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martes, 18 de noviembre de 2014

ME ENAMORE POR INTERNET

"Mi vida era un locura. Me pasaba el día corriendo de una ciudad para la otra y siempre con prisas. No tenía ni tiempo para conocer la ciudad en donde se hacía la reunión. Tenía y tengo un puesto muy importante en una multinacional, pero ello conlleva el estar las 24 horas del día pendiente de la empresa. Nunca me importó, ya que me apasiona mi trabajo, y tampoco tenía grandes esperanzas puestas en una vida familiar, en unos hijos y un marido. El tema no iba demasiado con mi forma de ser o quizás es que nunca había llegado el momento de enamorarme verdaderamente. No tenía especial interés a pesar de que mis padres me estaban siempre encima diciendo que querían un nieto. ¡Me ponían los pelos de punta! Solo de pensar en verme viviendo con un hombre en mi casa, y compartiendo mis rincones preferidos me aterraba. Y si a eso le sumamos niños...peor me lo ponían.

Ese día, como todos los días, lo primero que hice fue llegar a casa y pegarme una ducha bien caliente mientras encendía el ordenador para leer los correos. Terminé de cenar y me puse a trabajar un rato, mientras encendía mi twitter y mi facebook. Enseguida me entró una persona a hablar y preguntarme si yo era fulanita de tal que había estudiado en no sé dónde. Muy típico. Miré su perfil y no lo conocía pero me pareció alguien bastante absurdo, era una forma de entrar muy poco original. Yo seguía a la mío, mi hermano había colgado unas fotos de los niños y quería verlas. Cerré el ordenador en cuánto terminé con todo y me acosté. Pero eso fue solo el comienzo. Todas las noches, esa misma persona entraba en mi facebook y me dejaba un mensaje. A veces corto y escueto y otras me contaba su vida en verso. Una noche terminé hablándole. Quizás por pesado, quizás porque me daba pena o sencillamente porque no tenía otra cosa que hacer. Y se convirtió en una cosa cotidiana. Hablar con Carlos pasó de ser algo inusual, a algo casi imprescindible en mi vida. Carlos supo como conquistarme y como poco a poco ir haciéndose un hueco en mi apurada vida. Solo sabíamos nuestros nombres, Carlos e Irene. Y dos cosas más. Tanto su perfil como el mío no eran reales. Yo sabía que él era de otro país distinto que el mío, por su forma de hablar y sus expresiones. Con el paso de los meses fuimos desenvolviendo un poco nuestras historias, pero lo justo para no agobiarnos. Éramos de países distintos. Carlos estaba de cooperante en esos momentos de cooperante en una ciudad conflictiva. Era médico. Y yo, era Irene, todas prisas y pasión, todo nervio y agobio.

Cada noche hablábamos y nos contábamos lo que nos había ocurrido y lo que había pasado de importante en nuestras vidas. El era un hombre valiente y trabajador, con unas cualidades humanitarias tremendas. Me enseñó mucho en pocos meses, y me mostró una vida opuesta a la mía, en donde el dinero y las reuniones carecían de importancia y donde solo contaban los minutos y segundos para salvar vidas. Carlos había pedido una excedencia en su trabajo, en un hospital, para poder marcharse a países necesitados y operar sin descanso durante días y semanas, me mostró la bondad humana en la que yo no creía y la generosidad. Carlos pasó a ser alguien a quien admiré y después pasó a ser alguien imprescindible cada noche...cada instante. Logró que cada noche ansiara ir a casa y encender el ordenador. Logró que pensara en él las 24 horas del día.

Le quedaban dos meses para terminar su excedencia en el trabajo y pensaba estar ahí unas semanas más y ya marcharse a su ciudad, con los suyos. Pero antes...haría una parada en mi casa, en mi vida. Vendría a conocerme en persona. ¡Esto parecía una historia de película! Había conocido al hombre de mi vida por internet, era increíble.

Una noche de tantas, encendí mi ordenador y mi cámara, y esperé a que Carlos se conectara. Mientras me fui preparando la cena y contestando a mis correos. Rutina, pura rutina diaria. Pero esa noche Carlos no apareció. Ni la siguiente. Estaba todo el día ansiosa y nerviosa pensando que le podría haber ocurrido. Y llegué a la conclusión de que algo malo había tenido que ocurrir. La tercera noche, con mi ordenador encendido mucho antes de tiempo y esperándolo, leí por internet las noticias.-

- Un cooperante llamado Carlos........tal tal tal....fue tiroteado mientras realizaba su labor....bla bla bla.................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................

Sigo encendiendo mi ordenador y esperando a Carlos, aunque sé que nunca volverá. El dio su vida por ayudar a los demás y yo fui una privilegiada al poder conocerlos. Con el tiempo fui asimilando el legado de Carlos. Lo echaba de menos todas las noches, porque realmente me había enamorado de él. Busque a su familia y fui a conocerla. Conocí su casa y a sus padres y hermanos. Vi el hospital donde el trabajaba. Hice el recorrido que él hacía para ir a su trabajo y me sentí cerca de él. Pero cuando realmente me sentía cerca de él, era cuándo todos los años, en mis vacaciones, me iba un mes de cooperante.

Con el paso de los años, me fui dando cuenta de lo que una conversación por un chat puede cambiar una vida. La mía se había puesto patas para arriba y gracias a Dios. Hoy no soy tan simple, ni mi vida es correr por las ciudades y acudir a reuniones aburridas. Hoy "dono" mi tiempo libre en asociaciones que ayudan a los más necesitados. Porque sí, aunque parezca increíble...tengo tiempo libre. El me demostró que sí se puede tener tiempo libre, y puedo ayudar y mucho a las personas más necesitadas. Y tú... ¿que haces por los demás?.......



