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miércoles, 15 de junio de 2016

UNA MOLESTIA

La soledad se había convertido en mí fiel compañera. Éramos inseparables y dolorosamente amigos. Nos dábamos paz y quietud...sosiego...tranquilidad. Demasiada tranquilidad. Muchas veces desearía que mi mundo se viera trastocado por cualquier causa. Pero ninguna causa parecía acercarse a un viejo como yo. La vejez es lo que tiene, que parece que huele mal y nadie se acerca a nosotros. Nuestros sentimientos y sabidurías los dejan aparcados por la simple razón de que envejecemos, y molestamos. Allá a donde vayamos siempre molestamos. Si las manos te tiemblan y te cae el café...malas caras... ¿A ti nunca se te cayó un café cuándo eras pequeño? Pues a mí también. Se me cae, porque soy mayor, porque mi cuerpo envejece por los años vividos, por las experiencias que amargan y los momentos duros que la vida nos depara, nos achican. Pero mi cerebro y mis sentimientos siguen intactos. Os oigo todo lo que decís...sé todo lo que pensáis...y pensáis que todos nosotros somos un estorbo. En ese instante de mi vida todo cambió. Mi vida se vio alterada por una serie de sucesos que acontecían en el Asilo donde estaba pasando mi vejez. Comencé a notar que éramos una molestia y un estorbo.

 Un estorbo muy lucrativo, ya que por mi estancia en este lugar os estoy pagando muchos euros al mes. Os creéis que sois muy habilidosos y que todo lo hacéis bien. Sibilinamente nos estáis drogando para que no os molestemos. Lo sé porque lo veo. Mi compañero de habitación, Adolfo, se pasa el día durmiendo. Yo escondo las pastillas que me dais y permanezco despierto en la cama, haciéndome el dormido. Y os oigo...qué triste y dolorosos final nos espera. Los que aquí estamos no recibimos visitas, estamos solos en el mundo, por eso estamos aquí. Nos supieron atraer muy hábilmente. Nos vinieron a buscar a nuestra propia casa. Lo vendimos todo para poder ingresar aquí, donde nos iban a cuidar y dar el amor que por otro lado ya no recibimos. ¡Ignorantes de nosotros! Nos fiamos de vuestra palabra, pero juré que haría todo lo posible porque alguien se enterara de lo que aquí acontecía.

La noche en que murió Adolfo  se me presentó la oportunidad de ver algo de luz. Juré venganza para él. Cuándo vinieron a llevarse el cadáver, pude acercarme a ti. Estabas vestido de negro y corbata, como requiere la ocasión. Serio y dolorosamente callado me rogaste con la mirada que saliera de la habitación. Cuándo pasé a tú lado te metí un papel en el bolsillo. En él te explicaba nuestra situación. Nos drogaban y nos mataban para quedarse con nuestro dinero. Las misas de funeral eran muy frecuentes en este asilo y parecía que nadie sospechaba nada. Los muertos cada día eran más...y los vivos éramos menos. Lo mejor era pasar desapercibido, no molestar...no hablar...no hacerse notar. Y eso estaba haciendo hasta ese momento. Al meter la nota en el bolsillo sentí alivio pensando que por fin vería algo de luz en esta historia. Mi vida no había sido precisamente fácil para terminar ahora así. En manos de unos desalmados sin sentimientos, unos asesinos  de victimas fáciles.

Esa misma noche, cuando estaba acostado intentando no pensar en lo ocurrido y esperando acontecimientos, entró el doctor. Me puse algo nervioso pero supe disimularlo. Su visita no era frecuente, aunque cuándo lo hacía siempre significaba algo malo. Me miró con sorna. Sus ojos perversos tenían esa noche un brillo extraño. Se acercó a mí lentamente llamándome por mi nombre y con la mano en el bolsillo de su bata iba sacando poco a poco el papel que con tanta esperanza le había metido en el bolsillo al hombre de la funeraria. Enseguida encaje el puzle. Todos eran complices. Eran testigos mudos de crueles asesinatos.Unos asesinatos que les resultaban muy provechosos para sus bolsillos. Y el siguiente era yo. Nunca encontraría venganza para Adolfo ni para los demás. Las muertes seguirían ocurriendo y nunca nadie lo sabría o nunca nadie se molestaría en saberlo. Somos viejos...ancianos...molestamos...

El doctor sacó una aguja y la insertó en el brazo del anciano.

En medio de la nada, el Asilo permanecía silencioso. El trigo se mecía provocando un ruidillo que mezclado con el canto de los pájaros, parecían entonar una triste canción.


