Seguidores

lunes, 19 de marzo de 2018

PRESENTIMIENTOS


Relato de ficción.

Toda la vida he tenido presentimientos y siempre eran acertados. Me moví toda mi vida por lo que intuía. Mis padres sabían lo que me ocurría y muchas veces me preguntaban qué era lo que iba a ocurrir. Yo siempre decía lo mismo, que no era un brujo. A veces presentía y otras no. Por ejemplo, cuándo murió la abuela, mi perro estaba triste y alicaído, no se movía del lado de la abuela y estaba más cariñoso de lo normal. Yo lo observaba y después de un rato presentí que algo le iba a ocurrir a la abuela. Se lo avisé a mi madre, le dije que a la abuela le quedaban horas de vida y siempre me lo agradeció mucho, ya que le dio tiempo a  aprovechar las pocas horas que le quedaban de vida con ella. La abuela no estaba enferma, lo único que tenía era edad, era muy mayor. Por eso en un principio mis padres decían que igual me equivocaba, pero yo miraba al perro y presentía que no. Que la abuela se moría. Y así fue. Esa misma noche la abuela falleció. Otras veces, no presentía nada. Un día mi hermano, se subió a un árbol y se cayó desde una gran altura. Mis padres siempre me echaron en cara que no la había presentido. Que no era tan vidente como yo me creía, ya que mi hermano se rompió las dos piernas. Y no...No lo presentí. Mi intuición y mis presentimientos no estaban presentes ese día. Algo había fallado.

Y ahora me estaba poniendo muy nervioso porque el perro, el maldito perro, no paraba de lamerme y de estar a mi lado. Presentía que algo me iba a ocurrir, lo mismo que le había pasado a la abuela. Me pasé todo el día triste y agitado. Se lo dije a papá y a mamá. Presiento que algo me va a ocurrir. Ellos me dijeron que ese día no me moviera de casa y que estuviera a su lado todo el tiempo. Y así hice. Pero el maldito perro no paraba de lamerme y me ponía nervioso. Era mi perro, me lo habían regalado a mí, pero me estaba sacando de mis casillas. Sabía que algo me iba a ocurrir, lo presentía. Pero no sabía lo que era. No quería ni comer por si me atragantaba. Mamá me machacó la comida con un tenedor para evitar sustos, ya que yo no estaba enfermo ni me encontraba mal. Cuándo el sol ya se estaba ocultando, se levantó un ligero viento que mecía las hojas de los árboles y los maizales. El suave ruido hizo que me quedara dormido en el sillón, y soñara con muertos y cementerios, con brujas y dragones y con el cielo y el infierno. Soñé que no sabía a dónde me iba y quedaba en el medio, esperando contestación y entrada para una de las partes. Me desperté sudoroso y asustado. Estaba aterrado. Me agarré a mi perro, que estaba durmiendo conmigo. El siempre me transmitía paz y sosiego. Pero fue como agarrar a una marioneta. El perro estaba desmadejado y tibio. Lo contemple en silencio antes de comenzar a gritar como un loco. Mi perro...había fallecido. El quería avisarme de que el que se iba era él, pero yo, pensando en que era yo el que presentía...no había disfrutado los últimos momentos de su vida. 

Yo no presentía nada, era él siempre el que me avisaba y yo me lo atribuía, en mi mente de crío. Quería hacerme el importante y hasta me lo llegué a creer. Fue mi fiel compañero de la niñez y me enseñó muchas cosas, entre ellas...que yo de vidente tenía muy poco. El...si que tenía un sexto sentido. Aún hoy en día lo echo de menos.

El perro sabe, pero no sabe que sabe.
Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) Filósofo y teólogo francés.


"Después del perro, el libro es el mejor amigo del hombre" (Groucho Marx)

3 comentarios:

  1. ¡Qué buena historia! Me ha encantado.
    ¡Feliz domingo de Pascua!

    ResponderEliminar

Deja tú opinión, me ayudarás a mejorar. Habla ahora...es tú momento y tú espacio. Te estaré muy agradecida sea cual sea tu opinión. Adelante!!!Atrévete!!!