  1. El hombre tiene la facultad de modificar su vida modificando su actitud mental (William James) 

sábado, 8 de noviembre de 2014

ADICCIONES

Hoy me levante con ansias de ti, con ansias de tenerte conmigo. Eres mi gran placer y mi gran musa. Solo deseo tenerte entre mis manos y que penetres en mis entrañas. ¿Y qué más da lo que diga la gente? a ti te deseo a todas horas, y en todos los momentos. No pienso dejarte a pesar de la fama que tienes. Te deseo más que a nada en el mundo y tú lo sabes, que es lo peor. Sabes que a veces...intento dejarte, alejarte de mí...pero tú eres más fuerte. Tú siempre ganas. Mi vida está en tus manos y no me gusta depender de nadie...no sé cómo hacer para ganar la batalla. Oigo y escucho cosas de ti...pero no significan en nada. En cuánto te veo...me olvidó de todo y solo eres tú en mi mente y mi alma. Deseo que me entres en mi cuerpo y que por fin podamos estar unidos.

Ayer me prometí dejarte, tanta dependencia no me parece saludable. Pero no soy un hombre fuerte o no debo de serlo, porque soy incapaz de dar el paso. Tú lo significas todo para mí. Te convertiste en el eje central de mi vida.

Hoy...te miro...y prometo no fumar más. Prometo que a partir de hoy nunca más volverás a entrar en mis pulmones y nunca más volverás a corroer mi cuerpo. Prometo no acortar mi vida más de la cuenta por tú culpa, mis manos volverán a lucir blancas y mis dientes relucientes. Volveré a saborear las comidas y respiraré libremente de humos. Se acabaron las dependencias...se acabó el salir a las doce de la noche para encontrar una cafetería abierta...se acabó el esconderme para poder fumar...tienes que salir de mi vida, y solo yo puedo hacerlo, solo yo puedo escaparme de tus garras. ¿Cómo? Con ganas...y con el firme propósito de que te vayas.

Se acabó.


Vale la pena...no es tan difícil como lo pintan. Animo. Midala


lunes, 13 de octubre de 2014

HERMANOS DE SANGRE

La misma sangre corre por nuestras venas...vivimos y aprendimos de nuestros padres las mismas cosas...la misma educación...aprendimos el respeto y el amor hacia los animales y hacia los demás....aprendimos a amar al prójimo. Pienso que nuestra base era buena, nuestros padres se esmeraron en enseñarnos a ser personas responsables y educadas. Los dos estudiamos una carrera, yo derecho tú periodismo. ¿Donde te perdiste tú?. No lo sé...En el rencor de tus sentimientos...en tú egoísmo y avaricia...en tú prepotencia y soberbia. Creía que todo te pertenecía. Qué el mundo estaba a tus pies y todos debíamos de girar en torno a ti.Tú debías de ser el eje sobre el que todo se movía, desde tus padres hasta el resto de los que en algún momento te quisimos. Siempre nos preguntaremos donde te perdiste...donde tú camino cambió...cuándo dejaste las enseñanzas de tu infancia para adentrarte en el camino del mal, en el camino del infierno.

Ahora voy recordando ciertos detalles que quizás me lleven a pensar en donde te desviaste. Recuerdo el día que el gato del vecino te arañó. Tú prometiste vengarte de él en medio de lágrimas. Aun no habíamos cumplido los once años. A los pocos días el gato desapareció y nunca más volvió a saberse de él. ¿Tú ya estabas detrás de eso? Ahora pienso que sí. Qué quizás ya lo arrastrabas desde pequeño. Recuerdo cuando tenía 15 años y comencé a salir con mi primera novia. Al poco tiempo me dejó. Dijo que era mejor dejarlo, que éramos muy jóvenes, que tú tenías razón y que era mejor que viviéramos la vida libres y sin ataduras. ¿Porque hablaste con ella?. No se que pasó en esa conversación porque ella nunca me la desveló, pero ahora intuyo que algo pasó. Algo más que una simple conversación de hermano mayor donde impera la cordura y la sensatez. Cuándo salíamos con nuestras amistades tú tenías que ser el centro de atención, siempre acaparabas a todas nuestras amistades, relevándome a un segundo plano que a mi particularmente no me importaba, pero todos sabíamos que tú estabas cómodo en ese plano, superior a todos.

El día que no nos dejaron entrar en la discoteca, te pusiste furioso y la emprendiste a golpes con el portero. Nunca comprendimos aquella reacción tuya y nos pareció desmesurada, pero fue el desencadenante de muchas reacciones que ya dejamos de comprender. Siempre estabas metido en peleas y follones. Yo intentaba taparte delante de papá y mamá para no preocuparlos, pero cada día tus exabruptos, tú mala eduación y tus malas artes estaban ya en cada paso que dabas en la vida. Debí de darme cuenta de que mi protección solo hacía que fueras cada día peor. Las amistades comenzaron a alejarse, pero pronto comenzamos la universidad y te fui perdiendo la pista. Tú tenías tus propias amistades y yo por fin tenía las mías. Mi vida se volvió tranquila, entre libros y amigos y por fin, una novia. Sonia. Ella fue la que conquistó mi corazón y acaparó mis horas. Sería la madre de mis hijos. Era la mujer perfecta. Varios años de noviazgo, en los cuales tú estabas poco presente, me hicieron el hombre más feliz del mundo. Hasta que terminada mi carrera, y ya con trabajo, decidimos casarnos. Un 11 de marzo quedamos todos juntos para celebrarlo. Se lo íbamos a decir a papa y mamá. Sonia nunca apareció. Ahora sé que tú la amenazaste, que tú le pegaste y le obligaste a alejarte de mí. Yo nunca comprendí el porque me abandonaba sin explicación ninguna. El dolor y la desesperación fue mi aliada durante muchos meses, en los cuales tú fuiste mi hermano con letras mayúsculas.Tú estabas siempre a mi lado intentando hacerme sonreír. Y la vida siguió su camino y nunca olvidé a Sonia. Sabía que se había ido a trabajar a Lóndres, pero poco más. Nunca se volvió a poner en contacto conmigo hasta ahora, que es cuándo se muchas cosas de ti, por los amigos...por Sonia...por tus compañeros de universidad...pero ya es muy tarde.