» Lao-Tsê  (570 AC-490 AC) Filósofo chino



lunes, 18 de abril de 2016

NADA ES LO QUE PARECE

Helena solo deseaba que él pasara las noches con ella. Era el hombre de su vida...tierno...cariñoso...educado...alegre y simpático¡ es que ella no podía pedir más!. Estaba realmente enamorada de él. La había logrado conquistar cuándo ella creía que ya estaba para vestír hábitos, como decía siempre su abuela. "Hija, como no apures en buscar un hombre vas a quedar para vestir hábitos". Parecía que las mujeres de antes solo le encontraban sentido a sus vidas si tenían un hombre a su lado. Ella era de la opinión de que sola estaba muy felíz, ya que su mejor amiga era ella misma. Pero él apareció un día en su vida y...la revolucionó. Tenían todo en común, desde el deporte hasta los ordenadores, la alimentación...el placer de leer y el de la música. Era increible. Aún no se lo podía creer...nunca pensó que existiera una media naranja.

Lo había conocido por una red social y de eso ya hacía dos años. Todo iba a las mil maravillas, parecía vivir en el cielo con él. Tan solo discrepaban en una cosa. El quería irse a dormir siempre a su casa. El día no le importaba compartirlo ...pero...las noches eran otra cosa. Ella solo deseaba que algún día él se quedara a vivír con ella para siempre. Pasaba alguna noche pero no era lo corriente. Decía que tenía que atender a su madre, que vivía sola.¡ Si es que era un hombre buenísimo!.

Alejandro cerró la puerta del portal y comenzó a silbar. Miró a ambos lados de la calle y comenzó a andar hacía su casa. Acababa de salír de casa de Helena, era la 1 de la madrugada y ya iba a llegar muy tarde a casa de su madre. Daba igual, su madre estaba bien y aunque se retrasara no pasaba nada. Caminó felíz y contento hasta llegar a casa. Abrió el portal y subió las escaleras a paso apurado. Metió la llave en la cerradura y dió dos vueltas de llave hasta que la puerta se abrió. La televisión se oía en el salón y saludó a su madre desde la puerta. Se preparó la cena en la cocina y fue a cenar al salón. Su madre estaba sentada en el sillón. El la miró de reojo y sonrió. Para sus adentros pensó que su madre siempre había sido un estorbo. El necesitaba seguír cobrando su pensión para seguír con su vida. Había sido muy fácil acabar con la vida de su madre. Mientras ella veía la televisión cogió una cuerda y desde atrás la asfixió hasta que dejó de respirar. Ahora tenía que intentar ocultar el cuerpo el máximo tiempo posible. La pensión de su madre se le hacía muy jugosa y ahora que había aprendido el juego de la muerte...se le estaba ocurriendo..¡¡¡¡¡¡¡¡¡otro plan perfecto!!!!!!!!!!!!. Qué fácil resultaba matar y que pronto uno se aficciona.

La crueldad, como cualquier otro vicio, no requiere ningún motivo para ser practicada, apenas oportunidad.
George Eliot.

jueves, 7 de abril de 2016

Y...ELLA CREE

Va a hacer seis meses que te fuiste...
Medio año ya...
Un día lluvioso...y triste...
Y ya no quisiste despertar...

 Han pasado muchas cosas...ninguna que mencionar...
Solo que te extrañamos...y que en nuestro corazón siempre estarás.
Echamos de menos tus virtudes...y tus defectos... ¡para que negar!
Es un camino...difícil de andar...

Y...ella cree que algún día de nuevo te verá...
Que estarás descansado y de verla te alegrarás...
Y que todos juntos de nuevo...
La vida comenzará...
En otra dimensión y en otro plano...
Pero ella te verá....

Y yo creo papá que te fuiste y que jamás volverás...
La vida sigue para todos a pesar de no ser igual....
Tenemos más responsabilidades...
Y un recuerdo difícil de borrar...

Y ella cree...y yo creo...
Que jamás te hemos de olvidar...
En eso estamos de acuerdo....
Y no nos vamos a pelear…

Tu recuerdo perdurará..Papá…
Palabra que no volví a pronunciar.
Te quiero.


Dedicado a mi padre, que se fue un 26 de octubre. Y a mi hija, que cada día lo ve por todas partes.. y le es imposible de olvidar, a mi padre y a su abuelo, con todos sus grandes defectos y sus grandes virtudes
Y ella cree...Y ella cree.


martes, 8 de marzo de 2016

LOCA

Mi locura no es tal, es desasosiego, es ansiedad. No tengo por qué demostrarle al mundo que no estoy loca, que los locos son los demás. Creen en  lo que ven ¡ciegos ellos! cuán necios demuestran al no saber mirar más allá de lo que ven. Miran de frente... con la cabeza elevada, estirados, rectos, pulcros, y no ven más allá.

