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domingo, 21 de enero de 2018

LA AMANTE Y LA ESPOSA

A veces, me tengo preguntado cómo reaccionaría ante la situación de que mi pareja tuviera un amante. Vamos a ser francos y decir la verdad. Nunca acertaremos. Una cosa es decirlo en frío y otra encontrarte con el problema y reaccionar en caliente. Si, lo mejor es no reaccionar. Lo sé. Lo mejor hubiera sido pensarlo dos veces y no dejarse llevar por la furia momentánea, pero...las cosas son como son y a veces...no lo pensamos y reaccionamos de una forma que quizás no fuera la correcta o sencillamente que nunca nos imaginamos que reaccionáramos así.

 Éramos un matrimonio como todos, con altos y bajos y buenos y malos momentos. La monotonía se había instaurado en nuestras vidas, pero también porque era en parte lógico. Los niños...los deberes...las actividades...el trabajo. Era normal. Casi ni nos veíamos y cuándo lo hacíamos era entre pañales y mocos, muñecas y puzles, toses y clínex. Nuestra vida era un ajetreo continuo, donde para ser justos, diré que la peor parte me la llevaba yo. Yo era quién corría a todas horas, quién se marchaba a trabajar con cereales pegados en las mangas de las camisas y quién en medio de una reunión recibía las llamadas de los niños para decirme si podían jugar a la play o ver tal serie. Papá era mágico. Cuando llegaba por la noche, ya todos estaban duchados y cenados, y con un pie en la cama, pero...él llegaba y tenía el don de revolucionarlos a todos en un minuto. Pero...a los dos minutos, ya estaba diciendo que venía agotado y que tenía que descansar para que al día siguiente fuera "fresquito" a trabajar. Y así fueron transcurriendo los días y los meses, con esa monotonía que se iba adueñando de nuestras vidas. Hasta que apareció ella. Ella era la nueva vecina. Soltera, sin hijos, y nada mejor que hacer que contemplarse a sí misma y su belleza. Olía a perfume y yo a meriendas...inmaculada y pulcra en su vestimenta, y la mía siempre con algún que otro estropicio de última hora, uñas perfectas, largas y esmeradamente cuidadas. Las mías...de aquella manera! Pero que ni en eso me fijaba hasta que fue todo muy evidente! El me hablaba a veces de ella, que si la había encontrado en el ascensor...que si habían subido juntos... ¡pillín! Ahora sé lo que hacías subiendo con ella en el ascensor. ¡Lo que no hacías conmigo! Calma, lo iré contando poco a poco. El plato fuerte...¡¡¡siempre para el final!!!

Una mañana vine a casa antes de tiempo y me pareció que hablaban de una forma muy cercana. Yo abrí el portal y ellos se sobresaltaron, pero tampoco le día mayor importancia. Hablamos del tiempo y de los niños y ella subió andando, ya que dijo que así fortalecía las piernas. Yo...en ese momento miré las mías y pensé "ay dios mío... ¿que hago yo con las mías?". El me fue diciendo que era muy agradable y yo ya pensando en que por la tarde tendría que llevar al niño al médico.

Otro día, fui a buscar a mi marido a su trabajo, ya que mi madre se había ofrecido a quedarse con nuestra gran tropa de niños, para que pudiéramos ir a tomar algo juntos y solos. Y sola fui, pero yo sola. El estaba en la cafetería de cerca de su trabajo con ella tomando un café. Me quedé mirando para los dos a través del cristal y ya pensé que había algo raro. ¿Qué hacía ella por esa zona? Por fin comenzaba yo a desconfiar. ¡Y decidí ese día poner en prácticas mis artes detectivescas! ¡Madre mía lo que acabé descubriendo! ¿Como había estado tan ciega? Sus momentos libres eran para él y para la vecinita. Por las noches cuándo me decía que iba a bajar la basura, y tomarse una caña en el bar de enfrente...jamás desconfié. Pero...ahora sí. Y...lo espiaba. ¡Claro que bajaba la basura! No la iba a dejar tirada en el portal...faltaría más. Pero...se iba a toda prisa a dar su último besito de buenas noches... ¿sabéis a quién? A la vecinita. Y cuando salía tarde de casa para ir a trabajar, y no me podía llevar a mi en el coche... ¿sabéis a donde bajaba?¡¡¡¡ A casa de la vecinita!!!! Comenzaba a estar de la vecinita muy harta. El era su perrito faldero, todo el día detrás de ella pero...yo ya había trazado mi plan.

