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jueves, 4 de noviembre de 2021

TU O YO

Tú o yo...esa era la cuestión. Solo tenía que tomar una decisión, y estaba tomada desde el momento cero. Todo había sido un fatídico accidente. Un fatal accidente...algo con lo que nadie cuenta. Creemos que jamás nos pasarán esas noticias que aparecen en los periódicos, esas cosas solo les ocurren a los demás. Pero no es así. Nosotros también somos los demás.

 Yo esa mañana me había levantado como cualquier otra. Organizado la casa y vestido a los niños preparadas sus meriendas de media mañana y sus ropas, era todo corriendo por no variar. Las mañanas eran muy ajetreadas, ellos entraban en el cole y yo a trabajar. Nos montamos corriendo en el coche. Vosotros llorabais y os peleabais, también algo habitual. No os llegaba lo que dormíais y el coche era un suplicio. Eran gritos y peleas. Yo iba en mi mundo. Tenía una reunión muy importante e iba casi sin dormir. Agotada. Me había acostado muy tarde preparándola y había dormido muy poco. Todo tenía que salir perfecto. Nos jugábamos mucho. Demasiado. Yo quizás hasta mi trabajo. Todo tenía que salir a la perfección este día. Y parecía que iba como siempre...un caos mañanero. De cuándo en cuándo escuchaba vuestros gritos, pero yo seguía conduciendo absorta en mi problema. No había mucho tráfico, algo también normal ya que yo iba por atajos y aunque recorría más kilómetros, iba más rápido. Faltaba poco para llegar a la mitad del trayecto, en el que había un paso de tren. Pedí silencio gritando. Me estabais poniendo nerviosa. Comenzaba a hacerse tarde. No venía ningún tren y comencé a pasar por los rieles del tren, como todos los días. De pronto, el coche se paró en seco. En el medio y medio. Todos mis miedos de la famosa reunión aumentaron pensando en que llegaría tarde. Apague el coche y volví a encenderlo. Nada. Silencio total. El coche no emitía ningún sonido. Se escuchaba un silencio aterrador.  Ahora sí que comenzaba a ponerme histérica pero no pensando en mí trabajo. No sabía lo que hacer. De pronto escuche un pitito muy a lo lejos. Era el tren. No podía ser real. Era el tren que venía a nuestro encuentro. No podía ser real lo que nos estaba ocurriendo. Bajé corriendo del coche y bajé a la niña de su silla y la puse en uno de los laterales. Grité con todas mis fuerzas que no se moviera de ahí. Me miraste asustada. No solía gritar de esa forma, nunca perdía los estribos. Si por algo me caracterizaba era por mi calma y paciencia, pero...en este momento estaba histérica. Tenía que quitar ahora a Hugo de su silla y el silbido del tren cada vez se escuchaba más cerca. Con los nervios se me atascó el cierre de la sillita, no era capaz de abrirlo. Tú gritaba mi amor, y a la vez tenía que gritarle a tú hermana que no se moviera. ¿Cómo podíais entender mi desesperación con 2 y 3 años? ¿Cómo podíais saber que estábamos ante un peligro de vida o muerte y que teníais que obedecer? Logré desabrocharte de la silla, pero nada pudo salir peor. Mi zapato se metió en el raíl del tren. Tiré y tiré pero no salía. Los nervios me la estaban jugando. No sabía qué hacer y el tren se acercaba. El pitido ya era seguido y desesperado. El maquinista nos estaba viendo pero no le daba tiempo a frenar. Lo único que podía hacer era soltarte y que fueras con tú hermana. Te puse en el suelo y te grité que te fueras, que cuidaras de ella. Tú no te movías. Yo te gritaba "Vete, vete" pero tú con ojos como platos mirabas mi desesperación. La verdad, y voy a ser sincera, nunca habíais sido demasiado obedientes, pero ese no era el momento de desobedecer. Miré hacia donde venía el tren y...casi podía ver al maquinista. Tú seguías a mi lado y yo tiraba de mi pie con todas mis fuerzas. Te di una patada con todas mis fuerzas, y te moviste. Respiré, la patada había sido lo suficientemente fuerte como para alejarte de las vías del tren. Estabas con tú hermana. Llorabais, tú quizás porque te había dado una patada y bien fuerte o porque no entendíais la situación. Yo seguía tirando de mi pie y de pronto, el zapato y mi pie salieron del raíl, justo cuando veía al maquinista llevarse las manos a la cabeza desesperado. Escuchaba chirriar al tren que intentaba frenar a tiempo pero era imposible. Yo salté temblando a vuestro lado y os apreté con todas mis fuerzas. El tren poco a poco iba perdiendo velocidad pero aún así al llegar a nuestro coche....lo machacó como si fuera un juguete. Un día cualquiera se puede convertir en una gran tragedia. Para nosotros, fue un susto. Un trauma..Un shock. Pero no ocurrió nada más. Mi instinto de madre, de fiera de amor, me había impulsado a intentar manteneros con vida, y la mía...poco importaba al lado de la vuestra. Pero la suerte había estado de mi lado y estábamos todos juntos.

 

“Las desgracias son la salsa de este plato atroz que es la vida.”

 

  


miércoles, 3 de noviembre de 2021

VIVO DENTRO DE TÍ

 A veces, te preguntas la razón de muchas cosas y creo que es el momento de explicártela. Vivo dentro de ti, formo parte de tú ser. Tú me alimentas cada día, vas poco a poco, forjando tú personalidad. Puedes escoger...y tú lo hiciste. Le das de comer al odio y a la envidia.... al egoísmo y a la prepotencia. Hiciste de ellos tú forma de vida y te riges por ellos. No soportas la bondad ni la generosidad, odias la humildad y la sencillez. Tus armas, para tú lucha diaria son las que otros desprecian e intentar apartar de sus vidas, pero tú...haces de ello tú vida. No soportas que la sencillez ni la bondad...ni la alegría, ni la empatía… Te gusta pisotear a la gente y menospreciarla.