Comencé a trabajar en un despacho de abogados y pronto demostré que era bueno en lo mío. Y abrí mi propio bufete. Tú trabajabas para un periódico importante y nuestros padres estaban muy orgullosos de nosotros. Un día llegaste a casa y dijiste que te ibas a casar con una compañera, que ya llevabais tiempo saliendo y que todo iba bien. Todos nos alegramos por ti. Lo tenías callado y todo fue rápido. Te casaste un sábado lluvioso....como si presagiara lo que iba a ocurrir. No le diste tiempo ni a ser feliz... esa misma noche la mataste, la mataste porque no te gustó lo que dijo...o porque no hacía lo que tú mandabas...qué más da. La mataste. Y con su muerte nos mataste a todos un poco. Papá murió de un infarto dos días después. Y mamá está en un estado de apatía...desesperación....depresión. Éramos hermanos, recibimos las mismas raciones de comprensión, amor y respeto. Nos enseñaron lo mismo y tú...eres un monstruo. Hoy sabemos mucho más de ti de lo que sabíamos y tú ya naciste malo y perverso. 

Cuando mejor es uno, tanto más difícilmente llega a sospechar de la maldad de los otros.
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Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.


jueves, 2 de octubre de 2014

SIN ESPIRITU MATERNAL


SIN ESPÍRITU MATERNAL
"Seamos sinceros. Ese espíritu maternal del que hablan muchas madres, yo nunca lo percibí en mí. Jamás había sentido deseos de tener hijos, ni tan siquiera me inspiraban esa ternura que dicen que es algo innato en las mujeres. Pero la sociedad me impulso a crear una familia. No está bien visto que una se quede para vestir santos y a pesar de mis sentimientos, decidí casarme y formar una familia. ¡Vaya desastre! Me casé con un vecino del pueblo. Alguien que ni tan siquiera era merecedor de una sonrisa o una carantoña. Pero a pesar de todo decidí  ir adelante. Y me casé con Toño.Todas nuestras amistades tenían hijos y yo fui la última en quedarme embarazada. No me hacía mucha ilusión, por no decir ninguna. Eso de tener un bebé dentro de la barriga, que se mueva y que crezca no es que me gustara demasiado. Y la hora del parto era algo que no quería ni imaginar. Y llegó el momento y seamos sinceros, no sentí nada... Esa niña que decían que era mi hija no me inspiraba nada, tan solo era un trocito de carne llorando todo el día, haciendo cacas y soltando mocos a todas horas. Se terminaron las noches en las que podía dormir a pierna suelta y las mañanas en la cama hasta tarde. Ahora tenía a la nena todo el día llorando pegada a mis faldas. Y para rematarla al Toño detrás diciéndome que como madre era una pena, que ni para eso servía yo.

Fueron nueve meses en los que parecía que el eje de todo era la niña. Y no es que lo pareciera, es lo que lo era. Cuándo el Toño se marchaba era cuándo yo podía volver a mi antigua vida, y pasaba ampliamente de la niña. Me daba igual si lloraba o si meaba. Yo me encerraba en el salón con la televisión puesta y mi mundo volvía a ser el que había sido siempre. Oía de lejos gritar a la niña pero yo solo salía una vez al día para darle de comer. Como dije al principio, carezco de espíritu maternal.

Y pasó lo que tenía que pasar. El Toño tenía que ir al extranjero con el camión de reparto. Yo esa noche bebí varias cervezas y unas botellas de vino. No salí del salón en tres días. Tenía todo lo que necesitaba a mi lado. Mi licor, mi caja de galletas y la televisión. Pasé varios días en un estado de inconsciencia, como los había pasado antes de nacer la niña. Al cuarto día llegó el Toño. Yo no lo esperaba y estaba acostada en el sillón. El salón estaba todo revuelto, con botes de cerveza por todas partes y restos de comida por el suelo. El Toño entró y se quedó en silencio mirando para mí y preguntó por la niña. Lo siguiente que oí fueron gritos y llantos, llamadas de auxilio y puñetazos en las puertas.

Escribo esto desde la cárcel. Me quieren juzgar por no ser buena madre y no creo que nadie tenga el derecho de juzgarme. Yo con mi vida hago lo que quiero y la hija es mía. No tengo que darle explicaciones a nadie, tan solo a su padre. Y él, al denunciarme no creo que las merezca tampoco. Qué nadie piense que estoy loca. No lo estoy. El Toño dice que soy el demonio. El mundo está lleno de demonios y no los juzgan. A mi me tocó casarme con un tonto que denuncia a su propia mujer por no darle de comer a su hija en tres días. Yo pasaré unos años aquí encerrada. No quiero saber nada del Toño, ni de mi familia. Ellos no vienen ni a verme. Cuando salga emprenderé una nueva vida en otro sitio. Y si a alguien le interesa saber si me arrepiento, la respuesta es no."

Esto es un relato que nada tiene que ver con mi vida. Intento plasmar ciertas conductas aberrantes que últimamente se leen por doquier en los periódicos.

"En el hombre habita la maldad. El detonante para que salga es una línea muy fina" Midala

lunes, 8 de septiembre de 2014

DROGAS





"La vejez no es un impedimento para ver la crueldad  de los seres humanos. A mi edad puede decirse que mi vida fue plena y llena. Viví una guerra civil, dos guerras mundiales, el nacimiento de mis ocho hijos y la muerte de  tres, el fallecimiento de mi esposa y el nacimiento de mis nietos. Vi de cerca la cara del diablo  ya que, uno de mis hijos era drogadicto. Lo vi descender al mismísimo infierno, vi su dolor y el dolor ajeno, vi como se hundía la familia y como con su muerte resucitábamos. Esos remordimientos eran peores que el infierno. Creía que todo estaba visto y todo vivido.

 Pero me faltaba por ver una última jugada. Tan  doloroso como las ya vividas.

Guardo gratos recuerdos de mi niñez y de mis padres. Mi padre era un trabajador incansable. Comenzó arreglando máquinas que los vecinos usaban para arar los campos o las bicicletas de los niños, él tenía mano para eso. Iba de puerta en puerta día tras días. Hasta que un  día dijo que iba a poner una tienda para vender maquinaria agrícola. En aquel entonces eran cosas básicas pero con el tiempo la maquinaria se convirtió en grandes tractores, en los que papá invirtió un dineral. La tienda se convirtió en dos tiendas y con el tiempo en una gran fábrica con todo tipo de maquinaria agrícola, montaje de instalaciones para granjas...construcciones de naves para almacenes e industrias...sembradoras....trituradoras...en fin, una gran empresa es la que hoy está en manos de mis hijos.

