poder seguir mi historia, realmente era una historia interesante. Había descubierto a unos amantes en plena quedada!! Cuándo pasamos por un callejón pequeño, él le dio la mano a ella y la empujó para ir hacía allí. Era un callejón oscuro y sin casas, no entendía muy bien el porque tenían que ir por allí, por lo que decidí esconderme detrás de un contenedor para ver lo que hacían. Hasta ahí llegaba mi curiosidad!! No me habían visto y pensaba que ahí se besarían apasionadamente y mi historia ya tendría un final. 

Mi sorpresa llego cuándo el la arrincono contra la pared, y yo pensé " anda es de los que le va la marcha". Así era yo! Acercó su cara a la de ella y creí que ese sería el comienzo. Le habló al oído. Pero...a la mujer parecía no gustarle mucho lo que el joven hacía. De pronto vi una navaja en la mano del joven que iba directamente al pecho de ella. Quise gritar pero me tapé la boca. ¿Quién me había mandado meterme en este lio? Estaba aterrada  horrorizada y paralizada. Mi corazón en vez de golpear sangre debía de estar golpeando chispas porque estaba eléctrica de miedo. La mujer se fue deslizando por la pared lentamente mientras lo miraba con los ojos muy abiertos. Salí del contenedor y empecé a correr como alma que persigue el diablo. El no me vio. Pero yo los había visto a los dos. Sabía lo que tenía que hacer y eso mismo hice.

Os contaré el final de mi historia para no alargarme demasiado. Llamé a la policía y gracias a mi llamada la mujer se salvó. Eran amantes, y él le había pedido que dejara a su marido y a sus hijos. Ella se negó, era solo una aventura, y el joven apuesto y elegante, quiso acabar con ella. Pero ahí estaba yo para cambiar el rumbo de sus vidas. El hombre terminó en prisión, gracias a la descripción de esta menda, y la mujer terminó después de varias operaciones, curándose, y volviendo a su vida. Cada año, en esa misma fecha, quedamos juntas para cenar, y siempre me trae un regalo. Siempre la misma cosa, un bolso de los que yo jamás soñaría poder comprarme.

La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre.

lunes, 8 de abril de 2019

AMANTES

Dicen que la mentira tiene las patas muy cortas.  A mí nunca me hizo falta tirar de refranes para saber que me mentías. Tú mirada lo decía todo. Era dubitativa, esquiva, nerviosa. Tus manos se entrelazaban de una forma peculiar, en la que los dos dedos meñiques se frotaban y parecían dispuestos a emprender un pequeño baile por la mano. Esa noche supe que era mentira todo lo que me estabas contando, esa noche supe que  me estabas mintiendo. Quizás para no hacerme daño, quizás para no verme sufrir, pero todo lo que me estabas contando no era cierto. Tus ojos y tus manos te delataban. Toda una vida trabajando juntos te da ciertos privilegios que otros no tienen. Me estabas diciendo que las cosas no iban bien en el trabajo, que había que comenzar a hacer recortes, que sobraba gente...y yo sabía que no era como lo estabas diciendo. Las cosas no iban bien, era cierto, pero nos podíamos arreglar, no hacía falta que nadie se fuera de la empresa. No hacía falta que la gente se quedara sin trabajo, había más formas de arreglarlo. Pero no me estabas preguntando. Ya estabas dando por sentado que había gente que se iría al paro. Dijiste de comenzar por Alexia. A mi me chocó ya que sabía de vuestra buena relación. Sabía que erais buenos amigos, y comenzar por ella no me pareció normal. Te pregunté cómo te habías decantado por ella y tú contestación fue cuánto menos alucinante. Porque sí. Y así...me mandaste al despacho de Alexia y como pude le trasmití tus palabras, pero con más tacto. Alexia no se lo podía creer. Tú estabas escuchando y mirando desde la puerta de enfrente. La sombra te delataba. Lentamente Alexia se levantó, pasó el brazo por su mesa y tiró con todo lo que había en ella, incluido el portátil. Abrió la puerta y llamó a tu despacho. Los gritos se oyeron en toda la planta. Todos nos enteramos de porque se iba Alexia. Una noche de juerga, te había propasado con ella. Y ella no dijo nada, hasta que seguiste con el temita y decidió ese mismo día ir a recursos humanos. No le dio tiempo. Te encargaste de que tú artimañas quedaran ocultas bajo un despido.