Eres feliz cuándo las cosas se les tuercen y les sale todo mal, cuándo las enfermedades hacen mella en sus vidas y truncan sus planes Te retroalimentas diariamente y te complaces de ello. Hiciste de ello tú forma de vida y eres tú misma, la persona responsable de tus actos. Puedes escoger, puedes cambiar… pero te decantaste por esta forma de ser...y estás orgullosa cuándo ves las lágrimas en otras personas. Te sientes feliz cuándo haces daño y orgullosa por tu forma de actuar.

A veces miras a tus semejantes y piensas que son demasiado bondadosos, que tú en su lugar actuarias de otra forma. Siempre das por hecho que tú forma de hacer las cosas es la correcta, sin pararte a meditar si existe otra forma de actuar. Siempre te decantas por el lado más retorcido y perverso. Nunca te planteaste cambiar tu forma de ser, tus actos se guían por el egoísmo y por tú comodidad. Vivo en ti y vivo felizmente. Tú me das de comer a diario. Yo solo hago lo que tú dices. Yo soy el odio, la prepotencia, la maldad, la falta de educación, la soberbia y el egoísmo. Yo soy tú. 

 

 

  • El silencio del envidioso está lleno de ruidos. (Khalil Gibran)

 

 


jueves, 9 de septiembre de 2021

SECRETOS DEL CORAZÓN

Pilar contemplaba desde su banquillo a los niños jugando. Era algo que llevaba muchos años haciendo y le encantaba. Eran como una explosión de alegría y vitalidad que ella año a año iba perdiendo poco a poco, y esas risas y alegrías de seres tan pequeñitos y vulnerables le daban vitalidad. Metió la mano en su bolso y comenzó a buscar algo que siempre llevaba con ella. Una bolsa de plástico con migas de pan para los pajaritos. Y así pasaba parte de sus mañanas, entre mirar a los niños y los pajaritos. Era una mujer menuda y endeble. Su rostro estaba ajado y cansado, pero siempre tenía una sonrisa en su rostro que la hacía encantadora. La gente se paraba a hablar con ella muy a menudo, incluso las mamás de los niños se sentaban a su lado mientras ellos jugaban. Pilar estaba bien. Había hecho las paces con su conciencia y con la vida y ya estaba plegando las alas para que cualquier día el Señor la llamara y emprender el camino hacia ese nuevo mundo en el que ella creía. Solo tenía en su corazón una espina muy negra clavada. Fue algo que le ocurrió que nadie supo jamás. Ni tan siquiera su difunto marido.

 

En aquellos años ella era una mujer joven y hermosa, con vitalidad y alegría. Se fue de casa de sus padres en el pueblo, para trabajar en la ciudad, en casa de unos señores. Estaba contenta ya que tenía su sueldo y trabajo. Podía ayudar a sus padres y hermanos mandándoles dinero a finales de mes y ella quedarse con otra parte. Y así era feliz. Ayudaba y sobraba para que ella pudiera tener sus pequeños ahorros. Dormía en casa de los señores, y ellos  se encargaban de descontarle de su sueldo la comida y de la habitación. Era muy bien vista por sus compañeras y jefes y se sentía feliz. Pero una noche todo cambió. El hijo de los señores entró en su cuarto. Fue la peor noche de su vida. El señorito estaba borracho y por más que ella insistía en que se marchara y la dejara en paz, el señorito estaba por amargarle la vida y hacer lo que le venía en gana. La violó varias veces en toda la noche. Ella se defendió como pudo, arañándolo y gritando. Pero nadie escuchó nada. O nadie quiso escuchar nada.

 

Al día siguiente Pilar se aseó y se arregló para trabajar. Estaba decidida a no decir nada. No podía dejar a su familia sin esas monedas que ella mandaba a final de mes. Sirvió el desayuno para toda la familia y ahí parecía que no había pasado nada, aunque sus compañeras la miraban de reojo. Con el paso de las semanas Pilar intuyó que estaba embarazada. Y el paso del tiempo le dio la razón. Estaba esperando un hijo del señorito. El miedo se apoderó de ella y no sabía qué solución encontrar para resolver semejante problema. Y decidió hablar con la señora. La señora fue muy comprensiva y le aseguró que no se quedaría sin trabajo. Tendría a su hijo en esa casa, y seguiría trabajando allí el tiempo que quisiera. Y el niño, se iría con su padre. Ella aceptó el trato. No quería recordar esa noche todos los días de su vida, ni quería que ese niño le recordara lo que había ocurrido. 

 

Esa noche se escucharon gritos de los señores en el salón. El señorito lloraba pero cuánto más lloraba los padres más le gritaban. En cuánto naciera el bebé se iría con él a vivir a otro país. Tenía que sentar cabeza. Diría que estaba viudo, que perdió a su mujer en el parto y se alejaría de la que ahora era su casa.

 

Pasaron los meses y Pilar dio a luz a una preciosa niña. Era igualita que su padre. Nada más nacer se la quitaron de las manos y todo fue muy rápido. Pilar gritaba que quería verla y que no quería entregarla. Había cambiado de opinión. Tenía dos manos para trabajar. A su bebé no le faltaría de nada. Pero ya no había vuelta atrás. Se llevaron a su bebé y a se sumió en una profunda depresión. El señorito se había ido a Cuba a trabajar con su hija. Eso fue lo que le dijeron. Ella dejó su trabajo en esa casa y buscó de nuevo otro sitio donde poder trabajar. Tenía buenas recomendaciones por lo que no fue nada difícil. Y....cerró su mente e intentó el resto de su vida no recordar su pasado. Era su gran secreto. Nadie lo supo jamás. Pero ella añoraba a su hija. Intentaba no recordarla para que su corazón no se sintiera herido, pero era imposible.

