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viernes, 20 de diciembre de 2013

NO PERDAMOS LA ESPERANZA. FELIZ NAVIDAD

Andrés contempló su casa en el silencio de la noche. Sus dos hijos dormían ya....y él se quedaba a contemplar sus sueños de niños, sus caras de esperanza y alegría ante las penurias. Miraba sus caritas y solo veía ternura y amor. Sus dos hijos eran su vida y por ellos lucharía hasta el final. Andrés siempre se consideró un buen fontanero, pero la desgracia se había cebado con él. Primero su mujer enfermó. Un día se levantó y dijo que no se encontraba bien. Y ahí comenzó su calvario. Ana tenía 36 años cuándo los dejó. Ahora él era el responsable de su familia, de sus dos hijos que tanto les habían dado a ellos como pareja y como padres. Esos dos niños que ya habían sufrido más que cualquier otro niñó a su edad. Habían conocido  a una familia feliz, con dinero para pagar sus deudas y algun capricho...habían conocido a una familia unida y que se quería. Y ahora estaban solos, sin su madre...su padre en el paro y en el mes de diciembre, se le terminaba ya el subsidio de desempleo. En estos momentos estaban sin nada en el bolsillo. Y andrés tenía que plantearse que iba a hacer. Que iba a hacer para sacar a sus hijos adelante. Qué iban a comer a partír de ahora y como iban a celebrar las fiestas. Si fuera otro año le daría igual, pero precisamente este año que su madre los había dejado...quería que sus hijos tuvieran lo mismo que los demás niños...una cena...como les hacía su madre...y unos regalos debajo del arbol el dia de reyes.

Ya amanecía cuándo Andrés salió de la que aún era su casa. Llevaba por primera vez un cartel. Un cartel de cartón para pedír limosna. " Soy fontanero en paro. Mis hijos no podrán celebrar las navidades". Fue andando sin sentido por las calles, llevaba el cartel colgado al cuello, como si de un perro se tratara. Ya estaba dispuesto a todo, a pedir en la calle...a acudir a cáritas...lo que sea con tal de que sus hijos comieran. Atravesó calles en silencio, con su mano estirada. El agua lo estaba empapando y la nieve comenzaba a caer. Pero Andrés ya no sentia. Su dolor era tan inmenso que no llegaba a sentír el frío de la nieve sobre su mano estirada. Pasó muchas horas dando vueltas sin saber que hacer. Miro su recaudación del día. Siete euros. La gente que le daba dinero también tendrían sus problemas, pensaba Andres, bueno hasta la médula. Era todo bondad y buen corazón. Y al pasar delante de una Iglesia cayó rendido a los pies de la escalera. Lloró de rabia e impotencia, de miedo y angustia. No sabía que iba a ser de la vida de sus hijos. No sabía como afrontar esta nueva prueba que el Señor le ponía.

Un anciano que pasaba por allí lo vió llorar y se acercó a él. Le acarició la espalda y leyó su cartel. Le ofreció tomar un café caliente y así comenzó una nueva amistad para Andres. Dios había puesto en su camino a un buen hombre, Manolo. Manolo lo llevó hasta su casa y le presentó a su mujer, Alicia. Alicia era una mujer entrañable, buena de corazón como Manolo. Alegre y dicharachera enseguida se hizo cargo de la situación. Le ofreció un plato de caldo y unos filetes que habian sobrado de la comida. Mientras todos cenaban juntos, Alicia preparaba unas bolsas para la cena de los niños. Hoy había echo caldo de verduras y tenía una pota grande. Lo repartiría para todos a partes iguales. Para su nuevo amigo y sus hijos, para ellos, y para su hija. Alicia sabía lo que es compartír. Cuándo Andrés salió de la casa de los dos ancianos, era otro hombre, lleno de optimismo y alegría, esa alegría que la anciana le había contagiado y ese optimismo que Manolo le había inyectado. Le habían dicho que todo pasaría, que era una mala racha pero que de todo se sale. Que no perdiera la esperanza. Y Manolo no la iba a perder. Repartió la cena entre sus hijos que la tomaron contentos y alegres, preguntandole a su padre que le contara que había echo en el dia de hoy y que les contara de sus nuevos amigos.

Sus vidas habían cambiado. Manolo y Alicia, eran de esas personas que solo creemos que existen en los cuentos, pero que las hay.Nunca se debe de perder la esperanza. Andrés cenó en casa de sus amigos, y sus hijos tuvieron unos regalos, unos cuentos, unos puzles y mucho cariño.  Alicia cocino coliflor con bacalao para todos y una carne. Era una mujer muy trabajadora y muy buena cocinera a pesar de tener ya 83 años. Fueron días muy felices para Andrés. No sabía como iba a poder pagarles todo lo que estaban haciendo por él. Y de pronto...la luz se encendió. Alicia había comentado que su ilusión era poder cambiar su bañera por un plato de ducha. Y se puso manos a la obra. Ahí fue donde comenzó su nuevo cambio de vida. Trabajo sin descanso para dejarles preparada su ducha. Cómoda y a la vez económica. Como ellos querían. Les puso un asiento incorporado ya. Pegado a la pared. Especial para gente mayor y con problemas. Alicia se encargó de hacer propaganda por el edificio, enseñando su nueva ducha a sus amigas vecinas. Y de pronto....llovieron las ofertas de trabajo. Andrés tenía más trabajo del que en realidad el solo podía realizar. Eran cuatro edificios unidos, haciendo un cuadrado. Estaba habitado por gente mayor que ya necesitaba adecuar las casas a sus necesidades. Y el boca a boca es lo que fue haciendo que de nuevo Andres pudiera sonreir.

La esperanza es lo último que debemos perder.¡¡¡¡ Felices Fiestas!!!!.  Midala.

9 comentarios:

  1. Llevas toda la razón, la esperanza no deberíamos perderla nunca. Lo malo es que a veces es muy difícil.

    Muchos besos y muy felices fiestas también para ti.

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  2. FELICES DIAS NAVIDEÑOS
    Un abrazo, Midalita.

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  3. Deseo que pases unas felices navidades, y, que la magia, la ilusión y la esperanza, siempre estén en tu vida, no sólo en navidades, sino todos los días del año.

    ¡Felices fiestas!

    Un beso.

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  4. Para ti y todos los tuyos ¡Paz y Bien!
    André

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  5. Siempre hay algún alma buena que nos devuelve las ganas de volver are pesar. Felices fiestas

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  6. Ciertamente la esperanza y una dosis de ilusión nos mantienen erguidos...ante tanta desgracia!

    Felices Fiestas
    Mark de Zabaleta

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  7. Como siempre... espectacular el relato. Gracias por no olvidarme. Lo mejor para tí y los tuyos, ahora y siempre.

    Un fuerte abrazo.

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  8. Y qué razón tienes, sin esperanza no somos nada.

    Un abrazo, Feliz Navidad y que el Año Nuevo nos traiga cosas buenas.

    Abrazos.

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