Los hechos acontecieron al finalizar un invierno crudo y duro. Las cosechas se habían arruinado y poco les quedaba a los pobres que llevarse a la boca. Los críos se agarraban a los vestidos de las damas implorando unas migajas de pan, llorando de pura desesperación. Aquel día iba yo camino de la Iglesia, temerosa de todo lo que me rodeaba e implorando al Señor que mis cuitas no fueran reales.
Con paso firme entré en la Iglesia y rodeé las hermosas columnas de estilo románico. Llevaba varios días haciendo el mismo recorrido y repitiendo los mismos pasos, para comprobar si mis ojos me habían engañado o no. La Misa había terminado hacía pocos segundos, por lo que Don Isauro, se había retirado con los niños del coro. La gente salía de la Iglesia pero yo era la única que había entrado, me iba escondiendo detrás de las columnas y camuflándome en medio de la oscuridad. Me quedé detrás de una última columna y ahí esperé a que todo el mundo saliera. Doña Carmela pasó a mi lado sin verme, mientras mi corazón se aceleraba y comenzaba a sollozar pensando en que esta vez me habían visto. Pero siguió de largo y miró a ambos lados,cerró la enorme puerta con una llave inmensa y el silencio y el frío recorrieron mi cuerpo. Esperé a que Doña Carmela pasara a sus habitáculos, y me fui acercando lentemente a la sacristía donde se encontraba Don Isauro. Sabía que se encontraba allí con los niños porque oía sus risas. Subí las escaleras sin hacer ruido y me acerqué a la puerta que estaba entornada y con gran ansiedad miré lo que acontecía dentro. Don Isauro repartía cariños y besos a sus niños. Podría ser de forma fraternal, pero no lo era. Era de una forma indecorosa. Los niños se reían de cuando en cuando, pero cuando los besos y abrazos iban dirigidos hacia ellos, la sonrisa se evaporaba de sus caras, a pesar de sus edades. Observé largo rato la escena, hasta que las cosas se fueron complicando y no pude dejar de lanzar un grito y abrir la puerta. A don Isauro se le transfiguró el rostro, los ojos le salían de las cuencas. Había sido cazado en su ruín perversión. Los pequeños sollozaban y yo me acerqué a él. Le grité que iría a denunciarlo, que no consentiría que volviera a tocar a un solo niño. Y la mente se me nubló."

Doña Carmela, sabedora de lo que estaba aconteciendo, sigilosamente se acercó a la dama y le propinó un golpe en la cabeza. Los críos salieron despavoridos de la habitación, bajando las escaleras de dos en dos. Cuándo la habitación quedó en silencio y vacía, doña Carmela bajó corriendo a abrirle a los niños el portalón de la Iglesia para que salieran, amenazándolos antes de que si contaban una sola palabra de los acontecido, les sucedería lo mismo a sus hermanas y a sus padres. Los niños corrieron por las callejuelas como alma que perseguía el diablo.

Ahora tenían que pensar que hacer con esa mujer, audaz y atrevida, que había osado traspasar las puertas de la sacristía y acabar con sus vidas tranquilas. La mujer mayor fue la que comenzó a planear lo que iban a hacer. Entre los dos, la acercaron a la escalera y la empujaron. La dama, rodó por las escaleras desnucándose y quedando tirada en el frío suelo de la Iglesia.

Siempre se la conoció como la loca. Don Isauro proclamo a los siete vientos que entró una noche en sus habitáculos con intenciones lujuriosas y doña Carmela apoyaba su tesis. Corrieron ríos de tinta sobre esta historia. La gran Dama, al fin y al cabo, era una mujer desquiciada, loca, enamorada de un hombre del cuál sabía que nunca obtendría nada. La loca. La pobre loca que se había desnucado cuándo quería ejercer su maldad. Los habitantes de la ciudad comenzaron  a llamarla La Loca, y contaban su historia, que fue pasando de padres a hijos y a nietos. La loca, de nombre Aurora, que vivía en soledad, enamorada locamente de quién no debía. Ni tan siquiera los pequeños...podían imaginar la realidad, sus mentes infantiles eran incapaces de imaginar lo ocurrido. Tan solo en su lecho de muerte, de cura a cura, hubo una confesión. Se intentó por todos los medios limpiar el nombre de Aurora, demasiado tarde para ella. Ya habían corrido ríos de tinta sobre su vida e historia. Su nombre nunca quedaría limpio e impoluto. Y jamás recuperaría su vida perdida.