 

Una mujer madura se sentó a su lado. Estaba con un bebé precioso y cuándo la miró su corazón dio un vuelco. Tenía la misma cara que ella y el señorito. Intentó entablar conversación con ella y le contó que toda su vida había vivido en Cuba. Era hija única. Su padre nunca tuvo más hijos ya que su madre había muerto en el parto. Y cuándo su padre murió en un accidente, decidió venirse a vivir a casa de sus abuelos, ya que estos habían fallecido y ella heredó la casa. Ese bebé era su nieto. Ella estaba casada y tenía dos hijas. Le dijo donde vivía (que no era otro sitio que donde Pilar había trabajado y donde su vida se derrumbó) y le dio una tarjeta, para que fuera a visitarla cuándo quisiera. Le comentó extrañada que no comprendía cómo le estaba contando toda su vida si nunca la había visto, pero que tenía un pálpito que le hacía confiar en ella.

 

 Pilar escuchaba en silencio, con el corazón acelerado. Sus manos temblaban y sus lágrimas caían por su rostro. La que estaba a su lado, era su hija. En la última etapa de su vida, había tenido la oportunidad de conocer por fin a quién tanto había extrañado, y ese secreto que había guardo en el fondo de su corazón, ahora podía gritarlo.  Se sentía dichosa y agradecida. Ahora...ya podía llamarla el señor. Estaba en paz con su vida.

 

  1. Toda historia no es otra cosa que una infinita catástrofe de la cual intentamos salir lo mejor posible (Ítalo Calvino)

domingo, 1 de agosto de 2021

YA NO TE RECONOZCO AMOR MIO.

 

Adelino y yo Llevamos juntos desde que Cristo perdió el mechero. O sea...una eternidad. Lo conocí jugando al balón en la calle. Jugamos y crecimos juntos. Nos enamoramos y nos casamos. Vinieron los hijos, los problemas, las hipotecas y un sinfín de problemas. Yo me enamoré de un hombre silencioso y nuestra casa es un bullicio, siempre llena de niños gritos y peleas. Durante unos años íbamos a niño por año. Tenemos siete. No es mala cifra si te gustan los niños y si tienes un buen trabajo, cosa que ni lo uno ni lo otro. Adelino es más de ir al bar a jugar la partida con sus amigos, que de buscar otro trabajo. Y los niños dan la sensación de que son cosa de las mujeres. Criar un hijo y todo lo que acarrea es una ardua tarea que te ocupa desde el amanecer hasta el anochecer. A mí me gusta criar a mis hijos, me encantan los niños y estar con ellos, aunque a lo largo del día noto que me voy apagando y por la noche ya no soy yo...un ente se apodera de mi cuerpo y es el que lo lleva a la cama directamente. Adelino...el bueno de Adelino...siempre amable y simpático aunque silencioso, ahora amigo...quién te ha visto y quién te vio. Esa frase es la que siempre me dices tú a mi "pero mujer, quién te ha visto y quién te ve...esa mujer que yo conocí alegre y cariñosa mira en que se convirtió" y yo te miro de soslayo con una mirada asesina. Me dan ganas de matarte. Me lo dices mientras metes tú cartera en el bolsillo para ir a jugar la partida, mientras nuestra casa es un enjambre de abejas pululando a mí alrededor. Limpia mocos, cambia calzoncillos, lava pañales...¡¡¡Ay Adelino....que bonita ves la vida desde tú lado!!!!! Tú debes de creer que tus hijos se crían solos...y la comida se la hace la cocinera...Adelino...yo tampoco te reconozco. Te convertiste en un hombre enjuto que solo piensa en sus cosas y su propio bienestar, sin importar para nada lo demás. El problema, es que te quiero así. No me gustas de otra forma. Adelino...la vida aún te puede sorprender. Y yo soy mujer de sorpresas, no soy como tú. Me gusta la pelea. Y allá voy.

Esa noche Adelino llegó tarde a su casa. Como siempre con unas copa de más. La casa estaba silenciosa. El miró asustado para todas partes y lo que vio le impactó. La mesa de la cocina estaba puesta para dos. Había una botella de vino en el medio y dos copas. Dos velas. Dos platos. Todo era dos... ¿y el resto? Buscó con la mirada por todas partes hasta que la vio a ella.  Su Catalina del alma. Estaba tan bella...Se había arreglado y cocinado para él. El pelo recogido en un moño. Era el peinado que se solía poner ella cuándo eran novios. Catalina...lo seguía volviendo loco. Fue una noche divertida para los dos. Cenaron solos y en silencio sin su enjambre de abejas pululando a su alrededor. Se rieron y se emborracharon. Se acariciaron y se besaron. Y acabaron haciendo el amor.

Nueve meses después Adelino seguía repitiendo lo mismo... ¡Catalina...no te reconozco...estás todo el día gritando!! Si Adelino....pero ya no son 7 abejitas pululando...¡¡¡¡¡son ocho!!!!! El bobo de Adelino siempre caía en la misma "trampa". Lo mejor del caso...es que esas 8 noches a lo largo de nuestra vida han sido inolvidables, y por eso, sigo adorando a mi Adelino, por su paciencia, su mal humor al que uno se acostumbra y una de cal y otra de arena. Con el paso de los años o te acostumbras o sigues amando. Mis hijos y mi marido están por encima de todo. Ya nos lo dijo el señor cura cuándo nos casamos. En las alegrías y en las penas. Pues nada...¡¡¡a buscar por lo menos un día de alegría al año!!! 