Yo vivo solo, pero tengo mi asistente personal, que es quién me ayuda en mis tareas diarias, independientemente del personal de servicio de la casa. Mario, es como se llama la persona que pasa a mi lado más horas al día, y quizás una de las que mejor me conoce. En él tengo plena confianza ya que llevamos juntos 20 años. Mario antes de ser mi asistente, trabajó para mí en la empresa. Éramos íntimos amigos desde pequeño. Sabíamos que el estatus social era distinto pero no era motivo de distanciamiento entre nosotros. Mis hijos solían venir a verme con frecuencia y mis nietos también. Ellos eran los encargados de llevar todo el peso de la fábrica ahora. No tenían problemas entre ellos, cada uno ejercía su trabajo, y su meta era abrir más fábricas, importar al extranjero, en fin, metas muy claras de prosperar y mejorar cada día más.

Mi herencia estaba muy clara. A partes iguales para mis cinco hijos. Para mis nietos una cantidad de dinero igual para cada uno de ellos y para los empleados de mi casa, entre los que está Mario, otra cantidad nada despreciable de dinero. Creía que era una herencia justa para todos. Pero había alguien que no pensaba lo mismo...

Uno de mis hijos pensaba que él tenía más derechos que los demás. Creía que no era justo que todos heredaran la misma parte. El tenía que ser el eje principal de la herencia, porque él era el que más trabajaba, el que más horas pasaba allí y el que según él, se había dejado la piel en ello. Ese fue el planteamiento que me hizo, y mi cara de estupor lo dijo todo. Lo eché de casa después de ciertos improperios que soltó por su boca que me dejaron perplejo. Pensé que se le pasaría y que volvería a pedir perdón. Pero pasaban los días y no aparecía. Llamé a sus hermanos para reunirnos a cenar y comentar lo que había ocurrido. El mediano, después de mucho tira y afloja, soltó la gran bomba. Su hermano había estado robando dinero y él lo había descubierto y tapado pensando que así lo ayudaba, hasta que se dio cuenta, de que su hermano, era drogadicto. Estaba enganchado a las drogas como lo había estado su otro hermano, y no nos habíamos dado cuenta ninguno, o mejor dicho, no habíamos querido darnos cuenta. Había ido dejando señales las cuales habíamos ignorado, y la más clara había sido el robo de dinero en la empresa. Se habló de nuevo que íbamos a hacer y como íbamos a solucionar esto y decidimos hablar con él para que ingresara en un centro. Nos despedimos y me quedé con Mario hasta altas horas de la madrugada llorándole mis penas. Mario escuchaba con cara compungida. Volvía a repetirse la historia, pero esta vez me cogía demasiado mayor para poder pelear. Esa misma noche, cuándo nos íbamos a acostar, apareció mi hijo. Venía desencajado. Quería dinero...necesitaba dinero urgentemente. Gritó, me insultó. Cuándo Mario le quiso parar los pies, lo empujó y subió las escaleras hacia la habitación. Gritaba que cogería las joyas de su madre y las vendería. Mario subió detrás de él para impedirle que tocara nada. Yo estaba apoyado en el sillón del salón, me estaba superando la situación. Estaba cogiendo una cafenitrina de mi bolsillo, ya que las llevaba siempre en el pastillero, mi corazón estaba gastado y era demasiada presión. Oía gritos arriba y vi subir y bajar a mi hijo varias veces enloquecido. Necesitaba su dosis e iba a hacer todo lo posible para conseguir dinero. De pronto, los gritos se acercaron a la escalera y mi hijo empujó a Mario. Rodó escaleras abajo mientras él entraba en mi habitación. Mario quedó tendido en el suelo con un hilo de sangre por la boca. No se movía. Mi hijo bajó desesperadamente las escaleras con su botín en las manos. Saltó por el cuerpo de Mario y se marchó. Mario estaba delante de mí con los ojos abiertos y muerto. Mi hijo había matado a mi fiel compañero.

Hice lo que tenía que hacer. Antes de llamar a mis hijos llamé a la policía. A los pocos días apareció el cuerpo de mi hijo. Había muerto de una sobredosis. La historia se había repetido de una forma más dramática que la primera. Lo teníamos todo en esta vida, él lo tenía todo y nos arruinó el futuro. No me interesaba ya vivir. La vida me había mostrado su cara más amarga y cruel. Ya nada tiene sentido. Tendré que vivir los años que me queden pensando en que me equivoqué para que dos de mis hijos fueran drogadictos, tendré que sobrevivir pensando en cómo le arrebató la vida a Mario y destruyó nuestro futuro. "

Este Relato Corto no tiene nada que ver con mi vida. Es invención.


La vida consiste no en tener buenas cartas, sino en jugar bien las que uno tiene.

Josh Billings (1842-1914) Humorista estadounidense.

martes, 26 de agosto de 2014

Gracias mis queridos lectores!

Nunca me cansare de daros las gracias a todos  los que entrais a leer mis relatos. Gracias a todos vosotros, ya llegamos al 1.000.888 visitas. Un blog que fue creado, en un principio para mī. Para satisfacer mi curiosidad y para aplacar mis ansias de escribir. Hoy os agradezco a cada uno de vosotros vuestra visita ya que con ellas me anima a seguir haciendo algo que me encanta, sin mås pretensiön que esa...escribīr...para vosotros y para mī.

Gracias!!!!!!!!

Midala

domingo, 24 de agosto de 2014

MAMÁ SE MUERE

"Hoy tengo sentimientos encontrados...mamá se muere y yo no siento nada. Me siento miserable por ello y cruel, pero no puedo cambiar lo que siento por más que lo intento. Veo a mis hermanos alrededor de la cama agobiados y llorando. Y yo...aquí...apartada...en una esquina sin saber lo que hacer. No siento y quizás debiera de sentir. Grito para mis adentros que alguien me ayude a sentir su pérdida pero es imposible.