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El diablo es optimista si cree que puede hacer más malo al hombre.
Karl Kraus (1874-1936) Poeta, autor satírico y crítico austriaco.

viernes, 26 de febrero de 2016

CAZA SALVAJE

" No quiero disculparme porque no creo que tenga que hacerlo. El aburrimiento mata al ser humano y eso fue lo que me aconteció a mí. Soy una persona que tengo la bendita dicha de tenerlo todo en este mundo, bienes por doquier, y dinero a raudales. Me lo trabajé, y mucho; nadie me dió nada, eso es tan cierto como que no voy a decir quien soy, por sensatez y prudencia.

Vivo en un palacio, en las afueras de la ciudad. Tengo tantas hectáreas de terreno que es imposible contarlas y con esto no es que este presumiendo de lo que poseo. Sencillamente tiene que ver con mi gran hobby y el de mis amigos.

Una vez al mes, nos reunimos todos en mi casa. Se desplazan desde lejos para acudir a la cita, no les resulta cómodo pero vale la pena. Son horas divertidas que entre todos disfrutamos. El asistente a la "fiesta" que más lejos se tiene que desplazar tarda un día entero en llegar. Los caminos  están en esta época llenos de barro y los carros suelen meter las ruedas donde no deben, en el barro. Mi gran amigo viene siempre acompañado de algunos esclavos suyos por lo que enseguida retoman el camino.

Llegados todos los invitados a mi casa, nos reunimos en el salón y cada uno ya tiene asignada su habitación. Nos reunimos delante de una gran cena y comemos y bebemos hasta que no nos cabe ni uno gota más de whisky. Después es la hora de decidir cual ha sido el peor esclavo de todos los que tenemos. Debatimos horas entre risas y licor. Cada uno de ellos ha venido acompañado por su peor esclavo que están alojados con los míos, en el granero. Una vez decidimos cual es el peor, lo llamamos a nuestra presencia y le decimos que corra. Que es libre. El condenado corre como alma en pena. Y ahí comienza nuestra fiesta. Quinqués en mano y rifle en la otra, le damos quince minutos de ventaja y después...vamos a cazarlo. Nunca se nos escapó ninguno, somos muy buenos cazadores. Y tampoco tenemos miedo a que alguno se escape. Sabemos quienes son nuestros compañeros de cacería y tenemos la certeza de que jamás en la vida este juego se sabrá. Tan solo cuándo el ultimo de la cacería muera, saldrá este escrito a la luz para que la humanidad sepa la forma de tratar a los esclavos más correcta. Lo malo, no sirve. Tenemos que desecharlo. Y eso hacemos....pero...a la vez le sacamos partido divirtiéndonos unas horas o incluso días. Algún esclavo nos tiene sorprendido y en algún momento puede demostrar ser más listo que nosotros. Pero eso también se lo hacemos pagar caro.

Es nuestra vida, nuestro entretenimiento. Y jamás seremos juzgados por ello, ya que la justicia está entre nosotros."

El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad.
Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán nacionalizado estadounidense.

lunes, 25 de enero de 2016

PARANOIA



El silencio reinaba en toda la casa, y el orden y la pulcritud eran las notas dominantes en ella. Cada cosa estaba en su sitio, y no se apreciaba ningún cerco de polvo. Ana, abarcó con su mirada todo el recinto. Vio  las fotos de sus padres, en marcos de plata encima del mueble del salón, también podía ver las fotos de  sus tíos y primos. Y encima de la chimenea estaba un marco donde aparecía Ana y su hermano. Era la casa de sus abuelos y estaba entrando en ella como si fuera una delincuente. Entraba a escondidas y a oscuras.

Acarició al perro de sus abuelos, Popi, y silenciosamente entró en el despacho de su abuelo. Venía con intención de encontrar algo que sabía que podía hacerle mucho daño. Se sentó en la silla de su abuelo y comenzó a abrir los cajones. Sabía que ellos hoy no llegarían hasta tarde. Era el día de la partida de su abuelo y la abuela se reunía con sus amigas. Tenía toda la tarde para buscar lo que quería.

La idea comenzó a rondarle poco a poco...como quién no quiere la cosa...y había llegado un punto en el que tenía que averiguar la verdad. El pasado de los abuelos era algo de lo que nunca se hablaba en casa. Ni sus padres ni sus tíos comentaban nada de su niñez, ni de los abuelos de jóvenes. Pero lo peor eran las miradas de soslayo. Las recordaba desde muy pequeña. Eran miradas asustadizas y huidizas, miradas cargadas de nerviosismo. Algo extraño pasaba en su familia y estaba dispuesta a averiguarlo.