  • El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos. (Francisco de Quevedo)

domingo, 25 de julio de 2021

MALDITOS DEMONIOS

Pedro siempre había tenido un carácter muy especial y difícil. Era un hombre callado y huraño. No era una persona que agradara a los demás ni tan siquiera a los suyos. Lo aguantaban, lo soportaban, pero porque no quedaba más remedio. Los vecinos evitaban parar a su lado y lo saludaban con la cabeza gacha para no tener que mantener la mirada. Pedro nunca había tenido amigos en su pueblo, ni de joven ni ahora de mayor. El se daba cuenta de que la sociedad lo discriminaba, el resto de la gente del pueblo hacían otra vida a la que él no tenía casi ni permiso. Se juntaban en el bar del pueblo a jugar a las cartas todas las tardes, tanto hombres como mujeres. El a veces se acercaba y miraba de soslayo con cara de envidia. Ellos lo miraban y callaban las conversaciones que mantenían. Tan solo Andrés, su vecino, que algunas veces le decía que entrara, que él le enseñaba a jugar. Pero cuándo lo decía, los demás jugadores de la mesa se levantaban y se marchaban, por lo que Andrés no volvió a decirlo y cuándo lo veía mirar hacia ellos...el hacía como si no lo veía para evitar tener problemas. Pedro tenía un carácter muy irascible pero nunca había llegado a pasar nada con él. Los vecinos le decían a Andrés..."algún día pasara”. Esa mirada...esos puños cerrados...siempre molestaron a los vecinos.

 Aquella tarde hacía una calma chicha. No se movía ni una hoja y el calor era asfixiante. Muchos de los vecinos del pueblo estaban escapando del calor metiéndose en sus casa o en el café, a la espera de que llegara la noche y pudieran a la luz de la luna refrescarse con sus charlas amenas pasar lo que quedaba de día a la fresca. Poco a poco fue ocultándose el sol. Pedro ese día estaba más extraño de lo normal. Daba vueltas por el pueblo sudando y murmurando a veces en tono elevado. En un momento dado, se dio un cabezazo contra un árbol. Estaba lleno de ira y de odio. Andrés que lo vio se acercó a preguntarle si estaba bien y que lo acompañaba al médico. Pedro lo miró durante un par de minutos, sin pestañear. Andrés comenzaba a sentir miedo ante esa reacción, pero de pronto Pedro le dio las gracias y se dio media vuelta. El hombre respiró y pensó..."Cualquier día pasará algo...."

 Pedro entró en su casa después de pasear solo por el monte. Su madre lo vio entrar jadeando y le dejó paso. El fue a la cocina y abrió todos los cajones. Fue al armario de su padre y cogió la escopeta que usaba para cazar conejos. La madre lo vio salir de casa y comenzó a gritar. Pero nadie la escuchaba.

 La plaza estaba llena de vecinos. Todos alrededor del bar charlando. Las mujeres calcetando alrededor de la farola con los botijos llenos de agua helada. Las charlas eran amenas y divertidas. El sol dejaba paso a la luna y con ello al fresco. Era la hora en la que los vecinos se reunían para charlar tranquilamente hasta altas horas de la madrugada. Pedro los miró desde lejos y comenzó a avanzar con la escopeta cargada. Comenzaron a escucharse tiros y gritos, la gente corría y tropezaban unos con otros. Había gente en el suelo. Pero miró a Andrés y lo apunto con la escopeta. La bajó lentamente y susurró "Malditos demonios que llevo dentro, a tú no....". La plaza estaba en silencio. En el suelo había cinco o seis cadáveres. Pero sus demonios le decían que aún no había terminado.

Cuando el río suena... agua lleva...



viernes, 23 de julio de 2021

LA INFLUENCER

Se convirtió en una influencer de forma muy rápida. Todo fue fácil desde el primer momento. Crear una cuenta...mostrar sus cosas y su vida y todo viento en popa. Su cuenta comenzó a crecer y crecer y para Ana todo era muy sencillo. Cuánto más mostraba más aplaudida era y más aclamada por sus seguidores. Cuánto más aclamada... más se subía ella. Su vida era perfecta!! No le faltaba de nada. Hasta gente llamándole hermosa y bella a todas horas. Incluso llegó a comprarse un pantalón horroroso y combinarlo con la blusa más hortera que jamás había visto y...... ¿comentarios?....Guapa...todo te queda genial....eres la mejor....con esa cara y ese tipo...Ana se creía la diva de internet. Poco a poco fue cogiendo más confianza en las redes sociales. Comenzó haciendo un  Room Tour, lo que vulgarmente en castellano llamaríamos enseñar tú habitación.  Utiliza frases en inglés para describir muchos de sus momentos diarios...Según comentaba Ana con su amiga, tenía otro "Cache".  Para una influencer de su talla, photobomb...troll... like-unlike...millennial...meme....eran palabras imprescindible para hacer sus Vlogging. Estudiaba los perfiles de otras influencer, comparaba...se dedicó a ello en cuerpo y alma a algo que realmente le estaba gustando. Terminó haciendo un House Tour, o sea...mostrando toda su casa. Salones, habitaciones de hermanos y padres, piscina...jardín....etc. Era algo que sus padres le tenían terminantemente prohibido. Enseñar su casa y dar datos. Pero Ana se saltó las normas y enseguida su cuenta se hizo más popular. Comenzó a vivir en un mundo paralelo al que ella tenía, donde los paquetes se acumulaban en su habitación, con ropa, cremas, maquillajes etc. Incluso promocionaba floristerías. La vida parecía que estaba de su lado. Salía a la calle y las chicas la conocían y le hacían preguntas o sencillamente la querían conocer como si de una estrella de cine se tratara. Dejó de estudiar. Y...planteándolo de la forma que lo hacía ella ¡¡casi tenía razón!! O compraba horas...o el día no le daba para más. Entre grabar, la música, poner y sacar cosas, que todo coincida, que todo sea perfecto...pasaba el día.