Mamá me abandonó cuando yo era muy pequeña. Me dejó en la Iglesia. Y me crié con las monjitas hasta que crecí y decidí buscarme la vida por mí misma. Mi infancia fue...triste y apagada,  mi fiel reflejo de hoy en día. Las monjitas nos enseñaban a su manera...a las 8 desayuno...después a Misa...a clases...y por la tarde a clases de costura...punto...ganchillo.Y de vuelta a Misa.Nunca supe lo que era una caricia…ni un beso…nunca celebré un cumpleaños…ni unas navidades…nunca recibí un abrazo cuándo lloraba de angustia…Nuestra vida allí era negra como las tinieblas, llena de angustias y miedos.

 Hoy en día sigo haciendo lo mismo. Las mismas cosas a las mismas horas. Porque me gano la vida con la costura...con el ganchillo...nada varió. Tan solo que ahora pongo música mientras coso o calceto. Tengo una buena clientela para la que hago ropa y con eso me gano la vida. Pero mi vida se sigue reduciendo a las cuatro paredes y a mis rezos.

Hace tres días, apareció por mi humilde casa un joven que me dijo que era mi hermano. Yo no tenía hermanos...ni tenía padres...no sabía de que me hablaba ese joven alto y fuerte que tenía delante de mis ojos. Me dijo que llevaban tiempo buscándome y que por fin habían dado conmigo. Era su hermana, y tenía cinco hermanos más. Estaban encantados de reencontrarse conmigo. Y mis padres aún vivían. Aunque mi madre se estaba muriendo. Yo no asimilaba lo que el joven decía y era como si lo que hablaba no fuera conmigo. Yo... ¡nooo tenía padressss! No era tan difícil de entender...a mi me abandonaron y nunca quisieron saber de mí...ahora ¿se quieren despedir?...Despedirse de mi...que me crie sola sin cariño ni amor...en medio de rezos y normas estrictas...en medio de llantos reprimidos y angustias ocultas...en medio de pesadillas tenebrosas y miedos a no ser amada nunca más. Hoy me pedían que acudiera a despedirme de mamá...como él la llamaba. Yo no tengo madre, yo soy hija de la calle, soy mi propia madre y mi propia familia. Soy una mujer marcada por lo que mi madre hizo, soy una mujer triste y enjuta, callada y amargada, no sé lo que es amar ni ser amada y hoy me piden que dé amor...

Fui con él a su casa. No era la mía. Estuve con ellos tres días mientras su madre agonizaba. Mis supuestas hermanas  me decían que me acercara a la cama y hablara con ella, que le dijera que estaba ahí, para darle un beso de despedida. Pero a mi no me salía nada. Veía a una mujer mayor en la cama, agonizando, pero yo no sentía nada por ella. Solo un vacio que me aterraba. La familia estaba toda unida, y yo estaba en una esquina sin saber en dónde podía encajar. Yo allí no encajaba. Esa no era mi familia. Salí por la puerta para irme y uno de los jóvenes me agarró del brazo. Hizo una seña a todo el mundo y la habitación quedó vacía y el silencio. Me arrastró hasta la cama. Me agarró por los hombros y me sentó. El se fue. Yo contemple a la señora que tenía delante. Una mujer mayor, gruesa, con ojeras y olor a muerte. Pálida...y cuándo me acercó su mano a la mía estaba fría...tan fría como la muerte. Intentó hablar, pero se agotaba. Me apretaba la mano con fuerza y decía en bajo "mi niña". Muchas horas solas en la habitación fueron las que me llevaron a saber que había ocurrido conmigo. Yo era la sexta hija que tenía. Había nacido un día frío de diciembre y no podía darme de comer ni mantenerme. Tenía cinco hijos más. Y decidieron entre ella y su marido, dejarme a las puertas de la Iglesia. Sabían que así tendría una vida mejor. Ellos siempre me habían añorado y llorado mi marcha. Yo escuchaba en silencio y no le solté en ningún momento la mano, pero mis sentimientos eran nulos. Me hablaba de añoranza y me buscan cuándo se muere para pedirme perdón...me hablan de vida mejor...cuándo yo no sabía lo que era amor, ni tan siquiera un beso o una caricia. Era la primera vez que alguien me daba la mano...me daban las mano para poder morir en paz. 

Sus explicaciones la agotaron y murió con sus manos entre las mías. Me quedé unos segundos a solas con ella e intenté llorar. Las lágrimas no se buscan...acuden...y a mí no acudían. Salí de la habitación y llamé a los jóvenes.

- No quiero que me busquéis nunca más, yo no tengo familia. Permanecí con vuestra madre por caridad, no por amor. Por favor, dejarme vivir la vida que me impusisteis. Vosotros hoy tenéis dolor. Yo solo tengo indiferencia.

Nunca más volví a saber de ellos. Y yo nunca pude amar ni ser amada. Mi vida estaba marcada por la indiferencia."



Esto es un relato que nada tiene que ver con mi realidad.
Al amor, como a una cerámica, cuando se rompe, aunque se reconstruya, se le conocen las cicatrices. Proverbio griego




martes, 12 de agosto de 2014

AMANTES (FINAL)


"Los meses iban pasando y los años iban transcurriendo. Y todo seguía igual. Yo seguía añorando los instantes con ella y el poseer una parte de su vida que no me correspondía, ser partícipe de su día a día con sus hijos...con su trabajo...con sus amigos. Yo tenía mi vida independiente, mis amistades, que nunca supieron de ella hasta llegado el momento. Supimos ocultar nuestras emociones y nuestros sentimientos, tragarnos nuestros remordimientos e intentamos no destrozar más vidas que las nuestras.

Nuestros encuentros eran en mi casa, siempre por las tardes o por las mañanas. Cuándo ella podía hacer una escapada, cuándo el salir de casa no fuera un motivo de extrañeza o de desconfianza. Con los años los encuentros eran más relajados, ya que sus hijos fueron creciendo y la dependencia de su casa era cada vez menor. Sus hijos trabajaban y su marido también. Nosotros lo teníamos por fin ya más fácil. Seguían siendo unos encuentros llenos de ternura y amor a pesar de los años. Nos queríamos con locura. Quizás porque no habíamos compartido suficientes horas al día juntos, puede ser, aunque lo dudo. Lo nuestro era amor de verdad. Un amor que había llegado un día tarde. Solo un día.

