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jueves, 27 de junio de 2019

LA AMISTAD


Te desee de una forma especial, obsesiva y compulsiva... Entraste poco a poco en mi vida y por casualidad. Estaba pasando por un momento delicado, y en esos momentos precisamente es cuándo debemos de ser cautelosos con todo.Yo no lo fui, me arrastraste y me dejé llevar. Al principio me calmabas y me tranquilizabas, me hacías olvidar el verdadero problema en el que estaba inmerso... eras como un remanso de paz... la que a mí me faltaba, me la dabas tú. Así poco a poco... te fuiste apoderando de mi vida y de mis actos. Ya no podía concebir mi vida sin ti, pero era incapaz de reconocerlo y afrontarlo. Siempre me decía a mi mismo que mi vida sin ti era más que posible, pero no era cierto y en el fondo, debería de saberlo.

 Yo había tenido un buen trabajo y había ganado mucho dinero, y había tenido una familia y¡¡ hasta un perro!!Pero todo desapareció del día a la noche. Nunca pensamos que la vida nos puede cambiar o por lo menos yo no lo pensaba, y vivíamos al día. Viajes, comidas, cenas y lujos que hoy en día, me parece hasta obsceno. Esa vida sin freno ni control no tenía sentido, pero de eso me doy cuenta ahora.  Me había vuelto un hombre que gozaba amasando dinero. Cuánto más mejor. Sin importarme nada ni nadie. Y el comienzo de mi amor por ti fue cuándo mi empresa cerró. Me vi en la calle y sin trabajo, con un montón de deudas acumuladas... Mis amistades se fueron evaporando y por supuesto, mi familia desintegrando. El tiempo pasó rápidamente y a los pocos meses de estar sin trabajo, yo ya tenía cierto enganche importante contigo y eso acabó con todo lo que aún podía conservar de mi vida anterior. Mi carácter era irascible, hosco, malhumorado, déspota, depresivo. Y mi vida se deterioró, me quedé sin nada ni nadie. Pasé a vivir en una habitación alquilada y llamando de puerta en puerta pidiendo trabajo. Primero a las amistades y después a los desconocidos. Pero así no podía encontrar trabajo. Era la pescadilla que se muerde la cola. Yo acudía a ti para mitigar mi asco hacía mi vida, y tú me destruías. Tú hacías que mi vida fuera peor de lo que ya era. Estaba enganchado a ti, al alcohol. Eras mi ansia y mi obsesión, creía que solucionabas mi ansiedad cuándo en realidad la aumentabas...mi vida...pensaba que estaba destruida. Cada vez bebía más y me era imposible encontrar trabajo.

Pero apareciste tú...la vida a partir de ese momento comenzó a cambiar... Todos los días te veía sentado en el mismo banco, leías el periódico y yo pasaba deambulando, absorto en mi mundo. Un día me senté a tu lado y hablamos. Te llamabas Alfonso, eras un hombre mayor, viudo y sin hijos e ibas al jardín todos los días para leer el periódico y darle de comer a los pájaros...a disfrutar de tu vida y tu madurez. Tú me contaste tú vida y yo te conté la mía. Terminé llorando diciéndote  que era alcoholico. Al día siguiente volví a tú lado, a escucharte, a oír tú vida y tus experiencias. Y fueron pasando los días y yo acudía siempre  a tu lado.  Tú ya me decías que no querías verme en ese estado, que tenía que luchar y pelear. Tú me ayudaste a ello. Tú. Un desconocido. Viniste conmigo a una asociación para alcohólicos. Tú me buscaste un trabajo en una fábrica de pan. Trabajaba mucho y por las noches. Tú me esperabas cada tarde y me controlabas, como un padre controla a sus hijos, con cautela.... Cada día que pasaba era un logro y un triunfo, y tú me felicitabas. ¡Te debía tanto...! Nos hicimos inseparables, y me dijiste que cuándo llevara un año sin probar el alcohol, sería el momento de que mi vida diera otro giro si yo lo aceptaba. Y así fue. No me fue complicado, un amigo como tú es lo más grande del mundo. Ocupabas mi tiempo libre, jugábamos a las cartas y al dominó. El ajedrez te apasionaba, me enseñaste a jugar y en las tardes de lluvia y frío...cuándo mis fuerzas flaqueaban, tú me ponías delante el tablero y hacías que me concentrara en el juego.  Te acompañaba a los médicos y me encargaba de gestionar tus ahorros . Quise hacerme yo cargo de ello. Devolverte de alguna forma lo que hacías por mí, pero jamás lo lograría, tú eras mi Dios. Mi vida cambió y deje de tener esa adicción hacía ti. Sufría, claro que sufría, pero luchaba, tenía por quien luchar. Y cuándo pasó un año, Alfonso y yo éramos grandes amigos, era lo mejor que había pasado por mi vida, ese hombre había sido mi salvación. Un día me ofreció otro trabajo. Trabajar para él, a tiempo completo, siendo su cuidador... A cambio, tendría un pequeño sueldo y una casa donde vivir, confortablemente ¡¡ Estar con él las 24 horas del día haciéndole la vida más fácil sería un placer!! Y me fui a vivir con Alfonso. Puedo decir que lo cuide lo mejor que pude e intenté que su vida fue plena. Salíamos de paseo y a la compra, dormíamos la siesta y volvíamos a salir de paseo, jugábamos al ajedrez y a las cartas, escuchábamos música clásica, aprendí a entenderla con él... Fuimos a una perrera y nos volvimos a casa con una perra pequeña que hizo las delicias de nuestros días. Alfonso nunca había tenido perro y estaba ilusionado y feliz. Le llamamos Piti, y él era feliz a su lado. Le dimos todo el cariño y amor que ese gran hombre se merecía. Y permanecí sobrio, sin tocar el alcohol mientras el vivió. Merecía ese esfuerzo, él había cambiado mi vida, me había enseñado valores que  eran desconocidos para mí, paciencia, entrega, amor, disciplina, empatía, sencillez...

Ahora vivo con nuestra perrita, Piti, en su casa. Me la dejó en herencia. Y su ahorros que no eran pocos, pero él nunca demostró que podía vivir como le diera la gana, era un hombre sencillo al que no le gustaba alardear de lo que poseía. Y yo aprendí de él, tarde, pero aprendí.
Volví a retomar el trabajo en la panadería, y soy un hombre nuevo y feliz, conocí la verdadera amistad.

  • Amistad nunca mudable, por el tiempo o la distancia, no sujeta a la inconstancia del capricho o del azar, sino afecto siempre lleno, de tiernísimo cariño, tan puro como el de un niño, tan inmenso como el mar. (José Zorrilla)

2 comentarios:

  1. Es una historia bonita de amor y otros temas, pero el cariño es la clave. Por cierto, ¿ No te llamarás Julio ?, sería mucha casualidad, pero hasta el detalla del perro parece la historia de un amigo. Suerte y un Fuerte Abrazo!

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    1. Lo siento...No, no soy Julio. Los nombres...una casualidad!!Son los nombres de mis padres. De alguna forma quería nombrarlos en mi blog, y esta historia me pareció bonita para nombrarlos con todo mi cariño. Muchisimas gracias por leerme.

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