 

Todos los días realizaba un Haul. Ya era la norma. Cuántos más hacia más aplaudida y venerada era y por supuesto más le pagaban y más regalos recibía. Todos los días realizaba unboxing. Era tal ajetreo diario y se sentía tan vanagloriada que se fue olvidando de su propia vida y olvidándose de que todo tiene un precio. Todas las personas que veían sus videos no eran de la misma forma. No todos entraban para saber las modas ni las mejores cremas. También había gente a la que solo le interesaba saber la vida de los demás, su nivel adquisitivo, saber donde viven, cuándo están, cuándo se van de viaje, cuándo la casa está vacía...Y ese fue su gran error. No hacer caso de las recomendaciones de sus padres. En uno de sus viajes, les desvalijaron la casa. Les robaron absolutamente todo lo de valor. De nada sirvieron las alarmas ni las cámaras. La policía les dijo que habían sido unos profesionales que se estaban dedicando a realizar asaltos en casas de gente conocida en internet, gente que daba sus datos y comentaba su vida. Sabían cuándo la casa estaba vacía ya que ellas mismas lo decían.

 

La cuenta de Ana se cerró. No quiso volver a saber nada de las redes sociales por si alguien se lo pregunta. Había sido una experiencia muy bonita con un final muy malo. Ahora vivirían presas del miedo durante mucho tiempo.

 

 No hay rosa sin espinas. (Este relato es ficción)


miércoles, 2 de junio de 2021

SUEÑOS

 El día estaba lluvioso y triste. El tranvía lleno de gente, los privilegiados tenían un sitio para sentarse, y los que no, estábamos agarrados a las barras de pie. Olía a sudor rancio y a toses a pesar de los sombreros y los pantalones con la raya impecablemente planchada. Mi mente comenzó a divagar y a pensar en las vidas de las personas que tenía delante. Cada cual estaba absorto en sus pensamientos y no se percataban de que mi mirada se clavaba en ellos intentando escudriñar su vida, sus vivencias, sus emociones. Por ejemplo, la señora del sombrero grande y guantes  negros, parecía ser una mujer adelantada en el tiempo. Llevaba sus guantes en la mano. El bolso y el sombrero parecían ser caros y estaba la mujer de compañía a su lado. El tranvía se paró y agradecí que abrieran las puertas y entrara aire fresco. Era irrespirable, o quizás yo soy muy escrupuloso,.. La señora que estaba pegada a mí comenzó a toser y me separé fulminándola con la mirada. De pronto el tranvía se lleno de olor a flores frescas y jabón. Y entraste tú. Miraste hacia todas partes y te pusiste a mi lado. Nos clavamos la mirada y yo te salude con un movimiento de mi sombrero y tú agachando la cabeza. Miramos hacia la calle. Llovía torrencialmente y el cielo estaba oscuro. Pero yo veía luz y claridad. Todas las mañanas entraba con la esperanza de verte, de que me alegraras el día. Llevábamos semanas coinciendo y eras aire en mi monótona vida, eras campanas en mi mente y mariposas en mi estomago. Eras la razón por la que todos los días cogía ese mismo tranvía, aunque después tuviera que andar un kilometro para llegar a mi oficina. Me pasaba de mi parada y bajaba en la misma que tú y cuándo desaparecías de mi vista, comenzaba a correr hasta llegar a mi trabajo. Tus manos iban enfundadas en unos guantes con encaje, delicados como tú. Y tú pelo recogido en un moño. Me miraste con ternura, como si nos conociéramos de toda la vida y supiéramos que tendríamos que controlar esos pensamientos... esos sentimientos...algo a lo que yo no estaba dispuesto a sacrificar. Me gustaba esa sensación y no hacía mal a nadie. Ya estábamos llegando a tú parada y nos íbamos adentrando entre la multitud de gente. Yo me puse hacia un lado para dejarte pasar a ti primero. Me sonreíste y tú mano rozó la mía. Nos miramos y tú no apartaste la mano. Abrieron las puertas y el tranvía se paró dando un salto hacia atrás. Mi vida se paró en ese momento. Miré a mí alrededor. ¡¡¡Otra vez con mis ensoñaciones en el tranvía!!! No había manera de que me bajara en mi parada, ¡siempre me ocurría lo mismo! Soñaba despierto para evadirme de mi realidad. Ahora me tocaba comenzar a correr. Pero al mirar hacia la acera, me pareció ver a la mujer de mis sueños. Me paré en seco y la miré. No se parecía....pero también podría ser la mujer de mis sueños...

 

"El que juega con muchas....con ninguna se queda"

 


viernes, 28 de mayo de 2021

MUJERES

Tú forma de ser es arrolladora, se ve a leguas. Estábamos  en la misma habitación para presentarnos a una entrevista de trabajo, y allí mismo pensé que sería tuyo. Lo tenías todo. Pero todo lo que abarca la vista, lo demás por supuesto no lo sé ya que ni nos dirigimos la palabra. Eras atractiva, impulsiva, tenías don de gentes y estabas muy segura de tú misma. Cuándo yo había llegado de primera a la entrevista no me podía creer que fuera la única y pensé que no tendría rival. Pero llegaste tú y me empequeñeciste, me hiciste invisible con tú taconeo y contoneo. Tú sonrisa pintada de rojo y rímel para pintar un cuadro. Yo simplemente...me encogí....desaparecí ante ti. Yo tengo mis títulos, mi experiencia y por eso sabía que no iba a ser yo la escogida, a pesar de toda mi experiencia. Cuándo entró la secretaria primero te llamó a ti pese a llegar yo de primera. Al rato saliste y me mandaron pasar a mí. Escuché tu taconeo saleroso por todo el pasillo y supe que el trabajo era tuyo. Había mucha prisa por despacharme pronto y que me marchara, no importaba ni mis títulos ni nada. Solo decirme que el puesto ya estaba ocupado. Y me comí mis lágrimas y mi rabia y me dije a mi misma que lo importante era lo que yo sabía y tenía. El resto...se puede lograr muy fácilmente. Cuatro pinceladas, unos tacones y aires de seguridad en una misma. El resto ya lo tenía, era cuestión de practicar. En eso...no tenía experiencia. Jamás me había maquillado ni puesto tacones. La persona que me mirara vería a una joven pequeña, delgada, poca cosa, sosa. Pero eso había llegado a su fin. Parecía que era lo que le faltaba a todos mis títulos universitarios. Me había costado mucho trabajo llegar hasta donde había llegado. No es muy normal en estos tiempos que una mujer tenga estudios superiores y si vives lejos de la ciudad menos posibilidades...pero yo lo había conseguido y estaba muy orgullosa de ello. Esto no iba a estropear mis expectativas de futuro. ¡Seguro que dentro de 50 años las cosas no serían así!