A las dos semanas me llamaste a mí al despacho. Ahora me tocaba a mí, eso me dijiste. Y me pregunté enseguida el porqué. Conmigo...¡¡.no te habías sobrepasado nunca!!¿Cuál era tu motivo oculto? Mi cara era un poema, tampoco lo esperaba, pero me imagino que como Alexia. ¡¡Estaba resultando que no te conocía querido amigo!!Detrás de cada despido había una causa que nada tenía que ver con el trabajo. Te estabas sacando a la gente de encima que te molestaba, y yo no sabía que tenías en mi contra. Éramos compañeros desde hacía muchos años, nuestras mujeres eran amigas, nuestros hijos hacían deporte juntos, salíamos muy a menudo a cenar juntos y de viaje. ¿Y me hacías esto? No te supliqué, solo te miré fijamente y recogí mis cosas. Era un adiós definitivo. No quería volver a verte, pero si quería saber el motivo de mi despido. Lo primero que hice fue ir a tú casa, a preguntarle a tú mujer. ¡Fui el último en enterarme! Habías tenido una aventura con mi mujer de varios años, y ahora ella pretendía que vivierais juntos. Ibais a preparar el divorcio para poder casaros. ¡Alucinado me quedé! ¿Y por eso pretendías despedirme?...para quedarte con mi mujer...¡¡No hacía falta tanta parafernalia hombre!! ¡¡En cuánto ella me hubiese pedido el divorcio yo le hubiese dicho que sí inmediatamente!! ¿Y sabes el por qué? Porque yo también tenía una aventura con tú mujer desde hacía unos años!!!!

Al final te demandé, demostré que mi despido no tenía nada que ver con el trabajo y fui readmitido. Tú y mi mujer ya vivíais juntos, pero tú te fuiste al paro y yo volví al trabajo. ¡¡¡Yo me quedé con tú mujer y tú con la mía!!!

Una mujer que huye con su amante, no abandona a su marido. Le libra de una mujer infiel. – Sacha Guitry

viernes, 22 de marzo de 2019

SECRETOS

¿Quién no tiene algún secreto en su vida? Levante la mano por favor. No se lo cree ni usted. Todos, absolutamente todos guardamos algún secreto. Unos más importantes que otros, otros inconfesables. Algunos nos sacan el sueño y otros nos producen pesadillas. Mi secreto, es de los que no te dejan dormir, de los que te producen pesadillas y angustia. De esos secretos que si se saben te arruinan la vida, por lo que es mejor tenerlo guardado en tú corazón y jamás compartirlo. Ni a tú mejor amigo, ni en un momento de debilidad. Los secretos, son eso mismo...secretos. Secretos que deben de pertenecernos y gestionarlos como mejor sepamos. Yo a lo largo de mi vida, aprendí a gestionar una parte del mío, pero la parte más complicada no sé cómo gestionarla. Me puede arruinar la vida y la de los míos también.

Una noche que había bebido más de la cuenta, estuve a punto de contárselo a un buen amigo. Pero, gracias a Dios, no lo hice. Ese que yo creía tan amigo, resultó ser un fraude. Su amistad no valía la pena. Y muchas veces recuerdo ese momento en que ¡casi suelto por mi boca mi gran tragedia! Seguramente ahora mismo, sería todo de dominio público. Lo hubiese contado todo, a mi familia y al resto de mis amistades. 

No suelo dar consejos, no soy quién, pero os diría...que jamás contéis un secreto. Es vuestro y no se comparte. Duele mantenerlo dentro de nosotros. A veces, querríamos gritarlo a los cuatro vientos y liberarnos de esa pesada culpa que nos aprieta el corazón. ¡Pero ojo! Ni se os ocurra.

Y ahora...al grano. ¿Queréis que os lo cuente? Estoy de nuevo dudando...Me oprime demasiado y necesito liberarme, necesito soltar mis culpas y poder dormir tranquilo. Pero...¡¡¡siento deciros que no os lo voy a contar!!!

¡¡¡Es...mi secreto!!!!

