Seguidores

miércoles, 15 de junio de 2016

UNA MOLESTIA

La soledad se había convertido en mí fiel compañera. Éramos inseparables y dolorosamente amigos. Nos dábamos paz y quietud...sosiego...tranquilidad. Demasiada tranquilidad. Muchas veces desearía que mi mundo se viera trastocado por cualquier causa. Pero ninguna causa parecía acercarse a un viejo como yo. La vejez es lo que tiene, que parece que huele mal y nadie se acerca a nosotros. Nuestros sentimientos y sabidurías los dejan aparcados por la simple razón de que envejecemos, y molestamos. Allá a donde vayamos siempre molestamos. Si las manos te tiemblan y te cae el café...malas caras... ¿A ti nunca se te cayó un café cuándo eras pequeño? Pues a mí también. Se me cae, porque soy mayor, porque mi cuerpo envejece por los años vividos, por las experiencias que amargan y los momentos duros que la vida nos depara, nos achican. Pero mi cerebro y mis sentimientos siguen intactos. Os oigo todo lo que decís...sé todo lo que pensáis...y pensáis que todos nosotros somos un estorbo. En ese instante de mi vida todo cambió. Mi vida se vio alterada por una serie de sucesos que acontecían en el Asilo donde estaba pasando mi vejez. Comencé a notar que éramos una molestia y un estorbo.

 Un estorbo muy lucrativo, ya que por mi estancia en este lugar os estoy pagando muchos euros al mes. Os creéis que sois muy habilidosos y que todo lo hacéis bien. Sibilinamente nos estáis drogando para que no os molestemos. Lo sé porque lo veo. Mi compañero de habitación, Adolfo, se pasa el día durmiendo. Yo escondo las pastillas que me dais y permanezco despierto en la cama, haciéndome el dormido. Y os oigo...qué triste y dolorosos final nos espera. Los que aquí estamos no recibimos visitas, estamos solos en el mundo, por eso estamos aquí. Nos supieron atraer muy hábilmente. Nos vinieron a buscar a nuestra propia casa. Lo vendimos todo para poder ingresar aquí, donde nos iban a cuidar y dar el amor que por otro lado ya no recibimos. ¡Ignorantes de nosotros! Nos fiamos de vuestra palabra, pero juré que haría todo lo posible porque alguien se enterara de lo que aquí acontecía.

La noche en que murió Adolfo  se me presentó la oportunidad de ver algo de luz. Juré venganza para él. Cuándo vinieron a llevarse el cadáver, pude acercarme a ti. Estabas vestido de negro y corbata, como requiere la ocasión. Serio y dolorosamente callado me rogaste con la mirada que saliera de la habitación. Cuándo pasé a tú lado te metí un papel en el bolsillo. En él te explicaba nuestra situación. Nos drogaban y nos mataban para quedarse con nuestro dinero. Las misas de funeral eran muy frecuentes en este asilo y parecía que nadie sospechaba nada. Los muertos cada día eran más...y los vivos éramos menos. Lo mejor era pasar desapercibido, no molestar...no hablar...no hacerse notar. Y eso estaba haciendo hasta ese momento. Al meter la nota en el bolsillo sentí alivio pensando que por fin vería algo de luz en esta historia. Mi vida no había sido precisamente fácil para terminar ahora así. En manos de unos desalmados sin sentimientos, unos asesinos  de victimas fáciles.

Esa misma noche, cuando estaba acostado intentando no pensar en lo ocurrido y esperando acontecimientos, entró el doctor. Me puse algo nervioso pero supe disimularlo. Su visita no era frecuente, aunque cuándo lo hacía siempre significaba algo malo. Me miró con sorna. Sus ojos perversos tenían esa noche un brillo extraño. Se acercó a mí lentamente llamándome por mi nombre y con la mano en el bolsillo de su bata iba sacando poco a poco el papel que con tanta esperanza le había metido en el bolsillo al hombre de la funeraria. Enseguida encaje el puzle. Todos eran complices. Eran testigos mudos de crueles asesinatos.Unos asesinatos que les resultaban muy provechosos para sus bolsillos. Y el siguiente era yo. Nunca encontraría venganza para Adolfo ni para los demás. Las muertes seguirían ocurriendo y nunca nadie lo sabría o nunca nadie se molestaría en saberlo. Somos viejos...ancianos...molestamos...

El doctor sacó una aguja y la insertó en el brazo del anciano.

En medio de la nada, el Asilo permanecía silencioso. El trigo se mecía provocando un ruidillo que mezclado con el canto de los pájaros, parecían entonar una triste canción.


» Lao-Tsê  (570 AC-490 AC) Filósofo chino



9 comentarios:

  1. Se siente tan real tu relato que ... tengo piel de gallina !!
    Besetes.

    ResponderEliminar
  2. Fantástico! Aquí dejo mi blog, me gusta el tuyo. Un besito.
    https://lunavalencianablog.wordpress.com

    ResponderEliminar
  3. Respuestas
    1. El placer siempre es mío. Qué alguien..me lea..no existe mayor placer.Gracias!

      Eliminar
  4. Respuestas
    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

      Eliminar
    2. Gracias por pasarte por este humilde blog y dejar tú comentario. Siempre agradecida.

      Eliminar

Deja tú opinión, me ayudarás a mejorar. Habla ahora...es tú momento y tú espacio. Te estaré muy agradecida sea cual sea tu opinión. Adelante!!!Atrévete!!!