 

 Fue más complicado de lo que yo pensaba. Fui a la peluquera del pueblo y sencillamente le dije..."arréglame por favor". Me pinté las uñas de rojo y me teñí el pelo. Ni yo me reconocía. Me miraba al espejo y pensaba "te convertiste en un cisne...te tienes que pulir aún un poco más". Salí de allí sintiéndome otra mujer. Me veía hermosa y atractiva. Mis manos estaban impecables y mi pelo era sencillamente espectacular. Tenía" un tupé como los que se llevan ahora" me dijo la peluquera. De allí fui a comprarme unos tacones y un traje de chaqueta. Y ya era una mujer nueva. Los guardaría para ir a las entrevistas de trabajo. Ese tenía que ser mi "uniforme" para encontrar trabajo. Pero me sentía extraña, no sabía andar con los tacones, la falda era demasiado ajustada y corta aunque elegante, eso también tengo que reconocerlo. Pero era sencillamente algo falso a lo que tendría que acostumbrarme para cumplir mi objetivo.

 

Al día siguiente pasé de esta guisa vestida por el trabajo del día anterior. Sencillamente quería darle las gracias a ese hombre que me había rechazado por ser "sosa" y me había abierto los ojos. Ahora tenía unas expectativas mucho más altas. Ese trabajo no era para mí. Yo era mucho más inteligente y merecía algo mucho mejor. Entré contoneándome como un pavo real por el pasillo. Todas las miradas se volvían hacia mí y yo sonreía con mi "sonrisa roja" que era como tener un pegote en los labios. La nueva secretaria me miró de arriba abajo, mascaba chicle y su mirada parecía decir "Yo te conozco de algo....". De pronto con tanto salero que iba yo, uno de mis tacones se dobló y caí al suelo. La falda se me subió hasta allí donde no está permitido ni mirar y la carcajada fue ensordecedora. Solo era capaz de ver caras riéndose de mí mientras me saltaban las lágrimas y juraba tirar toda esa porquería a la basura. No quería oír hablar más de tacones ni de barras de labios. Si me cogían tendría que ser por lo que yo sabía. Salí de allí gimoteando y entristecida, y tengo que decir que dejé de lado los pegotes en los labios y los tacones de cuatro pisos, los trajes que te impedían andar y los tupes que llegaban hasta el cielo. Estaba muy atractiva pero no era yo. 

 

Esta es la primera parte de aquel día...en el que aprendí que las mujeres en aquel entonces éramos aun invisibles. No solo yo...éramos todas. Nunca encontré trabajo de lo que yo había estudiado. Me casé, fui ama de casa toda mi vida y tuve cuatro hijos. Cumplí con lo que la sociedad quería de una mujer.


  1. “Creo que será verdaderamente glorioso cuando las mujeres sean personas realmente auténticas y tenga todo el mundo abierto a ellas”. Karen Blixen.