A quién le cuentas tu secreto le vendes tu libertad. Anónimo.

lunes, 4 de marzo de 2019

EL DIABLO SE VISTE DE ROSA

Mi madre siempre me decía que de pequeña, era una niña caprichosa y que todo lo quería comprar. Eso es una estupidez. Todos los niños lo quieren todo, yo no era distinta a los demás. Cuando fui creciendo, ella siempre me recalcaba que siempre quería todo y que no podía ser. Mi madre pecaba de ser muy pesada y cansina. Volvemos a repetir lo de siempre. ¿Quién no quiere comprar cosas? Era una adolescente y para rematarlo muy guapa. Necesitaba comprarme cosas, mi pelo tenía que lucir siempre impecable y mis uñas perfectas. Parecía que mi madre no comprendía que la belleza hay que cuidarla y trabajarla, nadie regala nada. Pero ella erre con erre que ¡no podía gastar tanto en mí! Vaya estupidez, para eso está trabajando. Yo nunca pedí venir a este mundo, y si ella fue la responsable de que yo esté aquí, ahora su responsabilidad es cuidarme y colmarme de caprichos. A veces, la miro de reojo y la veo mirándome de una forma extraña, observándome...como si quisiera leerme el pensamiento. ¡Imposible!. Mis pensamientos me pertenecen y no los pienso compartir. Menos mal que mi padre es distinto. El sabe de mi belleza y atractivo, sabe que debo de cuidarme, la belleza te abre muchas puertas, y yo estaba dispuesta a que empezaran a abrirse en menos de que canta un gallo. Me estaba hartando de aguantar a mi madre, y lo que salvaba la situación era mi padre que era un santo. Nada que ver con mamá. Todo lo que yo le pedía me lo traía inmediatamente. El era bueno y amable, dispuesto a ayudarme en todo, dispuesto a hacerme la vida agradable y feliz. ¡Lo adoraba!

Una tarde de verano, en la que hacía un calor sofocante, estaba yo refrescándome en la piscina. Papá y mamá entraron en el jardín y se sentaron en la mesa. Estaban hablando, susurrando casi. Yo estaba en el agua pegada al bordillo e intenté agudizar el oído. No me gustaba cuándo susurraban. Mamá le estaba diciendo a papá que no podía consentirme todo, que dejara el miedo a un lado y se enfrentara a mi. ¡Será pendeja la muy mala! Estaba poniendo a mi padre en contra de mí!!!!! Papá le decía que me tenía miedo, que lo mejor era darme todo lo que pedía y que ella tenía que hacer lo mismo. ¡¡ Vaya vaya!!! Estos tortolitos se estaban desmadrando. Y acto seguido comenzaron a hablar de otros temas más interesantes. La herencia. La rica herencia que me esperaba en cuánto ellos faltaran. Sería libre de comprarme cuántas cosas quisiera sin dar explicaciones ni poner cara de ñoña. Tendría el mundo a mis pies y  lo tendría todo. Belleza y dinero. No podía esperar mucho para poner mi plan en marcha. La ansiedad ya me estaba devorando por dentro. Estos dos estúpidos tenían que desaparecer del mapa. Llevaba años planeando como iba a hacerlo. Estaba todo atado y bien atado. A pesar de ser joven, esta idea la llevaba maquinando en mi cabeza desde que era una niña. 

El día elegido, me vestí de rosa. De arriba abajo. Zapatos vestidos y bolso. Era un color que mi madre odiaba, se lo dedicaría en su último día. Sabía que se servirían por la noche un whisky, el cual yo había "edulcorado" previamente. Cuándo ya llevaban media hora los dos solos, tomando su bebida fresquita, hice yo mi aparición. Iba preciosa. De rosa de los pies a la cabeza. Mamá me miró y enseguida se dio cuenta que era el día elegido por mi para que desaparecieran de mis vidas. Tiraron los vasos al unísono, y se tiraron los dos en el suelo retorciéndose, pero lo último que vieron, fue a mí...vestida de rosa. Impoluta. Impecable. Hermosa. Libre.

¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios.
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.

lunes, 12 de noviembre de 2018

LOS FANTASMAS




Te había ido repentinamente una mañana de otoño, y yo no supe encajar la vida sin ti. Todo dejó de tener sentido, no había alicientes...no había motivos para vivir, no había motivos para nada. Me hundí en la depresión más grande que podía imaginar. Todos los días eran noche...todos los días eran negrura, una negrura espesa y densa. La vida era difícil sin tú presencia física, sin tus consejos, sin tu amor desinteresado, sin tú compañía, sin tus risas y bromas. Era difícil emprender una nueva vida sin contar contigo. Nadie podía suplirte, nadie podía reemplazarte, nadie podía consolarme. Recuerdo una vez en la que me dijiste que aunque te murieras, harías lo posible para permanecer a mi lado, para cuidarme, para seguir amándome. Y ahora...no estabas conmigo. Te debías de haber encontrado con fuertes barreras porque yo no notaba tu presencia y eso hacía la pena más amarga. Estaba pendiente de cada cosa que ocurría a mi alrededor, cada ruido de escuchaba...siempre pensaba que eras tú mandándome señales. Señales que estabas a mi lado, señales que me avisarían de que hay otro mundo y en el que en algún momento podríamos volver a estar juntos.

Pasaban los días y el comienzo de los meses y yo seguía hundida en el lodo, en el fango. La vida no tenía sentido, estaba sola en el mundo y no encontraba ningún aliciente para seguir con mi vida. Ese día, yo miraba las pastillas que estaban encima de la mesa con cierta fijación. Elucubraba sobre cómo podía detener mi vida, pero el miedo era más poderoso que yo, y dudaba. De pronto, las dos cajas de pastillas se cayeron al suelo. ¡Ahí supe que estabas a mi lado, que por fin habías logrado alcanzarme y estabas conmigo! Habíamos hecho un pacto, si había vida después de la muerte, te pondrías en contacto conmigo. Ansiaba cada cosa distinta que ocurría en la casa, cada pequeño detalle que me llevaran a intuir que eras tú, que me protegías, que estabas a mi lado. Los días pasaban y los acontecimientos iban ocurriendo. Tirabas vasos, movías sillas, me desordenabas la ropa. Y yo era feliz, te sabía a mi lado. Una noche, creí escuchar tú voz llamándome. No quería obsesionarme pero...eras tú. Y de pronto...escuché también la voz de tú madre. ¡Hablabais entre los dos, como si yo no os escuchara! Comentabais lo desesperada que estaba, y tú madre decía que siempre había estado un poco loca, y tú pérdida me había trastornado más. Yo no sabía si reír o llorar. ¡Mi suegra también había venido! Esa noche fue divertida. Me sentí acompañada de nuevo. Estabais los dos pero se iba sumando gente, la vecina del 2 piso que se había muerto recientemente y el seño Paco, el de la tienda, que le había quedado a deber una de las facturas de la compra. Hablaron hasta el amanecer. Era un jolgorio de voces que no paraban ni un segundo. Al alba mi cabeza estallaba. Intenté irme a descansar pero los escuchaba desde la cama. Eran conversaciones divertidas y con muchas risas, pero después de varias horas se hacían agotadoras. Me quedé dormida mientras seguían parloteando. Caí en un sueño profundo y relajante. Por fin había conseguido dormir después de tantos meses. Cuándo a media mañana me desperté, seguíais hablando y yo me senté a escucharos. Quería hablar con vosotros pero no me escuchabais. Intente saber cuántos estabais allí. Erais demasiadas voces, demasiadas personas hablando. Descubrí que se habían sumado mas personas. Distinguí la voz de Maria, mi amiga, la de Pedro, y varias voces más que no era capaz de recordar. Me senté a escucharos, tú decías que eso de la muerte era un asco. Que nos vendían algo muy bonito y aquello era todo menos bonito. Pronto todas las voces comenzaron a opinar y de nuevo la jauría humana volvió a llenar la casa de voces y gritos. ¡Todos opinaban sobre la muerte y sus consecuencias y unos pisaban a otros al querer hablar! Fueron horas de cuchicheos, risas y voces en alto, hasta que finalmente me cansé y grité hasta que me dolían los pulmones. ¡No aguantaba ni una opinión más! se oyeron risas y más risas, ¡¡¡se estaban riendo de mí!! Ya era lo que me faltaba. Sonó el timbre de la puerta y era mi vecina y amiga, Ángela. Me había escuchado gritar y venía a ver si me encontraba bien. Opté por hacerla pasar y que ella misma escuchara. El silencio era abrumador. Las voces habían desaparecido. Nadie hablaba, era como si se confabulasen para hacerme quedar en ridículo. Ángela pasó un rato conmigo y yo decidí no comentarle nada ya que había un silencio absoluto en mi casa. Hablamos y le conté como te echaba de menos, a lo lejos...ligeramente...escuché una risa. Giré mi cabeza para todas partes y afiné mis oídos. Si. Se escuchaban unas risas a lo lejos. Me enfadé y elevé la voz de nuevo gritando. Ángela estaba descompuesta, mirándome con los ojos salidos de las cuencas. Yo intenté explicarle lo que estaba ocurriendo, pero ella asustada intentaba consolarme y decirme que me relajara. Fue a la cocina y me hizo una tila, en ese momento yo aproveché para reñiros, no podíais hacerme eso, Ángela iba a pensar que estaba loca. Mientras os reñía la observé de refilón mirarme desde la cocina asustada. Salió de casa asustada, descompuesta por mi forma de actuar y ahí estabais vosotros de nuevo parlamentando. Mi casa volvía a ser un bullicio de voces. A la media hora llamaron a la puerta, cuando abrí, como por arte de magia, las voces se callaron. Ángela había llamado a la ambulancia y venían los médicos. Yo me revelé e intente explicar lo que estaba ocurriendo, pero el médico parecía no hacerme caso. Intentaba hablar conmigo y me dio una pastilla y me puso una inyección. Ya no me enteré de nada más. Solo escuché la palabra esquizofrenia, y me dormí.