Rebuscó en todos los cajones...miró todas las fotografias.No había nada extraño. Los abuelos tenían fotos con sus hijos como cualquier otra pareja. Siguió buscando. Se metió en la habitación de los abuelos y comenzó a mirar por todos los cajones. No podía ser. Ella estaba segura de que algo escondían, sin embargo todo parecía normal. Abrió las mesillas y nada extraño parecía haber en ellas. Las gafas de los abuelos, el inhalador, la pipa...el cenicero. Nada. Tenía que seguir buscando y apurar. El tiempo comenzaba a echarse encima. Miró en la coqueta, debajo de los armarios...encima...por detrás...nada. Se sentó exhausta mientras Popi la contemplaba acurrucado en la alfombra.

"Soy una tonta. Veo cosas donde no las hay. Mis abuelos son personas normales. Mis presentimientos son erróneos. No puedo hacer tanto caso a mis presentimientos."

Comenzó a ordenar lo poco que había desordenado pues sabía de la pulcritud de sus abuelos. Eran extremadamente ordenados, limpios y rectos. Cualquier cosa que dejara fuera de su sitio podría ponerlos en alerta. Revisó todo una y otra vez y decidió que todo estaba en su sitio y que tenía que dejar esa paranoia suya de que los abuelos escondían un secreto.

Esa misma noche sonó el teléfono en casa y su padre lo cogió. Habló con el abuelo unos instantes. Yo lo miraba y le preguntaba si pasaba algo y él hacía ademán con la mano de que me callara. Mi corazón comenzó a acelerarse pensando en si algún vecino me habría visto entrar y se lo habían dicho. Tenía que guardar la calma y templar mis nervios. Papá seguía hablando.

Al otro lado del teléfono, un anciano de mirada dura hablaba con su hijo. En su mano sostenía una gorra de las S.S. El había sido la mano derecha del Führer. Había logrado ocultar su pasado a todo el mundo, pero sus planes no podía aniquilarlos la mocosa de su nieta. El era un hombre inteligente y listo. Y tenía cámaras por todas las estancias de la casa. Había visto a su nieta husmeando por todas las habitaciones. Sus planes de crear el Partido de nuevo no podían venirse abajo. Ya estaba toda la maquinaria en marcha. Solo faltaban unos coletazos de última hora, y el mundo, volvería a hacer reverencias al führer.

Colgó el teléfono diciéndole a su hijo que o mantenía a su hija a la raya o la mantendría él. Nadie ni nada tirarían sus planes abajo.




martes, 10 de noviembre de 2015

ELLA CREE

Ella cree que eres tú....esa estrella que parpadea y brilla diferente
Yo creo que tú  solo eres un recuerdo...eres nuestras vivencias...

Ella cree que eres tú...esa hoja que se cuela por una ventanilla del coche casi cerrada...
Yo creo que tu solo eres nuestro recuerdo...nuestras vivencias....

Ella cree que eres tú...cuándo hablamos de tú hijo preferido y la luz se apaga...
Yo creo que tú eres solo un recuerdo y vivencias...

Ella cree que eres tú cuando mira tú mesa y te ve sentado...
Yo creo que tu solo eres nuestro recuerdo y nuestras vivencias...

Ella cree que estas en el cielo...observando...protegiendo...
Yo creo que solo eres recuerdos y vivencias...

Ella cree que eres tú...quién nos va a esperar... que existe otra vida
Yo no me creo nada...solo que te fuiste y no volverás.

Dedicado a tú nieta, mi hija, que sufre cada minuto del día y cree verte en todas partes. Midala

domingo, 8 de noviembre de 2015

PAPA DESCANSA EN PAZ. TE QUIERO.

Esto no es un relato...es real por desgracia. Ocurre todos los días....a todas horas....a gente joven....a niños...pero esto me ocurrió a mi..a mi padre.

Esa noche había llovido y yo no había dormido bien. Teníamos médico contigo a las 10.Yo dormía y el teléfono sonó a las 7 de la mañana. Eso no presagiaba nada bueno papá...y así  fue .No te podían despertar. Tus ojos nunca mas se abrieron y te fuiste durmiendo, al lado de mamá, la persona que mas querías en el mundo, por encima de todas las cosas. Fuisteis felices juntos, vuestro amor estaba por encima de todas las cosas y las personas. Muchas  veces resultaba hasta difícil poder entender tanto amor y tanta devoción , hasta nos resultaba extraño, esa unión férrea, fuerte, absorbente para los demás.