domingo, 11 de abril de 2021

BENDITO VIRUS

Y en pleno siglo XXI, aparece una pandemia y nos desarma, y nos desborda, y saca lo mejor y lo peor de nosotros. Los había que bajaban la basura disfrazados para alegrar la vista de vecinos, y los que rezaban en las ventanas, los que cantaban o tocaban algún instrumento. Y parecía que todos estábamos unidos por un lazo. El lazo de la solidaridad. Por ti...por mi...y por los demás. Y nos decían quedarse en casa y nos quedábamos sin rechistar. Y yo era feliz. Tenía tiempo para mis hijos, para ordenar, cocinar, descansar....independientemente del miedo y la preocupación. Pero todo cambió cuándo pudimos volver a nuestros trabajos. Yo me había quedado sin él. La empresa duró abierta pocos días y nos fuimos todos a la calle. Vivo sola con mis hijos y esta nueva realidad se me hace muy dura. De pronto me vi haciendo cola para recibir comida, sin poder comprar medicinas. La desesperación comenzaba a hacer mella en mí ya que con dos hijos y sola no podía permitirme el lujo de perder mi sueldo. Un buen día me llegó la carta del banco, la temida carta. Si no pagas...fuera. Y el miedo se adueñó de mi cuerpo y de mi mente. Mi jornada laboral se convirtió en 12 horas al día buscando trabajo. Llegaba a casa agotada, desmoralizada y hundida. Y cogía mi carro y dos días a la semana me iba a recoger a la iglesia la compra que allí nos daban. ¡Y cuánto lo agradecíamos! Fruta y verdura. Ese día iba yo agotada, con el cuerpo machacado y los pies doloridos de entregar mi curriculun por todas las partes de la ciudad. Llevaba como siempre colgando de mi cuello un cartel en el que ponía que buscaba trabajo. Se veía tanto por la parte de delante como la de atrás. Visible para todo el mundo y llamativo. Estaba en la cola de la Iglesia y pasó a mi lado una señora mayor. Se paró y me miró. Se acercó y me dijo que me hacía una entrevista de trabajo. Yo vi en ese momento el cielo azul y despejado, era la primera entrevista que me harían, y me daba igual de lo que fuera. Se sentó en un banquillo y espero a que recogiera mis alimentos. Cuando terminé me acerque a ella y le pregunté si le importaba que me sentara con ella o quería hacer algo en especial. Hablamos del único tema. Coronavirus. Hablamos de nuestras experiencias y vivencias las dos, y después de media hora hablando me dijo si quería acompañarla a su casa y allí hablaríamos con calma. Vivía en la zona centro de la ciudad. Yo iba arrastrando mi carrito con las verduras tan feliz que se me veía por todos los poros de mi piel. Yo psicóloga en una empresa, no tenía un mal trabajo, pero aceptaba todo lo que fuera. En un portal muy lujoso entramos y subimos en el ascensor. La mujer abrió la puerta y me rogó que dejara el carrito fuera y me desinfectara los zapatos. La casa era una casa antigua remodelada, preciosa. En los techos había lámparas de araña impresionantes. Los cristales deslumbraban. La decoración exquisita. Pasamos a un salón inmenso y me hizo la propuesta. Sus hijos querían ingresarla en una residencia y ella no quería. Ni en este momento ni en otro. Ella quería envejecer en su casa. Necesitaba alguien que fuera con ella al médico, a la compra, le ayudara a estar ágil mental y físicamente. Tenía una persona en casa que le hacía la limpieza y le cocinaba, pero ella quería una persona a su lado para hablar y que le acompañara cuándo salía. El sueldo era fabuloso, y el trabajo nada apabullante. Llegó mi turno de hablar. Y creo que hable demasiado. Le dije que tenía dos hijos, dos bocas que alimentar y vestir, una casa de la que me tenía que marchar porque no me podía permitir pagarla, una carrera de la cual no encontraba trabajo y una vida desmoronada. Lucía, como así se llamaba la señora, me dijo si quería ir al día siguiente y probábamos a ver si congeniábamos pero yo creo que ya lo habíamos hecho. Me despidió con un beso en la mejilla y un mañana nos vemos. Y fue el comienzo de mi nueva vida. Lucía era una mujer con clase. Educada y culta. Era fácil tener una conversación con ella de cualquier cosa. El trabajo era muy fácil de hacer con una persona como ella. Comíamos juntas y tomábamos el café en el salón, después salíamos a pasear. Con los días comencé a llevarle sus finanzas ya que era una mujer con muchos pisos de alquiler en el centro de la ciudad. Al finalizar el mes ya tenía el trabajo perfectamente aprendido e incluso hacía más cosas de las que me correspondían ya que era muy fácil trabajar con ella. Con el paso de los meses mis hijos acabaron viniendo allí a comer con nosotras. Ella decía que le encantaría que lo hiciera, ya que así a ella le darían vida y yo podría estar con ellos. Y... ¿sabéis como terminó esta historia? Nos fuimos a vivir los tres con ella. Dejamos mi piso de alquiler y nos trasladamos a su casa. Tenía 6 habitaciones y 3 baños. Era todo perfecto...no me lo podía creer. El sueldo estaba igualado al mío, ya que Lucía con el paso de los meses me lo fue subiendo ya que le hacía tareas que no me había pedido. Llevo varios meses con ella y nunca una convivencia se me hizo tan fácil. Mi sueldo integro lo ahorro. Sus hijos, cuándo se enteraron se enfadaron mucho. Pero ella me contó que no le importaba, que si no venían a verla mejor. Que solo les interesaba el dinero. Antes nunca la visitaban, tan solo para pedirle dinero prestado. Y la última novedad...ingresarla en una residencia. Somos muy felices todos. Los niños llenan la casa de alegría y vida, Lucia es una de las mejores personas que conozco y no echo de menos mi trabajo anterior. En cuánto se pueda viajar ya les prometió a los niños llevarlos a la playa. Nos iremos de vacaciones. A donde...es sorpresa!!!. Mí vida es perfecta. Cocino, a veces plancho, llevo la economía de sus finanzas, voy con ella al médico y sé lo que tiene que tomar  y estoy pendiente de su salud. Mis hijos son felices y yo también. Y a Lucía la hacemos feliz. Fue un ángel en medio de mi desesperación y solo quiero hacerle la vida fácil y felíz. Bendito virus....en mi gran tormento y desesperación...le tengo que "dar las gracias" en ese sentido. Mi vida se ordenó...tiempo para mis hijos...para hacer felíces a los demás y a mi misma. Este virus vino a enseñárme que la vida son dos días, que nos protejamos y protejamos a los demás y que intentemos ser felices.

domingo, 14 de febrero de 2021

ERAS TÚ

Era un día muy movido y ajetreado, las tareas se me acumulaban y parecía que no me llegarían las horas del día para hacer todo lo que tenía pendiente para ese día. Tenía varias casas a las que acudir para realizar la limpieza y a media mañana tendría que ir al banco a hacer el ingreso de lo que cobraría. Teníamos una vida muy achuchada económicamente. Éramos cinco bocas a comer en casa y aunque Paco trabajaba en un taller mecánico y yo de casa en casa corriendo siempre, no nos daba el sueldo para tantos. Colegios, libros, ropa y comida. Cinco bocas para comer tres veces al día...hay que trabajar mucho para lograr que las cosas en casa funcionen para que todo vaya bien.

 

A mitad de la mañana salí de la casa donde acababa de realizar las tareas domésticas. Dejé la casa como me gusta dejarla. Impoluta. Realizo mi trabajo de forma impecable, creo que por eso nunca me faltan casas. Una persona llama a otra y la otra a la otra....y se corre la bola...Y yo voy teniendo trabajo que es lo importante. Llegué al banco sudorosa pues tenía 10 minutos para entrar en la siguiente casa. Conté el dinero antes de entrar en el banco. No era demasiado pero este mes era muy apretado económicamente.