El médico, seguido de Ángela, abandonó la casa. Me llevaban al hospital. Tenían que ingresarme en la unidad psiquiátrica. Tenía delirios y escuchaba voces. Eso era motivo de ingreso. 

Ángela cerró la puerta de mi casa llorosa y quejumbrosa. De pronto, escuchó voces en el interior. Mechas voces a la vez, atropellándose al hablar y carcajadas muy sonoras. Abrió la puerta asustada y las voces dejaron de escucharse. Asustada cerró la puerta de nueva y de nuevo volvieron a escucharse las conversaciones en tono elevado y atropelladamente, voces de hombre y de mujer, voces alegres y voces asustadas, voces...distintas voces. Ángela desesperada, bajó las escaleras atropelladamente. Quería avisar al médico de lo que ocurría, pero...apoyo mal el pie y cayó escaleras abajo.

“Ser visto es la ambición de los fantasmas. Ser recordado, la de la muerte”. Anónimo

jueves, 6 de septiembre de 2018

EL TUTOR


"Siempre fui una niña tímida y asustadiza. Mi historia parecería la de otra niña cualquiera pero quizás más triste. Me robaron mi niñez, me despojaron de mi pudor, de mi virginidad. Mi cuerpo se llenó de odio y ansiedad, de angustia y llantos. Y también de moratones...tapados siempre debajo de las mangas de la camisa...ocultos de la vista de la gente. No recuerdo ya muy bien cuándo comenzó esto, pero era muy pequeña. Comencé en el colegio y al poco tiempo comenzó la peor pesadilla que cualquier niño pueda vivir. Mi tutor de clase era un hombre muy religioso y bondadoso. Se preocupaba de que hiciéramos nuestras tareas diarias y de enseñarnos educación y saber estar. Un  día, que estaba en el jardín, ya que era el recreo, y esperaba a que salieran todos mis amigos, él se acercó y me dijo que me llevaba a la cocina a darme un vaso de leche. Yo me puse contenta, pues le había dicho que mamá se había olvidado de meterme mi bocadillo para el recreo. Me dio la mano y fuimos andando.  Mientras andábamos él saludaba amablemente a los demás niños y profesores. Yo me sentía grande a su lado, crecida, importante. Las niñas me miraban con envidia, ya que me iba a dar ¡un vaso de leche con galletas un profesor! Pero por los caminos de la escuela, nos desviamos de la cocina y entramos en su despacho. Yo me senté en una silla, pensando que él iría a la cocina a por la leche y yo esperaría allí. Y esa fue mi primera vez. Mi primera bajada a los infiernos. Cuándo todo terminó, me amenazó con que si lo contaba algo muy malo les ocurriría a mis padres y a mi hermanita. Yo estaba muy asustada y ese día me puse muy mal. Era la temida ansiedad que me estaba devorando. No comprendía como mi profesor podía hacer esas cosas, que a mi no me gustaban, conmigo. Esa noche y muchas más...lloré mucho a escondidas de mis padres. Pasaron los días y las semanas y eso se hacía ya asiduamente. El me miraba y yo sabía que tenía que acudir a su despacho. Y volvíamos a bajar a los infiernos. Días y meses...años. Años muy duros, en los que mi familia decía que era retraída, una niña apagada, triste, sin vida. Y es que ellos no lo sabían, pero yo estaba muerta. Mi vida era ansiedad más pánico....no querer encontrar esa mirada que me decía "vamos". Mi vida se reducía a esperar...esperar a que esos ojos que yo creía bondadosos...me dijeran "vamos pequeña"  y con ese vamos...yo iría al infierno...estaría con el mismísimo demonio en la misma habitación, sus manos velludas y asquerosas me acariciarían el cabello y comenzaría así otro día de infierno inolvidable.