Ana tenía las llaves de mi casa. Era el día de mi cumpleaños y quiso darme una sorpresa. Nunca creímos que sospecharan de nosotros. Pero estábamos equivocados. Su hijo mayor, sabía que su madre tenía un amante. Ese día la siguió y la vio entrar en el portal. Yo aun estaba trabajando. No pensaba llegar a casa hasta más tarde de lo habitual. Me resultaban difíciles ciertas fechas sin ella. Y Ana entró en casa. Encendió velas y sacó de una bolsa que traía comida preparada. Puso un mantel que encaje, que traía de su casa y guardó la tarta en la nevera. Oyó que alguien andaba en la puerta, y pensando que era yo, fue a abrir. Pero era su hijo el mayor, que lleno de rabia y odio, acuchilló a su madre hasta matarla. Cuándo su ira remitió, se dio cuenta de que era a su madre a quién había matado, no a mi. Las luces de las velas le habían impedido ver que era su madre no yo, a la que había asesinado.

Cuando yo llegué a mi casa y vi la puerta abierta, pensé que ella estaba allí y al abrir la puerta, me encontré a su hijo llorando agarrado a su madre. El mundo se derrumbó ante mí. Ana estaba muerta. Me derrumbé en el suelo como un muñeco de trapo, ante los ojos de Alex llenos de odio y rabia. Lloramos durante mucho rato preguntándonos a la vez el por qué. Le pedí que se calmara y que llamáramos a su padre. Le teníamos que dar una explicación. Ana hubiera querido que así fuera. Alex lloraba desgarradoramente culpándose de la muerte de su madre y me echaba a mí la culpa de lo ocurrido. Yo llamé a su marido y le inste a que viniera a mi  casa inmediatamente, diciéndole que había ocurrido una tragedia.

La realidad siempre supera la ficción. La llegada de Alejandro y los siguientes acontecimientos fueron trágicos. Los dos me culpaban a mí de lo ocurrido pero la mano ejecutora no había sido la mía. Había que tomar una decisión. Y tenía que ser ya. Alejandro, dijo que sería él quién se declararía culpable de lo ocurrido. Jamás consentiría que su hijo fuera a la cárcel. La situación era irreal. Estábamos hablando de quién se declararía culpable de haber matado a Ana, cuándo ella estaba allí a nuestro lado, mirándonos...con los ojos aún abiertos.

A partir de ese momento mi vida se convirtió en un tormento. La noticia salió en todas las noticias y periódicos. Todo el mundo se enteró de lo ocurrido. Alejandro se declaró culpable de la muerte de su mujer y yo no volví a querer relacionarme con nadie a partir de ese momento.

Pasados unos cuantos meses de la muerte de Ana, en los que los días eran pesadillas, y las horas estaban llenas de angustias, me llegó a casa una copia de un certificado de unas pruebas de ADN. Alex, el hijo de Ana, era mi hijo."

El que ama a una casada, puede morir de cornada.



jueves, 7 de agosto de 2014

AMANTES (I PARTE)


“Era mi amante, mi compañera, mi amiga y sin embargo sabía que jamás sería su esposo, pero nunca importó. Yo siempre estaba a su lado cuándo ella me necesitaba, cuándo sus hijos se ponían enfermos y sus miedos y ansiedades aparecían, ahí estaba yo, al otro lado del muro, para consolarla y ayudarla. Cuándo se murió su hermano en un fatal accidente de tráfico, ahí estaba yo...escondido del mundo y de las amistades, en la oscuridad, para consolarla y amarla. Mi vida, como la de todos y todas las amantes no fue fácil. Vivir en las tinieblas, sin tener vida social, siendo el amigo perfecto...es cuanto menos...difícil. Muy difícil.

Ana y yo llevamos juntos desde el mismo día que se casó. La noche anterior a su boda, la conocí en su despedida de soltera. Y hasta hoy, 25 años después, estábamos juntos. La vi casarse...la vi tener hijos...la vi crecer y madurar...la vi amar a dos hombes y vi su desesperación. También me vi a mí...solo estos 25 años. Pendiente de sus llamadas, de sus citas, de sus malos humores y angustias, de sus remordimientos. Ahí estaba siempre yo esperándola con una sonrisa. Como el niño que espera una recompensa por las buenas notas. Ese era yo. Siempre esperando por ella. 


Ana nunca se planteó nada más que tener una doble vida. Decía que el daño que podía hacerle a su marido podía ser enorme y no se lo merecía. Y yo con tal de tenerla a mí lado...le pasaba todo. Sabía a lo que me había arriesgado el día que comenzamos esta historia. Ella se casaba al día siguiente y yo fui a verla a la Iglesia. Estaba preciosa. Era un ángel vestido de blanco y rodeada de flores. Sonreía con una risa nerviosa y dubitativa. Me vio. Cruzamos una mirada intensa y llena de pasión. Pero dio el sí quiero. Y nuestra historia siguió. Siguió como siguen las fuertes granizadas después de una tormenta. Siguió como siguen las manadas de mosquitos en los fuertes días de calor. Era imposible frenarnos. Comenzamos con una fuerte atracción mutua, algo que nos electrizaba y nos ponía los vellos de punta, algo que necesitábamos para vivir, para salir de la monotonía y del hastío diario. Pero después se convirtió en amor, en cariño, en enamoramiento. Después ya era una necesidad el estar juntos, a pesar de mi soledad, de mis noches solo y mis almuerzos tristes y apagados. Llegar a casa a la hora del almuerzo quizás era lo peor. Tener que poner siempre un plato en la mesa, sin conversación, sin nadie enfrente para poder hablar e intercambiar los acontecimientos del día a día. Pero los días más duros eran en su cumpleaños, o su aniversario de boda...o las navidades. Su llamada a escondidas a altas horas de la madrugada, era mi única recompensa. Oír su voz compensaba todo ese vacío que sentía yo sin ella. Me contaba los acontecimientos...me decía que me echaba de menos...que no podía vivir sin mí y eso era suficiente para que yo me conformara. Era parte de mí vida y parte de mi ser. Era mi mujer. Aunque no estuviéramos casados. Era la mujer que yo había escogido para vivir con ella el resto de mis días, la mujer a la que compartía con otro, la que tendría hijos de otro hombre pero no míos. Yo asumía ese plan. Aunque no negaré que dolía. Quisiera haber sido yo el que dijera "Yo Carlos, quiero a Ana por esposa, en las alegrías y en las penas”. Pero no fui yo. Fue él. Y los dos hijos fueron de él. Y la mayor parte de su vida le perteneció a él. Aunque los momentos más trágicos de mi vida estaban por venir."