 Hasta ahora.Todo se terminó para vosotros. Ahora nos toca a los demás hacer ese trabajo agotador que tu hacías con ella en los últimos años...esos últimos años en los que yo se que ya no érais felíces. En los que tu decías lo cansado que estabas, que la enfermad de mamá te dejaba sin fuerzas.. Y ahí se terminó vuestra felicidad. La vida se os hacía pesada u dura. Por las mañanas cuándo te llamaba y te preguntaba "papaiño que tal como estás, como pasasteis la noche"---ultimaménte siempre era lo mismo "como vamos a estar...como ayer...igual".Pero tú voz ya era agotada, triste,desesperada.

 Pero...queda el consuelo de que te fuiste durmiendo. Doy fé de que dormías tranquilo y no sufriste en ese momento. Tu rostro estaba descansado.

Yo no quiero pensar...solo hago y actúo. No puedo pararme en el dolor. Aquí están todas tus cosas, tu vida...tu ordenador...tú sillón...tu periódico sigue llegando a casa cada día y las niñas lo ponen donde a ti te gustába, en tu mesa de estudio. Hoy todo son recuerdos y dolor,tú música...Reloj no marques las horas...hoy la escuchamos con dolor...papá...no quiero pensar porque duele tú marcha.

La conclusión qué saco...es que te quiero papá . No creí quererte tanto. Yo también estaba cansada como tú, y saltaba ...igual que tú....pero de diferente forma. La enfermedad de mamá se hace dura. Ayer no sabía quién eras tú...ni tus hijos...hoy sí...es un parlotear continuo y agotador.

Vosotros me habéis enseñado mucho más de lo que os podéis imaginar . He sacado una enseñanza de toda vuestra vida .Aprendí mucho más de lo que os podríais imaginar...cosas buenas que imitaré...cosas que no haré, pero de todas las vidas se saca una conclusión y un aprendizaje, que cada uno la interpretaremos a nuestra manera y actuaremos en consecuencia con lo aprendido.

Yo seguiré mi camino y mi sendero con vuestras enseñanzas, y mientras pueda...al lado de mamá. Como tú querrías.

Te quiero papaiño.

Midala.  26/10/2015.

lunes, 12 de octubre de 2015

LAGRIMAS EN EL CIELO




Contemplo con ansiedad como se van resolviendo las cosas...como se habla de nosotros sin ningún pudor. Necesito justicia para poder seguir mi camino. Estoy anclada entre dos aguas, entre dos mundos...imposible de tocar ninguno de los dos. Solo veo tinieblas...oscuridad...pido ayuda pero nadie parece oírme... ¿en qué parte me encuentro que nadie escucha?

Mi inteligencia siempre fue superior a la de las demás personas. No presumo de ello. Sencillamente lo expongo. Y quizás por ello sabía que algo estaba ocurriendo, pero la verdad era tan terrible que era imposible de asimilar. Éramos una familia como cualquier otra. Papá trabajaba en una zapatería y mamá era ama de casa. Éramos tres hermanos conmigo. La pequeña murió poco después de nacer. Mamá siempre decía que de complicaciones del parto. Yo no la recuerdo. A veces quiero ver su carita pero no soy capaz. Las imágenes se distorsionan y no alcanzo a ver nada más que a papá y mamá entrando en casa con un serón. Mi siguiente hermano, enfermó un día de fuertes dolores de estómago. Papá y mamá acudían al médico, pero después de múltiples pruebas nunca sabían lo que le ocurría a mi hermanito. Papá y mamá estaban desesperados sin encontrar una solución para él. Pasaban los meses y mi hermanito en vez de mejorar empeoraba. Hasta que un día nos dejó. Y quedé yo sola con papá y mamá.

Yo temía que a mí me ocurriera lo mismo...tenía miedo de que me pasara lo mismo que a mis hermanos. La gente del pueblo decía que teníamos una maldición encima. Yo sin embargo comenzaba a pensar que algo muy malo estaba ocurriendo en mi casa. 

Fue pasando el tiempo y me convertí en una niña asustada. Sabía que la maldición caería también sobre mí y no sabía cómo evitarla. El día que me comenzó a doler el estómago me sentí llena de ira y rabia por no haber sabido luchar contra el maleficio. Pasaban los días y no mejoraba, todo lo contrario, al igual que mi hermanito...empeoraba.
Me llevaban al médico y ocurría lo mismo que con mi hermano. Por más que me miraban, no sabían lo que tenía.