Me iba haciendo mayor y los abusos no paraban. Ya era como una rutina asquerosa, una bajada a los infiernos sin luchar, un vivir en este mundo sin estar presente. Pero también fui comprendiendo que eso no era lo normal, que él no tenía derecho a hacerme esas cosas ni a amenazas continuas. Me tenía atemorizada. Cuándo mi hermanita comenzó el cole, él se acercaba a ella y sonreía mirándome. Y con eso ya bastaba para saber lo que tenía que hacer. ¡¡ Basta ya!! No iba a consentir que me tocara una sola vez más. No iba a consentir que le hiciera lo mismo a mi hermana. Incluso... ¡a saber si se lo hacía a otras niñas!

Todo fue muy rápido a partir de esa decisión. Esa misma noche hablé con mis padres y les expliqué lo que llevaba años pasando. Fue un drama. Mamá y papá lloraban sin cesar. Papá solo daba vueltas diciendo cosas terribles. Llamaron a mis tíos que enseguida tomaron la iniciativa en todo. Primero a la policía. Y ya fue todo encadena. De allí al hospital donde se confirmó que yo no mentía. Y ese fue casi mi final de estos abusos que rompieron mi vida en ese momento. El profesor fue juzgado y declarado culpable de los abusos. No era yo sola, había más alumnas, y cuándo yo lo denuncié, las demás niñas hicieron lo mismo. Fue un autentico bombazo en la ciudad y en el colegio, fue un autentico drama para todas. Pero hicimos lo que teníamos que hacer. Pararlo.

Hoy se puede decir que soy una mujer que vive feliz pero no olvida. Me dedico a dar charlas en los colegios de forma altruista. Intento que nadie se calle ni un solo día cuándo ocurren estas cosas, y os animo a las personas que veis o vivís algo similar...que denunciéis. Esos mounstros merecen su castigo. Su bajada a los infiernos."

'En cada niño se debería poner un cartel que dijera: Tratar con cuidado, contiene sueños' (Mirko Badiale).

"Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo". (Alie Wiesel)

Leer más en: http://crecimiento-personal.innatia.com/c-frases-para-reflexionar/a-10-frases-contra-la-violencia-5697.html
"Un niño no es un juguete, es la más grande manifestación de la naturaleza, la divinidad y la inocencia en todo su noble esplendor… ámalo, cuídalo, cultívalo; NO lo violentes, pues no merece sufrir por tus falencias". (Anónimo)

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"Un niño no es un juguete, es la más grande manifestación de la naturaleza, la divinidad y la inocencia en todo su noble esplendor… ámalo, cuídalo, cultívalo; NO lo violentes, pues no merece sufrir por tus falencias". (Anónimo)

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"Un niño no es un juguete, es la más grande manifestación de la naturaleza, la divinidad y la inocencia en todo su noble esplendor… ámalo, cuídalo, cultívalo; NO lo violentes, pues no merece sufrir por tus falencias". (Anónimo)

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martes, 28 de agosto de 2018

INTERNET

Puedo decir a ciencia cierta, que era una persona feliz. No buscaba nada ni a nadie. Soy un hombre viudo, sin hijos, sin familia, pero era feliz. Tengo muchas amistades relacionadas casi todas con mi trabajo. Como todos los días fuera, viajo mucho, siempre con compañeros, tenemos cenas a menudo. Era feliz en los últimos años de mi vida, ya superada la muerte de mi mujer, y en paz con el mundo...me dedico a vivir estos años que me quedan.