 

Entré ya con el dinero en la mano y me apresuré a acercarme a donde estaba la señorita que siempre me atiende, sin percatarme de lo que allí estaba ocurriendo. Cuándo le di el dinero fue cuándo me fije en su cara de terror y miré a mí alrededor. Había 3 hombres con unas pistolas y una especie de verdugos en la cabeza. Seguí mirando y la gente estaba tirada en el suelo, obedeciendo lo que les decían. Metí disimuladamente el dinero en el bolsillo del abrigo y me tiré al suelo. Uno de ellos empezó a gritar que abrieran la caja y que dejáramos todo lo que llevábamos en los bolsillos y bolsos encima de la mesa. La gente fue obedeciendo y fue dejando sus cosas. Yo me levanté y me acerqué. Uno de los hombres...me daba escalofríos. Su mirada me era conocida. Estaba como paralizado mirándome. ¡Dios mío no! Nos miramos y yo grité tu nombre, "Paco que haces". Mi gritó retumbó en toda la oficina bancaria. Uno de los hombres se giró y sin pensarlo dos veces, me disparó.

 

¡¡Ella no tenía que estar allí!!¿Qué está haciendo aquí? Me va a reconocer...me está mirando fijamente. De pronto comenzó a gritar y a llamarme por mi nombre. Sabía perfectamente que el Fani, no iba a dejarla con vida una vez que me conociera. Me giré automáticamente hacía él, pero él fue mas rápido. Le disparó, la vi caer y chocar su cabeza contra el suelo, mientras ellos gritaban. Apunté mi revolver hacía donde estaba el Fani y le disparé. Corrí hacia donde estaba mi mujer, quería pedirle perdón, explicarle...no quería verla trabajar tanto, quería que fuera feliz, que no le faltara de nada. Pero ella permanecía con los ojos muy abiertos mirándome.. De pronto se oyó otro disparo y caí al lado de ella.


  • El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos. (Francisco de Quevedo)

jueves, 5 de noviembre de 2020

AQUEL DÍA

AQUEL DIA

 Era un día grisáceo y mi humor estaba igual que el tiempo. Tenía un día por delante lleno de tareas imposibles de delegar. A última hora se me había estropeado el coche y tenía que coger un transporte público para ir a la oficina. Eso era el remate final de un día que aparentaba gris, atareado y aburrido. Saqué el billete y me senté. La estación estaba llena, gente corriendo, ensimismada en sus tareas, en sus quehaceres, y sus vidas. Observe a la gente y me di cuenta de que todos teníamos un ritmo de vida muy acelerado, no teníamos ni tiempo para observar. Clavé mi mirada en dos ancianos que estaban sentados enfrente de mí. Él le tenía la mano agarrada fuertemente  a ella y de cuándo en cuándo le apartaba los mechones de pelo que parecían querer entrarle en los ojos. Él le comentó algo y ella sonrió con dulzura. Parecía estar en otro mundo, un mundo lleno de paz y tranquilidad. Volví a mirar a mí alrededor y solo se escuchaban teléfonos móviles sonando...conversaciones en tonos elevados...prisas...carreras y malas caras, entre ellas la mía. Miré a una pareja joven que estaba de pie. Ella le gritaba a él algo de las redes sociales y de una amistad con alguien, a lo que él respondía enfadado y con gritos que no era de su incumbencia. La señora de la izquierda iba con una maleta y una bolsa en la otra mano. La bolsa por causas ajenas a su voluntad, se dio de bruces contra el suelo y se esparramó todo lo que llevaba dentro. La gente le increpaba su descuido. El niño que estaba con la chica joven no paraba de llorar y ella lo ignoraba. Era más importante el móvil. El joven que estaba a su lado le llamó la atención, que hiciera el favor de hacer callar a ese niño, ya que así era imposible concentrarse en las tareas de su portátil. Volví a centrar la vista en la pareja mayor, él le hacía caricias en las manos y le hablaba mientras ella escuchaba y de cuándo en cuándo sonreía. Ella se miró al zapato.  Hizo una mueca. Los cordones se habían desatado. El vio la mueca y dirigió la mirada al mismo sitio que ella. Sonrió e intentó agacharse para hacerle el nudo. Los dos sonreían mientras el anciano intentaba agacharse. Estallaron en una carcajada serena. El señor  no podía levantarse. Y eso les provocó un ataque de risa. Me levanté con el fin de ayudarles pero cuándo estaba casi llegando el señor mayor consiguió sentarse de nuevo. Se volvieron a coger de la mano y observaron a su alrededor mientras una sonrisa se dibujaba en sus caras. Se levantaron con mucha dificultad ya que era hora de que cogieran su tren. Los vi como iban de la mano relajadamente en medio de un caos. Me daban paz y sosiego. Yo también me levanté y fui a coger mi tren. Coincidencias de la vida, el mismo tren y los tenía enfrente de mí sentados. El sacó sus gafas y se puso a leerle las noticias, mientras debatían algún que otro comentario. Ella en un momento dado, abrió su bolso y le dio agua de una botella. El bebió y acercó su cara a la de ella y le dio un suave beso en la mejilla. Dejaron vagar su vista y se fijaron en mí. Yo les sonreí, ya que me provocaban ternura y paz. Los dos ancianos me sonrieron. El cogió de nuevo las noticias y siguió leyendo. Estaban ajenos al ruido infernal de conversaciones que había en el tren. Solo existían ellos dos. En esta etapa de sus vida habían encontrado la paz y la serenidad para afrontar la vida de la mejor forma posible. Y yo había tenido el privilegio de ser un observador, y habían conseguido parar mi mundo para poder observarles y ver esa paz que desprendían. Esos guiños cariñosos y esas sonrisas. Me habían dado una lección en todos los sentidos. Miré alrededor de mí y no me gustó lo que vi. Demasiado caos. Volví a centrarme en ellos y en sus sonrisas y sus caricias. Me tocaba bajarme del tren. Había llegado a mi parada con la lección aprendida. Me acerqué a ellos y les susurré, "fue un placer coincidir con ustedes durante este viaje. Dios los bendiga durante muchos años" a lo que sonriendo, con las manos enlazadas me contestaron "ya lo hizo señor. Disfrute de su día". Bajé del tren. Los vi decirme adiós con la mano. Nunca más volví a verlos. Pero ellos cambiaron mi vida.

Apresúrate a vivir bien y piensa que cada día es, por sí solo, una vida. (Séneca)