Yo ya me encontraba muy mal. Estaba todo el día acostada en cama y no acudía al colegio. Los dolores eran terribles e imposibles de curar. Sabía que me quedaba poco tiempo para irme con mis hermanos. Una de esas tardes de primavera en la que hacía un calor tremendo y oía el canto de los pájaros con los ojos entornados...vi a mamá como me preparaba un vaso de agua en la que introducía unos polvos. Siempre insistía en que tomara el vaso de agua a esas horas. Le dije que no tenía sed y me ordenó tomarla. Le dije que la tomaría después, que la dejara ahí que no me olvidaría. Me quedé dormida, y cuándo me desperté, papá estaba a mi lado, dándome la mano. Se había bebido mi vaso de agua. Lo miré con ojos despavoridos. Creía que todas las piezas del puzle comenzaban a encajar.

Al día siguiente papá comenzó a encontrarse también mal. Mamá nos cuidaba a los dos con plena dedicación y abnegación. La gente del pueblo la ayudaba en todo lo que podían y la compadecían a todas horas. Ella decía que era el castigo divino que Dios les había mandado. Un día que mamá nos dejó solos en casa, fui hasta la habitación de papá y le dije que nunca bebiera el agua que le daba mamá a media tarde. Papá me miro asombrado y me llevó a mi cama. Al día siguiente le oí decir a papá que no quería beber, que no tenía sed. Y oí a mamá enfurecerse. Creo que fue lo último que yo oí. Dejé este mundo sabiendo lo que estaba ocurriendo y habiendo avisado a papá.

El se encargó de buscar justicia para nosotros. Papá dejó de beber el agua y comenzó a mejorar pero con secuelas importantes. Dijeron que mamá tenía una enfermedad, que no es que fuera una persona mala, sencillamente enferma. La ingresaron en un hospital psiquiátrico sin posibilidad de salir nunca.

Yo, hoy, continúo mi camino hacia donde están mis hermanos. Papá encontró la paz que yo necesitaba para seguir mi camino.



La crueldad, como cualquier otro vicio, no requiere ningún motivo para ser practicada, apenas oportunidad.
George Eliot (1819-1880) Seudónimo de Mary Anne Evans. Novelista británica.


martes, 29 de septiembre de 2015

AUSENCIAS

Sus manos arrugadas y la piel que colgaba de su cuello eran los delatores de su edad. Todos le llaman abuela cariñosamente, aunque su nombre era Carmela. Mujer sábia y culta, había tenido una vida muy intensa y  dura. Desde muy pequeña su máxima aspiración había sido ser maestra. Y lo consiguió, a pesar de la época en la que le tocó vivir. Fue una mujer moderna para sus tiempos, dio clases en un colegio y crió a sus hijos. Se casó con su primer novio, Manuel, y tuvieron dos hijos, Carmen y Manuel. Era un matrimonio ejemplar, el vecindario los quería mucho ya que intentaban siempre ayudar a todo el mundo. Don Manuel, hombre tierno y cariñoso, dedicado de lleno a su familia, era un hombre justo y ecuánime, dedicado a las leyes. Los niños eran dos soles, rubios como su madre, charlatanes y dicharacheros, alegres y risueños. Eran la familia perfecta que Carmela y Manuel habían construido a imagen y semejanza.

Un día lluvioso y gris, la tragedia se cernió sobre la familia de Carmela. Manuel había ido ese día a buscar a sus hijos al colegio en el coche. Un coche que venía de frente, derrapó en una de las curvas y el coche chocó con el de Manuel. Nadie salió vivo de esa tragedia. Manuela se enfrentó con dignidad y aplomo a los avatares de la vida. Pero en soledad la tristeza y el llanto la embargaban hasta la mismísima locura. Fueron años muy duros en los que pensaba enloquecer. Nada le daba consuelo ni nadie conseguía mitigar su pena. Se dedicó de lleno a su trabajo y a ayudar a sus alumnos en todo lo que podía y más. Pasaba las horas en la escuela deseando que la noche no llegara nunca para no tener que volver a su casa, vacía y llena de ausencias.

Pero el tiempo fue el único que fue capaz de aflojar ese llanto permanente. Se quedó seca de tanto llorar y decidió continuar con la vida que Dios le había marcado, aunque sus deseos eran juntarse de nuevo con ellos, esperaría pacientemente ese día.