Cierto día, me sonó la campana en una de mis redes sociales, de aceptación de amistad. La iba a rechazar pero al final me dije a mi mismo que sería otra persona más en una red que casi no utilizo. ¡Pero estaba muy equivocado! Resultó ser una mujer de mediana edad, bellísima, culta y con ganas de hacer amigos, ya que llevaba poco tiempo en la ciudad y buscaba gente con la que compartir un café...un cine o una lectura de un libro en un parque. Durante semanas hablábamos todas las noches, de arte, de música clásica, de política. Era una mujer impresionante. Cualquier tema que tocaba...ella estaba al día en todo. Era como si de pronto, mi media naranja apareciera en una pantalla. Mis amigos me tomaban el pelo y se reían de mí, avisándome de que internet es un mundo distinto al que nosotros estamos acostumbrados. Ese fue el momento en el cual me dije que la tenía que conocer, no vaya a ser que en vez de Marta...en realidad sea Pedro.

Y así concertamos una cita en mi casa. ¿Soy bobo? .Ahora lo sé. Esa tarde vino y era una mujer espectacular, mucho más hermosa que en las fotos. Pasamos la tarde en mi casa y yo le mostré orgulloso todas mis obras de arte. No había nada que temer. Era una mujer fabulosa. Tenía interés por todo lo que yo hablaba y le mostraba. Vimos mis cuadros detalladamente, mis esculturas. No, no soy millonario, pero se puede decir que casi. Mis obras de arte son heredadas pero otras las fuimos comprando mi mujer y yo.

Esa semana Marta pasaba asiduamente por mi casa. Generalmente traía la prensa y yo la ojeaba mientras ellas se sentaba a mi lado e íbamos comentando noticias. A finales de semana yo le había dicho que yo tenía una cacería, con unos amigos. Nos iríamos el fin de semana como hacíamos muchas veces. Pero prometí que en cuanto llegara la llamaría. Estaba  muy ilusionado con esa nueva amistad que pensaba que podría ser otra cosa, podríamos terminar en una relación seria. Yo tenía mi vida realizada y podría darle a ella estabilidad, tanto económica como sentimental. Ella parecía que a mi lado se encontraba a gusto también. Veríamos como se iba desarrollando todo.

A la vuelta de la cacería, nada más meter la llave en la puerta de casa, vi que me habían desvalijado. Habían entrado a robar y se habían llevado mis mayores tesoros. Mi herencia. Mis cuadros, mis obras. Llamé inmediatamente a la policía y cuándo llegaron comprobamos que me faltaba desde el dinero hasta las joyas de mi mujer, a parte de los cuadros y otras muchas cosas. Mi dolor era inmenso. Estaba abatido y triste. Los abrigos de piel de mi mujer...sus joyas...sus cosas...todo había sido tocado y revuelto y por supuesto se lo habían llevado. Puse la denuncia en la comisaría e inmediatamente llamé a a Marta. El teléfono estaba apagado. Nunca más lo volvió a encender. Había sido engañado como un tonto, y mi estupidez había servido para que esa "señora" se hiciera con toda mi casa y mis pertenencias.

En uno de mis múltiples viajes al extranjero con mis amigos, un día vi a una mujer espectacular. Iba andando por la acera de enfrente, alta y erguida. Me fijé en ella porque se me hizo conocida. Cambié de acera y me puse detrás de ella. El abrigo de piel era idéntico al de mi mujer. Lo reconocería en cualquier parte ya que lo hicieron para ella a su antojo. La llamé por su nombre. Marta. Pero no se giró. Pasé a su lado y de reojo la miré. Era ella. El mundo es un pañuelo. Allí estaba paseando con el abrigo de mi mujer y las joyas de otra. Era una vulgar ladrona. Entró en un café y se sentó. Yo mientras estaba afuera llamando a la policía, y observaba como abría su tableta y comenzaba a hablar con alguien. La historia se repetía.

La desconfianza y la precaución son los padres de la seguridad. -Benjamín Franklin.