domingo, 13 de julio de 2014

MI ANGEL DE LA GUARDA

Estaba triste y abatido, este revés de la vida no lo iba a poder superar nunca. Se había ido su  mujer, había sido su amiga y su amante, su compañera de risas y lágrimas, habían compartido juntos 50 años en común y tenido 5 hijos. Antes de morir, le "ordenó" salir a la calle, que no se quedara en casa como si fuera ya un abuelo mayor, que saliera al jardín para ver jugar a los niños, que a ellos les gustaba mucho hacerlo. Juan, cumplía su promesa cada día. Llegaba al mismo banco donde se sentaba con ella y la añoraba. Esa mujer tierna y alegre que había sido su Matilde, amante de su familia y de sus amigos, lo había dejado en el tramo final de su vida. Ella se había ido primero, dejándolo cojo y manco sin su presencia.

Se sentó a su lado una anciana con un libro. Mercedes, así se llamaba, iba todas las tardes al jardín a leer. Ella conocía de vista a ese señor y a su mujer, pero ya llevaba unos meses viéndolo solo, por lo que se imaginó que su mujer había fallecido. Decidió hacerle compañía y se sentó a su lado.

- ¿Oiga, me podría decir el título del libro? Hoy cogí el primero que me salió de la estantería. Será releído de nuevo.

- Claro que no me importaría decirle el título del libro si llevara las gafas encima pero como no las llevo, no se lo puedo decir.

A Mercedes le dio un ataque de risa y le dijo que malo era no llegar a viejo, pero llegar con estos achaques hasta se hacía divertido. Mercedes era una mujer muy vital, con una energía tremenda a pesar de sus 86 años y un sentido del humor espectacular.

- No vemos... no oímos y si nos sacamos la dentadura postiza parecemos todos unos clones.- Reía Mercedes.

José, reía a carcajada, pero no sabía si esa buena mujer era una loca o sencillamente vivía la vida con alegría.

Pasaron la tarde en el jardín, ella le contaba sus peripecias con su auto, porque ella conducía y José se mataba de la risa, imaginándosela sin ver y sin oír, pero conduciendo un coche. Lo contaba todo con una gracia y olé que tenía la buena de la mujer...Ya no recordaba las señales de tráfico, pero ella seguía cogiendo su cochecito para ir a sus recados. Iba despacito, eso sí, así evitaría accidentes, decía ella toda llena de razón, cuándo no sabía los que podría haber provocado con su lentitud!!! La tarde fue  muy agradable y José volvió a sonreír.

Todas las tardes esperaban el uno por el otro para contarse sus batallas matinales, sus quehaceres diarios y sus lastimas de enfermedades. Mercedes se reía muchísimo. Era una gran mujer y muy divertida. José estaba encantado de estar con ella, pues hacía más llevadera la pérdida de su esposa. Todas las tardes bajaba al jardín, esperando encontrarla para hablar de sus batallas.

Pero un día de invierno, Juan no se presentó a la cita, ni al día siguiente, ni al otro. Mercedes pasó unos días muy tristes pues le había cogido cariño. Lo esperó un mes sin ningún resultado y pensó lo peor; entonces, miró al frente...vio lo que había, y se acercó a un ancianito que estaba sentado en un banquillo solo.

-  Caballero… ¿Me podría decir el título del libro? .Hoy cogí el primero que me salió de la estantería. Será releído de nuevo.

Todos tenemos un ángel detrás de nosotros. Nuestra misión es encontrarlo!!! Midala, 1961-2........:):):)

jueves, 26 de junio de 2014

ENVIDIA

"Hace unos días, me encontré a Pedro por la calle y tengo que reconocer que estaba  mejor que nunca. Hacía muchos años que no lo veía y me dio la sensación de que había rejuvenecido varios años. Hablamos durante largo rato sobre nuestras vidas y sobre cómo nos iba todo por el camino que habíamos emprendido.
Me contó que hacía un año se había casado y que le iba muy bien. Había contraído matrimonio con una mujer 10 años más joven que él. ¡Vaya suerte que tienen algunos! Me enseñó la foto de su preciosidad de mujer, y es que era eso, una preciosidad. El tonto de Pedro, que siempre había sido un tonto y míralo por donde, casado con una jovencita. Pero claro, si pensamos que Pedrito, era el dueño de varias mueblerías, pues ya está. Salía todo. ¡Porque para casarse con Pedro hacía falta tener agallas! No era un hombre de luces ni despierto, de hecho, el negocio se lo había dejado su padre. El padre es quién tenía el mérito. El había abierto dos mueblerías y se las había dejado funcionando a su hijo, y él había abierto dos más, pero porque había tenido mucha suerte con sus empleados, que le habían ayudado mucho y habían tirado mucho del negocio, porque si llega a ser por él...es imposible que lleve un negocio. Y ahora resulta que su mujer está embarazada, porque quieren tener varios hijos, por lo menos tres, me dijo Pedro. ¡Hahn no saben lo que les viene encima! tiene uno que estar muy loco para tener un hijo con los tiempos que corren.