Y ese día parecía que se alargaba más de lo previsto. Carmela tenía ya 92 años y seguía siendo una mujer activa en todos los sentidos. Cuándo se jubiló, decidió que ahora era el momento de poder enseñar a los hijos de sus vecinos que se vieran necesitados. Y así comenzó su labor, comenzó dando clases a los niños y terminó enseñando a los mayores a leer y escribir. Era una mujer admirada y respetada por todo el mundo, había vivido toda su vida suspirando por sus ausencias, por su familia, por los suyos, con una entereza y elegancia digna de una gran mujer. Siempre decía que la muerte se había cebado con ellos pero que nadie tenía la culpa de lo que a ella le había acontecido, debía de respetar las alegrías de los demás y no hacerles participes de sus penas.

Murió como vivió. Con elegancia y respeto hacia los demás. Dando sus clases nadie se percató de que doña Carmela se había ido a sentar a su sillón, al sillón de su amado marido y abrió entre sus manos arrugadas El libro del buen amor, del Arcipreste de Hita. El libro preferido de su marido. Apoyó la cabeza y se dio cuenta de que había llegado su momento, el momento de reunirse con los suyos. Mientras...las risas de sus alumnos inundaban el salón de su casa.

La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla.

Jorge Santayana (1863-1952) Filósofo y escritor español.

jueves, 3 de septiembre de 2015

LA MUERTE TIENE ROSTRO

"Era un día de verano y el calor era intenso. Los árboles agitaban levemente sus hojas y se oía como un ligero chasquido muy suave...khas...khas...las hojas mecían los árboles y parecían entonar una nana. Era un sonido envolvente y delicado. Yo estaba sentada en la hierba mirando hacia la nada y el todo, contemplando la vida. Mas allá del ruido de los árboles se oía a los pájaros cantar y a los grillos entonar su canto celestial...cri...cri...que unido al khas...khas...componían una de las mejores composiciones musicales jamás escuchada. Era un día perfecto lleno de tranquilidad y sosiego, un día campestre como hacia años que no tenía. Había ido al pueblo de vacaciones, a reponerme de la muerte de mi marido .Había muerto ese invierno y mi desasosiego e intranquilidad eran a veces alarmantes, ya que alteraban todo mi ser. Eduardo había caído por las escaleras y se había dado un mal golpe en la cabeza, falleciendo unos días después .El día que lo enterré me parecía verlo por la casa, dando vueltas, con su pitillo en la boca y con las zapatillas haciendo ese ruido tan particular que hacía él arrastrando los pies .A los dos días ya me había acostumbrado a estar sola...a la paz y a la quietud del hogar, al silencio y a la tranquilidad pero sobre todo....me iba acostumbrando a no tener miedo .El era un hombre rudo y vasto, mediocre, y parecía que jamás había aprendido modales. Así empecé a darme cuenta de quien era mi marido. Pero poco a poco llegaron los empujones y los golpes, la sangre y los arañazos, el ocultarme y el silencio. Esperaba cada paliza con miedoso me creía merecedora de ese trato ni mucho menos me canse de palizas y de abusos. Y un noche que intento forzarme lo empujé por las escaleras, con tan buena suerte para mi que se desnucó. Fue mi salvación y mi renacer.

Hasta que ese día de verano...que gozaba yo de la tranquilidad campestre, algo calló sobre mí .No vi lo que caía, solo se que vi a Eduardo. Se reía escupiéndome, con sus dientes ennegrecidos y su piel mal oliente. Se reía a carcajadas y me miraba con ojos  inyectados en sangre .Extendió sus manos callosas para agarrar mi cuello y abrí los ojos asustada. Unos crios que jugaban a tirarse piedras me habían dado con una en la cabeza y habían salido asustados gritando. Cuando abrí los ojos estaba gente a mi alrededor, pero yo buscaba a Eduardo desesperadamente con la mirada.Me fui tranquilizando cuándo vi que no estaba, que me había desmayado y había creído ver a Eduardo.

A partir de ese día, mi marido se presentaba en mis sueños todas las noches. Yo lo había matado y la muerte tenía su rostro y me lo mostraba todas las noches, para demostrarme que el que la hace la paga. No pensaba dejarme en paz nunca. No me dejaría vivir. Eduardo había machacado mi vida mientras vivía, y una vez muerto pensaba llevarme a la tumba con él. Estaba convencida de ello."

Maria contemplo a Carmen, postrada en la cama. No había noche en la que sus gritos desgarradores rompieran la calma y la paz del asilo. La anciana la miraba con ojos asustados y sudorosa le decía que la muerte tenía un rostro, el de Eduardo
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El remordimiento es el único dolor del alma, que el tiempo y la reflexión, no logran calmar jamás.
Madame Stael.