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lunes, 19 de febrero de 2018

EL MENTOR


Papá y mamá habían fallecido en un accidente de coche y nos vimos abocados a una situación límite. El tío vendría a vivir con nosotros y a hacerse cargo de nuestra custodia. Es difícil para 5 hermanos de edades tan pequeñas asimilar que tus padres no van a volver, y que un tío del que no sabíamos nada, iba a venir a casa a quedarse con nosotros. Al principio, todo eran novedades y normas distintas. Pasamos de tener una educación estricta en el buen sentido de la palabra, a una anarquía total. Mi tío enseguida se hizo con la casa y con nosotros. Sí llegábamos tarde al colegio... ¡no pasaba nada! Si llegábamos a comer y la comida no estaba en la mesa? No pasaba nada!! Cada cuál que se prepare algo y ya iremos comiendo. Mi tío decía que él no estaba acostumbrado a cuidar de ningún niño y nosotros éramos cinco! No sabía cómo hacerlo y lo hacía lo mejor que sabía. Eso nos decía...A veces, las acciones de los adultos son complicadas de entender para nosotros los niños. El tío hacía separaciones entre niños y niñas, cosa que papá y mamá no. Poníamos la mesa tanto nosotros como mis hermanas, y hacíamos la habitación nosotros y ellas. Pero él tío decía que no, que a las mujeres había que mimarlas y tratarlas como a pétalos de rosas. Con mucho mimo y cuidado. Y así trataba a mis hermanas. No las dejaba hacer nada, salvo ayudar en la cocina, mientras a nosotros nos tenía todo el día haciendo cosas. Por las noches, nosotros preparábamos la cena, mientras él se sentaba con ellas a ver la televisión y les hacía caricias. A la pequeña, Anita, siempre la tenía en brazos y la sentaba en su regazo mientras la acariciaba. Decía que las niñas notaban más la ausencia de nuestros padres que nosotros, los niños. Yo pienso que está muy equivocado y que es un idiota. Nunca supimos nada de él y ahora lo entiendo. Es el hermano de mi madre y mamá nunca lo mencionaba. Decía que la gente mala es mejor tenerla lejos. Yo pienso que malo malo....no es, es más bien raro. Yo no comprendo muchas cosas de las que hace, o más bien de las que no hace, porque en realidad no hace nada. Ya sé que soy pequeño y no tengo que entender nada, tan solo hacer lo que me digan, pero él tío se pasa la vida ordenando hacer cosas y él no hace nada, y las niñas lo mismo. Se turnas en su regazo a todas horas y están con él atontadas. Todo lo que diga el tío es sagrado. Eso con papá y mamá no pasaba. Todos recibíamos el mismo trato y las niñas no estaban tan bobas. Me parecían bobas y cursis todo el día pendiente del tío, tío para aquí...tío para allá...Ellas eran una privilegiadas. Siempre lo mejor iba para ellas, a lo mejor era eso lo que me ocurría, que me celaba. Porque el tío les daba todo lo mejor a ellas. Si iban al río a bañarse, las llevaba a ellas. Nosotros teníamos que quedarnos en casa haciendo los deberes y preparando las cosas de casa.

Pero llegó el verano. Y se acabaron los deberes. Y nos tocaba a todos ir al río, no solo a las niñas. Pero el tío que se empeñaba en darnos largas y se marchaba solo con ellas a disfrutar del baño.  Yo no comprendía nada, pero iba entendiendo porque mamá siempre decía que era malo. ¡Y tan malo! todo lo bueno era para ellas... Era injusto. Y las tontas de mis hermanas no decían nada, solo sí tío, lo que digas tío... Esto tenía que terminarse. Hablaría con él y le diría que nosotros también teníamos derecho a disfrutar. El día que se lo dije, sin mediar más palabras, me dio un bofetón que me tiró al suelo. Me castigó en mi cuarto sin salir por insolente. Eso sí que no me lo esperaba ni lo comprendía. Pero él mandaba y yo solo tenía que hacer lo que él decía. Pero a partir de ese instante, me dediqué a observarlo en silencio. No tenía intención de hablarle pero sí de espiarlo y comprender porque nos trataba así. Yo era el mayor de los hermanos, tenía 10 años y tenía que hacerme cargo de mis hermanos. Intentar educarlos como mis padres querían hacerlo no como lo estaba haciendo él. Algo se me estaba escapando y tenía que averiguar que era. Vivíamos en un pueblecito muy pequeñito, donde casi no había gente y nuestra casa estaba muy alejada del resto. No teníamos demasiado contacto con la gente ni teníamos amigos, tan solo nosotros mismos. Los hermanos. El nunca había vivido aquí y ni tan siquiera lo conocíamos por lo que me iba a resultar muy difícil averiguar algo de él. Lo único que podía hacer era...espiarlo. Y a eso me dediqué las 24 horas del día. Y llegue a la conclusión de que era tonto. A mis hermanas las trataba de maravilla. Todo era para las chicas y las chicas él decía que eran sus princesas. ¿Eso era bueno no? Pero un poco cursi. Y hasta se acostaba con ellas a leerles cuentos por las noches, les hacía caricias y les daba besos. Muchos mimos era lo que les hacía falta, siempre nos repetía lo mismo. ¡Los hombres sois hombres y no necesitáis de esas cosas! Creo que pensé que era demasiado tonto y en realidad tendría que estar callado porque...¡¡ a mis hermanas las adoraba!!

“Que ni una palabra ni una mirada obscena manchen la casa en donde haya un niño.”
Juvenal

3 comentarios:

  1. La bondad de ese hombre, ante la mirada de un niño. Un niño no vé la crueldad del ser humano. Me gustó mucho.

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