Me invitó a tomar unas cañas mientras hablábamos y me contó que quería abrir más mueblerías fuera de la región, que estaba pensando en la expansión. Pero.... ¿que sabe Pedrito de expansión? Si este es tonto. Y seguro que abre otra tienda y tiene suerte en encontrar a unos buenos vendedores. Si es que la vida a veces es injusta, unos mucho trabajar para no tener nada, y a otros se lo dan todo hecho. Yo trabajo muchas horas al día y sin embargo siempre estoy sin un duro y este imbécil me cuenta que se van a ir de viaje al extranjero 15 días. A conocer París. Ni más ni menos. Yo entre el alquiler del piso, los gastos del coche, mis juegos de por la noche por internet, que eso desde luego no es un lujo, es una obligación. Salir del trabajo y jugar un rato a apostar en internet es un entretenimiento que es imprescindible en mi vida. Y con eso se termina casi mi sueldo. Y al idiota este parece que le va a las mil maravillas. Me dice que viven en el centro pero que compraron un chalet en las afueras, para que cuando nazca el niño su mujer pueda estar al aire libre con él. Yo por tener no tengo ni tienda de campaña. Me pongo colorado de la rabia que me da. La vida es muy injusta con algunos. Yo no me merezco la vida que llevo. Ni tengo mujer ni hijos ni gallos que me canten. La última pareja que tuve me dejó porque me dijo que el dinero que ganaba lo gastaba todo en el juego. Vaya idiotez. Yo gasto lo que me da la gana.

Me habló de seguros...de planes de pensiones...de intereses de las cuentas....este tío está forrado vamos. Y es que es un niño de papá. Si lo hubiera tenido que currar como los demás no viviría así. Dice que trabaja doce horas diarias y... ¿que se cree que hacemos los demás? No tantas horas pero casi. A este tío la vida lo trata demasiado bien y estoy harto de oírle contar sus buenas expectativas que tiene en todos los sentidos.

Nos levantamos de la terraza donde tomábamos las cañas y fuimos juntos andando hacia el semáforo. Me deseó toda la suerte del mundo en mi vida y bla bla bla...Aun encima sabía hablar bien y todo. Seguro que también le habían enseñado.

 Venían los coches zumbando. Y como está harto de escuchar las historias de Pedrito y nadie se iba a enterar...un empujoncito mientras esperamos a que cambie el semáforo y adiós Pedrito. Dicho y hecho. "


» François de la Rochefoucauld  (1613-1680) Escritor francés

domingo, 22 de junio de 2014

NIÑOS DESAPARECIDOS

Corre, corre, no llores, no mires hacia atrás. Los malos te persiguen. No dejes de correr. Agáchate, quizás si corres mas te puedas esconder. El corazón parecía salirle por la boca, corría y corría sin mirar atrás a pesar de los ruidos y chillidos que oía. Si lograba llegar a donde estaba la gente, sería un día más de vida. Estaba a una manzana del lugar donde las mujeres compraban sus Loewe y sus Dior. Era la calle más poblada y rica de la ciudad. Allí estaría a salvo, solo tenía que correr sin mirar atrás.

Paulo entró por el callejón en la calle principal. Estaba atestado de gente con bolsas y niños bien con sus padres. Las mujeres parecían importantes y llevaban bolsas de compras en ambas manos. El sabía que allí no le harían nada. Podrían verlos y ellos no querían eso. Miró hacía atrás y los vio dar vuelta. Eran tres los que en ese momento le seguían a él, pero seguro que muchos estaban aun corriendo por otros callejones, persiguiendo a sus compañeros. Ya era la segunda vez que se enfrentaba a esa gente. Primero comenzó oyéndose un rumor de que algunos de sus compañeros habían sido secuestrados y nunca más se les volvió a ver. Pensaban que eran cosas de la calle pero no una realidad. Hasta que le ocurrió a él y se dio cuenta de que era cierto, de que los hombres de negro querían matarlos.

Esa tarde vagó por la calle, escondiéndose para que nadie le llamara la atención. Un pobre no adorna para bien una calle de ricos, por lo que eran perseguidos. Paulo sabía que muchos de sus compañeros habían ido desapareciendo, pero no sabía a quién acudir. Vivían en la calle, en donde podían, en las alcantarillas, debajo de un puente...desde que había comenzado esta persecución tenían de cambiar de ubicación cada noche. Y durante el día permanecer ocultos o venían los hombres de negro y los hacían desaparecer. Sus compañeros eran su única familia, no conocía otra más que ellos, y ya habían desaparecido dos de ellos, Pietro y Thomas. Una noche, los cogieron desprevenidos. Entraron en las cloacas. Allí estaban todos durmiendo, unos encima de otros para darse calor. Algunos habían conseguido unas botellas de licor y se las habían bebido para mitigar el frío, estaban borrachos y sin reflejos. Otros metían pegamento en una bolsa y lo respiraban. Así decían no sentir el dolor de la vida. El dolor de no comer y de pasar frío, el dolor de la soledad, de no ser querido y de tener que buscar cada noche donde dormir. Paulo sabía que hacían cosas que quizás los niños "normales" no hacían, pero ellos no tenían una vida normal. Ellos no tenían ni un hogar al que acudir, ni una madre que les preparara la cena o les diera un beso cuándo se dormían. Ellos tenían que robar para poder comer y arriesgar sus vidas para no sentir frío. Quién no conoce la soledad no sabe de lo que Paulo habla, quién no conoce la desesperación...el hambre...el miedo...el desprecio...los golpes...los insultos...quién no conoce la muerte en vida...no podrían entender a Paulo y a los niños de la calle. Esa noche se llevaron a quince de los que allí estaban. Nunca más se volvió a saber de ellos. Paola, una de las niñas, les dijo al día siguiente que había visto como iban entrando todos en un furgón grande y se los llevaban. También dijo que los había visto llorar, y como les pegaban, como gritaban de dolor. Pero los hombres de negro parecían impasibles ante tanto dolor.

Ahora tenían que procurar cambiar sus hábitos hasta que se olvidaran de ellos. Después irían a por la gente mayor que vivía en las calles  y los dejarían respirar un poco. Y después volvería la ronda. Querían dejar las calles limpias de indigentes como ellos. Molestaban y afeaban las ciudades, además no había sitio para ellos en ninguna parte. Una vez oyó decir a un hombre "poderoso caballero es don dinero" y él...no entendió la frase, pero ahora, cada día iba comprendiendo más que sin dinero...nada vale nada...ni mi vida.


Peor que la muerte: el miedo a morir. Peor que el miedo a morir: el miedo a vivir.
Anónimo.