Una noche, decidí bajar yo la basura. Convencerlo...imaginaros lo que me costó. Y dije lo mismo que decía él. Iré a tomar una cañita para despejar la mente. Su cara de sorpresa fue mayúscula. Le había chafado el plan. Pero...más se lo iba a chafar, ya que los niños estaban despiertos, tendría que acostarlos y yo tenía pensado llegar muyyyyy tarde. Pero antes de ir a tomar la cañita...paré en casa de mi vecinita. Abrió la puerta y se sorprendió. Y...yo más. Iba con un camisón de tirantes muy escotado. Yo uso pijamas gordos y calcetines. Le pregunté si esperaba a alguien. Me respondió que no muy nerviosa, pero...antes de abrir...ya había oído su voz que decía "ya voyyyy cariñooo". Le dije que hoy había tenido un día muy malo y si no le importaba, necesitaba que me dejara un litro de leche que me había quedado sin ella. La escusa exacta para me abriera las puertas de su casa y yo comenzara a hablar y parlotear como una loca. Le hablé de él, de lo desastroso que era en casa, de las muchas amantes que había tenido, de su falta de higiene y del hijo que había tenido fuera del matrimonio. Por supuesto....falso todo. Bueno...lo de desastre en casa...¡¡¡¡¡eso sí!!!!!!!!! La vecinita ansiosa me miraba con ojos que le salían de las cuencas. Yo me hacía la desesperada, quejumbrosa y llorosa. Lamentándome de ese bebé que él había tenido fuera de nuestro matrimonio. Realmente viéndole la cara resultaba hasta irrisorio todo el tema. Me marché muy tarde de su casa, dándole las gracias por lo amable que había sido al escucharme. A partir de ese día, las cosas fueron muy distintas. La basura la bajaba yo e iba de "tertulia" a su casa. Mi misión estaba ya cumplida. Mi marido estaba triste y apagado. Pasaron las semanas y la vecinita se dejaba ver con su nuevo acompañante, al que mi marido le ponía cara de perro, pensando que yo no me percataba del asunto. Pero la función no había terminado. Quedaba el plato fuerte.

Una noche le dije que había enamorado de otro hombre, que no quería seguir con él, que el amor se nos había terminado. El balbuceo nervioso sin saber qué hacer. Le conté que era un compañero de la oficina. ¡Había mezclado el amor con los negocios! El hombre hasta me llegó a dar pena, ahí demuestro lo estúpida que fui siempre, pero oírle decir que no sabía que haría sin mi me rompió en mil pedazos. Pero no el corazón. Rompió en mil pedazos mi paciencia. Le hice las maletas y le dije que se fuera de casa. También le dije que sabía de su historia con la vecinita, y sabía que al final ella se había cansado de él. Omití mi mano negra...

Ese fue el final de nuestro matrimonio. Yo me quedé con mis hijos, que son lo más importante que tengo. El, volvió con sus padres, ya que su padre se puso muy enfermo y necesitaban tener a alguien cerca. Yo me volví a casar, y tengo un hijo más. El...sigue en casa de sus padres.  Su papá falleció hace unos años. Ahora le toca cuidar a su mamá. Yo soy una mujer feliz y...creo...que él ¡¡¡¡¡un hombre amargado!!!!!


 "Lo peor del pícaro es que las picardías que inventa son jocosas, parecen simpáticas y parecen perdonables."
Gregorio Marañón.






4 comentarios:

  1. Ameno y divertido. Me gustó mucho.

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  2. Entonces, la venganza es la solución.
    Excelente enseñanza. Habrá que ponerla en práctica más seguido.

    Saludos!

    J.

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  3. Caballero, esto es un blog de Relatos.Los Relatos son inventados, y por supuesto sus desenlaces no son siempre del gusto de todo el mundo. Recuerde, relatos..ficción..yo no enseño. Escribo. Un saludo y muy buen día.

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